Los directores y guionistas británicos Danny Boyle y Alex Garland crearon en 2002 una idea del terror zombi que 23 años después vuelve a contagiarnos de su horror apocalíptico.

En aquellos inicios del siglo XXI cuando reconfortados nos dimos cuenta que el fin del mundo no llegó con el arribo de la nueva centuria, Boyle y Garland dirigieron y escribieron respectivamente Exterminio: 28 días después, una historia que encuentra a la Gran Bretaña devastada y destruida por un virus que ha aniquilado a buena parte de la población londinense y se esparce de manera vertiginosa a otras latitudes.

Cinco años después, el director español Juan Carlos Fresnadillo, filmó una primera secuela de Exterminio con 28 semanas después (2007. Producida por Danny Boyle) y logró lo que pocas veces se puede conseguir, superar a su predecesora al imprimirle una angustia exponencial a la obra cuando la Gran Bretaña se da cuenta que la erradicación del virus no es tal y la población sobreviviente tiene que enfrentar una nueva aniquilación.

Así, Boyle y Garland se vuelven a unir más de dos décadas después para explorar con Exterminio: 28 años después (2025), cómo la Gran Bretaña ha sido aislada de Occidente al ser un punto del planeta en donde una comunidad selecta ha logrado sobrevivir y vivir en una zona alejada del mundo moderno y de una nueva generación de zombis que han mutado con un cierto tipo de inteligencia y consciencia de su condición.

Narrada desde la mirada de un niño de 12 años llamado Spike (Alfie Williams), la obra de Boyle y Garland plantea como las comunidades cerradas como en la que vive Spike tienden a generar ideologías y costumbres extravagantes y extrañas como el hecho, por ejemplo, de que apenas llegada la adolescencia, los padres salen con sus hijos a la zona continental a matar infectados en donde el éxito es coronado con una fiesta en la que el alcohol, la música y el exceso predominan dando la sensación de un viaje alucinógeno propio de individuos alienados.

La amplia gama de películas y series sobre zombis que la historia moderna del cine y la televisión han puesto a nuestra disposición, no siempre logra conectar una narrativa que ponga sobre la mesa el actuar humano en situaciones límite y cómo tal escenario lo puede revelar primitivo y salvaje

Pero Boyle y Garland han vuelto para mezclar una historia de reflexiones sobre lo que nos hace humanos, sobre la esperanza y el concepto de la muerte y el significado de evolucionar como especie y la forma en que entendemos e interpretamos el mundo.

Spike representa todos esos elementos existenciales porque en su mente preadolescente quiere salvar a su madre de una enfermedad incurable, desaprueba el matar infectados y entiende que fuera de su comunidad deben existir otras formas de ver el mundo y maneras distintas de pensar, características que encuentra en el doctor Kelson (Ralph Fiennes), un hombre que vive en soledad y en quien Spike verá una realidad distinta y más amplia, aunque esta resulte dolorosa, pero al mismo tiempo llena de esperanza.

Spike ha nacido en un tiempo no necesariamente lejano del progreso tecnológico, pero es ajeno a esa realidad desaparecida de los teléfonos celulares, las redes sociales y la fotografía digital. Hay una escena magistral en la obra de Boyle que hace una crítica mordaz al culto del cuerpo y el rostro perfecto: un soldado le muestra al muchacho en su celular una fotografía de su despampanante novia. Extrañado, Spike le pregunta qué le ha pasado a esa mujer en la cara que luce hinchada con unos labios desproporcionadamente abultados y es el mismo Spike el que se responde porque supone que la novia del soldado sufre del mismo mal que una habitante de su aislado pueblo: es alérgica a las almejas.

La escena descrita pone en evidencia una alegoría del progreso y las formas de esclavismo que sobre todo el siglo XXI ha venido a reconfirmar como una época del descontento con el propio cuerpo, con la vida misma, con el vacío y la levedad del ser (Milan Kundera dixit).

La nueva propuesta de Boyle y Garland no es entonces y propiamente la lucha del hombre en contra de un virus y los desgraciados seres a quienes ha tocado, es sobre todo la lucha del ser humano contra sí mismo, a la desconexión de un mundo que fue y a la inauguración de una época que busca un nuevo comienzo para entender lo que significa una sociedad y las nuevas prisiones mentales ajenas a cuanto se haya conocido antes

En Exterminio: 28 años después, el veterano Boyle no pierde el toque para volver a su peculiar lenguaje cinematográfico estrambótico y visualmente arrebatado por la forma en que dirige la cámara con angulaciones innovadoras, todo ello mezclado con una música que casi se convierte en un personaje más porque el sonido de las notas envuelve todos nuestros sentidos y ambienta la, en ocasiones, también comedia negra (muy estilo de Boyle) en que también se funde esta secuela.

Bien puede decirse que una película se dibuja a cuatro manos (director y guionista), pero nunca como ahora dicha aseveración embona perfectamente en la cinta que nos ocupa y es muy claro cómo la escritura de Alex Garland se nota en el tiempo narrativo de 28 años después. Garland pone su estilo en la cinta de Boyle con un tono oscuro y no siempre lleno de esperanza.

Como director en sus anteriores obras, Ex machina (2014), Aniquilación (2018), Men (2022) o Guerra civil (2024), el director británico ya bañaba a sus historias y personajes en ambientes y horizontes muy negros para descubrirnos a seres humanos en la espesa bruma de vidas marcadas por la inteligencia artificial, el vacío existencial, la violencia en contra de las mujeres o los horrores de la guerra.

En Exterminio: 28 años después, Garland vuelve a retorcer el dedo en las llagas de sus personajes y pinta un mundo en donde los zombis no necesariamente son el leitmotiv de la historia, bien puede interpretarse mejor como la dolorosa reflexión que implica preguntarse cómo vivir después de una pandemia, de cómo volver a tener esperanza, de resignificar la vida y la muerte misma y cómo las comunidades cerradas emplean formas de pensamiento que pueden tener la capacidad de ser más peligrosas que un muerto-viviente.

Boyle, por su parte, ya nos había acostumbrado a sus formas de contar historias con su estilo descrito líneas arriba y revelado sobre todo en la clásica Trainspotting (1996) T2 Trainspotting (2017) o Slumdog millionaire (2008). En 28 años después vuelve a desplegar al mejor Boyle para mezclar la visión pesimista de Garland con el humor negro y el mareante disfrute de una composición visual con el sello particular de un cineasta curtido en los más de 30 años que lo respaldan, un camino que empezó con Tumba a ras del suelo (1994).

El dato

Danny Boyle y Alex Garland ya habían trabajado juntos también como director y guionista en Sunshine (2007) y fue el mismo Boyle quien adaptó al cine La playa (2000), novela de Alex Garland quien también es un destacado novelista.

  • Fotograma: Exterminio: 28 años después