La octava y última temporada de Game of Thrones presumió una coherencia extraordinaria: empezó mal y terminó peor.

El máximo logro de GOT es haber traicionado la mayoría de las narrativas que la serie había construido durante ocho largos años y por las cuales había logrado convertirse en un fenómeno global.

Más allá de la complejidad de la trama, lo destacable es que sus personajes, escenarios, conflictos y tensión ofrecían un producto cultural único que sedujo a millones alrededor del mundo. En los capítulos finales todas y cada una de estas cualidades fueron dinamitadas brindándonos un cierre que traicionó y dilapidó lo que pudo haber sido la mejor serie de la historia.

A continuación señalo algunos de los yerros de la octava temporada:

1) El poder femenino: si en algo se basó GOT fue en el empoderamiento de sus personajes femeninos. La complejidad y evolución de las protagonistas sostuvieron gran parte de la trama. Los conflictos, tanto internos como externos, que tuvieron que sortear para obtener el poder hicieron de Daenerys, Arya, Sansa, Cercei y Brienne de Tharth —por mencionar las que llegaron hasta el final— los discursos principales de la historia.

Al final Daenerys se vuelve loca porque tiene un antecedente familiar (y porque es mujer)

Arya, en el penúltimo episodio sale cabalgando un corcel blanco en medio de la catástrofe, anunciando una gran actuación en el desenlace de la serie, pero no hace nada. Es la mejor guerrera, con capacidades de cambiar rostros y matar a cualquiera, pero no, no pinta nada cuando se decide el nuevo gobierno en el que su hermano es el nuevo rey. La pasividad es la única característica que no tenía y al final se la endosan (porque es mujer).

Sansa, quien encarnaba a la clásica princesita de cuento, se convirtió en una verdadera bitch que en esta temporada cayó en el absurdo. No puede pactar con nadie, traiciona a John Snow e incluso le da la espalda a su hermano Bran. Logra la corona del norte (que nunca buscó) y es una reina felizmente desgraciada y sola (porque es mujer).

Cercei que se suponía había preparado litros y litros de fuego valyrio para cuando llegara el dragón, había matado a media ciudad y a medio reparto de la serie, tiene un final de mala de telenovela. No lucha, no corre, no dice ninguna frase. Es una mujer embarazada totalmente desabrida. Muere enterrada (por tres tabiques) junto a su hermano que también era su amante. La gloria de su maldad no tuvo ninguna luz al cierre de GOT (porque es mujer).

Lo más desagradable fue ver llorar a Brienne de Tharth por un despecho amoroso. No importa que haya vencido a cientos de caballeros, ser honorable hasta el hartazgo y lucir un sentido de la fidelidad como ningún otro personaje, su cierre se define por el individuo con quien perdió la virginidad, a quien le llora y le guarda amor eterno (porque es mujer).

2) Se perdió la narrativa mítica: la serie alimentaba su guion con narrativas alternas que iban explicando o proyectando sucesos de la historia principal. El Cuervo de Tres Ojos, Los caminantes blancos, las profecías de los personajes, el nacimiento del elegido.

Todo se fue al carajo

El Cuervo de Tres Ojos que parecería definitivo para GOT se convirtió en una piedra. No quería nada, pero al final sí aceptó ser rey. En los últimos capítulos su estoicismo se convirtió en hueva total. Contra El Rey de la Noche su actuación fue servir como carnada y contra la matazón que se venía sobre Desembarco del Rey tampoco pronunció palabra alguna. La misma característica de inactividad la llevó a su mandato donde lo más importante es acomodar bien las sillas en las reuniones burocráticas.

Jon Snow al final no fue el elegido y, si lo fue, nadie lo entendió. Es el único de los personajes principales que volvió de la muerte y, según sus amigos, era el verdadero sucesor del Trono de Hierro. Sin embargo, nunca se demuestra que es un Targaryen (si bien monta el dragón, no vimos si aguantaba el fuego) y termina exiliado al otro lado del muro, justo donde los títulos nobiliarios importan poco.

Lo mismo sucedió con las profecías de los personajes. Por más giros que dieron los guionistas, ninguna de ellas se cumplió a cabalidad. Y ni qué decir de Los caminantes blancos. Desde el primer capítulo GOT se sostenía en la idea de que la mezquindad de la raza humana era tanta que los personajes preferían estar peleando por el Trono de Hierro, antes que aceptar que una amenaza (la de la Muerte) estaba a punto de destruir su mundo. ¿Cómo se dio fin a esa amenaza?: una batalla cuyos dos tercios de duración no se vio nada debido a la oscuridad, y el líder, El Rey de la Noche, muerto de un cuchillazo en menos de un minuto.

3) Deus ex machina?: algunas de las situaciones de la serie fueron tan absurdas que parecen haber sido sacadas del Manual de cómo hacer películas palomeras de Hollywood. Que Drogo no quemara a Jon Snow, sino que acabara con el “verdadero” asesino de su madre (el Trono de Hierro) rompe toda la lógica con la que se había construido la personalidad de los dragones: animales salvajes que ni siquiera Daenerys podía domar completamente.

Arya mata al Rey de la Noche, pero a cuenta de qué. Ella tenía su propia lista de personajes a los que iba a asesinar en venganza de su familia. En ningún momento el líder de Los caminantes blancos se vio como su rival. Si alguien tendría que acabarlo ese debería haber sido Jon Snow. En contraparte, la enemiga natural de Arya era Cercei. Tampoco se dio esa muerte.

Las escenas van sucediéndose con una vertiginosidad irracional

Vemos a Danerys muerta en medio de la destrucción, luego un consejo de nobles decididos a elegir rey, luego a Jon Snow barbudo, luego a Jon Snow sin barba, y luego el puerto ya está en perfectas condiciones. No soy un experto en ataques de dragones pero el desmadre que provocó Drogo no fue menor, por lo que se alcanzó a ver.

Y por último, los monólogos del último capítulo son insufribles, nutridos de palabrería snob que trata de ser filosófica: Tyrion: “No hay nada más poderoso que una buena historia” (si los guionistas lo sabían, por qué no nos la dieron).

De esta manera Game of Thrones finalizó en una sucesión de incoherencias. Es una lástima que el cierre fuera tan decepcionante. Lo único bueno de la octava temporada es que sólo tuvo seis malos y absurdos capítulos, con lo que el pago por HBO fue mínimo.

  • Fotograma: GOT