Ver en la figura de un solo hombre la imagen del desamor, la lástima y la pérdida de un sentido vital que le otorgue un orden a la existencia, es la perfecta narración de la derrota, más aún cuando en medio de tales credenciales de patetismo, se tiene todo lo que el ordenamiento de la dignidad humana requiere: dinero, casa, trabajo, hijos, galanura y una plenitud física que envidiaría cualquiera.
Santiago es ese hombre, pero ha decidido meter la quinta velocidad en el automóvil de su existencia, no parece tener reversa en su mecanismo, no parece tener un desacelerador que modere el exceso de alcohol, orgías, encuentros sexuales llenos de vaciedad, y lo peor, no parece encontrar el equilibrio para entenderse emocionalmente con Laila, su hija adolescente que al mismo tiempo que lo ama, le reclama su permanente inestabilidad y su pérdida de horizonte.
Esa es la historia que nos cuenta el cineasta argentino Leonardo Brzezicki en su segundo largometraje, una historia de la tristeza a través de un personaje derrotado que a gritos reclama amor.
El título de la cinta, Errante corazón, apela precisamente a ese titubeante recorrido que en ocasiones las emociones emprenden y en el que, cada paso dado, no representa avance, más bien un marcado retroceso, tropiezos para caer sin posibilidad aparente para levantarse
Santiago zigzaguea como el borracho que también es y grita: ¡Ámame!
En España, por cierto, así titularon la cinta, Ámame. Esa obsesiva costumbre de la península ibérica por traducir hasta su propio idioma, pero que, en esta ocasión, han acertado porque si hay un grito sempiterno que Santiago vomita es justamente el de la necesidad más elemental del ser humano: ¡Ámame! ¡Ámame!
Pero hay en ese halo de rumbo perdido, una profunda empatía por la figura derrotada de Santiago, es un tipo entrañable al que el espectador incluso puede llegar a querer porque existen en la hechura del personaje, guiños notables no de un hombre egoísta, sí de un papá amoroso que no sabe cómo hacerlo; apuntes no de un hombre al que se debe odiar, sí el de una persona que implora ayuda porque quiere saber cómo hacerse amar por los otros.
Puede ser incluso enternecedor la forma en que Santiago observa el cariño que se profesan las parejas de hombres a los que al mismo tiempo desea, pero que el destino solo le reserva para recordarle que está ahí únicamente para cumplir y satisfacer el deseo sexual si bien no reprimido, sí vetado para el amor que tiene a manos llenas, pero no sabe como agenciarse para él mismo.
Cuando vemos a Sbaraglia interpretar al desgarrado Santiago, es inevitable no pensar en Michael Fassbender personificando a Brandon Sullivan, un hombre adicto al sexo, profundamente vacío de expectativas existenciales válidas, pero lleno de dudas que no puede responder si no es a través del sexo casual y la pornografía constante, es el Brandon de Shame (2011) del director británico Steve McQueen.
Santiago no es propiamente un adicto al sexo porque al final de cuentas es un hombre con una enorme capacidad de amar. El protagonista de Leonardo Brzezicki incluso sabe del dolor de perder a su pareja, un hombre llamado Luis que no reconoce más en Santiago al amante que alguna vez adoró hasta las últimas consecuencias… o casi.
Santiago ama a su madre, una anciana preocupada por la salud mental de su hijo. Y, sobre todo, Santiago ama a Leila, su hija. El gran problema es que sus seres queridos ven en cámara lenta y al mismo tiempo a gran velocidad, la caída libre del hijo, el amante y el padre que no sabe ni por asomo, cuál de esos roles le sienta peor.
Errante corazón es sobre todo un tratado sobre la tristeza, la más honda de las tristezas, la que penetra al ser humano para dejarle huellas indelebles, las mismas que nublan la vista del que sufre y desconoce poco a poco, como en una especie de amnesia emocional, lo que significa ser amado, lo que representa la conducción de una vida que valga la pena ser vivida
Este segundo largometraje de Leonardo Brzezicki puede ser también catalogado como un estudio de personaje. Santiago reúne en su tambaleante existencia, las condiciones psicológicas, éticas y de ambivalencia moral que lo convierten en un elemento de interpretación compleja también por las diversas aristas conductuales del perfecto fracaso de una vida.
Más aún, el personaje de errante corazón alude también a una época en donde el exceso de placer -no pensado como un acto inmoral, sino como un acto de sumisión al fracaso- representa de la mejor manera aquello que Jean Baudillard planteaba como el perfecto efecto de la seducción, esa condición que rompe todos los esquemas de una vida con sentido para convertirlo en una degradación de la existencia en la que ya sumergido, es casi imposible su escapatoria.
Santiago atestiguará el remordimiento de caer en la trampa.
Un actor en estado de gracia
Leonardo Sbaraglia es el enorme actor encargado de interpretar a Santiago y ha encontrado en el personaje, la savia de toda la potencialidad de su arte dramático.
Sbaraglia desnuda a Santiago de manera física y emocional, no se guarda nada para mostrarse en pelotas sin pudor alguno porque en esa desnudez física también desnuda toda la miseria de su ser.
Premio al mejor actor en el Festival de Cine de Málaga por su papel de Santiago en este, el segundo film de Brzezicki, Leonardo Sbaraglia se confirma así, como uno de los actores mejor capacitados para interpretar papeles variopintos que le exigen transformaciones emocionales al extremo, convincentes y profundamente desgarradores unos y probadamente entrañables otros más.
Sbaraglia ha personificado, solo por mencionar algunos ejemplos categóricos, a un clasista estúpido en los Relatos salvajes (2014) de Damián Szifron, a un delincuente inmensamente torcido en El otro hermano (2017) de Adrián Caetano, o a un parapléjico en Al final del túnel (2016) de Rodrigo Grande y más recientemente en Dolor y gloria (2019) de Pedro Almodóvar, en donde interpreta a Federico Delgado, un personaje con reminiscencias al carácter dramático de Santiago.
Sbaraglia se une así, a una verdadera corriente de enormes actores argentinos como Ricardo Darín, Julio Chávez, Diego Peretti o Diego Cremonesi que ponen a un sector del cine argentino como uno de los ejercicios narrativos más notables de la pantalla grande.
- Fotograma: Errante de corazón
1 comment
“… una persona que implora ayuda porque quiere saber cómo hacerse amar por los otros.” Portentosa frase que el autor nos comparte en esta impecable reseña cinematográfica.
En cada párrafo del texto se puede extraer una cita igual de entrañable. Enhorabuena “ruleta rusa” por contar con tan conocedores escritores.
Seguiremos al pendiente del trabajo de Don Raúl Muñiz.