Quienes nos ganamos la vida trabajando hacemos un trueque: tiempo a cambio de dinero. Lo necesitamos y nos ofrecemos a una empresa. Vendemos un servicio por un sueldo.                                                                                                        

El tiempo de cada cual tiene su precio. En general el trabajador cobra más cuanto más cualificado está. De esta forma se amortiza el periodo sin remuneración que empleó en formarse. En la transacción laboral, antes o después, el tiempo se convierte en dinero. En español decimos que “el tiempo es oro” pero a los ingleses se les entiende mejor. Para ellos “time is money”.

Cuando un empleo no es vocacional o no satisface personalmente a quien lo ejerce se convierte en una mera transacción mercantil. Es vida a cambio de salario. La parte de su existencia que uno está dispuesto a vender depende del dinero que se necesite y de cómo se pague el trabajo.

La vida es lo único que tenemos. Un tesoro que se gasta con el paso del tiempo. Por eso, como dice el ex presidente uruguayo Pepe Mújica, lo que compramos lo pagamos con vida, con horas de trabajo. Si compramos lo que no nos sirve estamos malgastando la vida. Nos estamos suicidando un poquito.

Qué es la vida sino tiempo: el intervalo entre el nacimiento y la muerte. El trabajo es un canje: vida por dinero

En conclusión, se podría decir que el trabajo que no se paga, los trámites innecesarios, la espera telefónica, la burocracia excesiva y todo cuanto nos obliga a perder el tiempo nos quita una parte de vida. Cada una de esas cosas es una fracción de asesinato.

Esas porciones de homicidio son crímenes que quedan impunes porque la víctima sobrevive. Si un futurólogo adivina que su vecino morirá mañana y lo mata, no puede aducir como eximente que al finado le quedaba sólo un día de vida. El hecho de sobrevivir al crimen no exculpa al autor de su delito.

Se puede gastar mucho tiempo en conseguir mucho dinero, pero todo el oro del mundo no puede comprar un solo día de tu vida. El dinero se puede guardar. La vida no puede ahorrarse.

En relación a lo dicho, ruego a mis amigos sean más puntuales.

  • Ilustración: Hugo Odón

 

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