“La historia de México se suspendió con el grito de Cuauhtémoc y se reanudó con el de Dolores”. La colonización en México. Moisés González Navarro, 1960, p.98.

De forma recurrente, hemos escuchado en las mañaneras de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, la importancia de las remesas que envían los braceros mexicanos del siglo XXI al México de adentro, enunciado que me recuerda a Las Hermanas Huerta de Tampico, Tamaulipas, quienes iniciaron su exitosa carrera musical, en La Caravana Corona.

El tabasqueño acepta que, si no fuera por el dinero que envían los paisanos, la nación azteca ya hubiera naufragado. El país se mantiene a flote, gracias a los dólares que mandan los paisanos mexicanos, afirma.  

Entre 1926 y 1927, Manuel Gamio, padre de la antropología social mexicana, entrevistó a 131 migrantes mexicanos en los Estados Unidos (El inmigrante mexicano, Manuel Gamio, México, CIESAS, 2002, p.7).

El de Manuel Gamio, fue el prístino ejercicio académico formal que problematizó la cuestión bracera en los EEUU, pues fue el primero en considerar la relevancia económica de las remesas

Manuel Gamio fue subsecretario de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México. Gracias a la beca otorgada por el Comité sobre Problemas Científicos de las Migraciones Humanas de Estados Unidos, pudo financiar su proyecto, Antecedentes de la migración mexicana. Gamio planteó la repatriación como elemento modernizador de México.

Ciertamente, el fenómeno migratorio, estimuló el desarrollo de las ciencias sociales. La migración hacia los Estados Unidos, ayudó a definir la práctica profesional de la antropología en México. Los libros de Gamio fueron publicados en 1930 y reeditados en 1970, como respuesta al movimiento chicano. Gamio llamó a los actuales chicanos: “peculiaridad nacional” y “semi mexicanos”. La lingüística importa. 

Manuel Gamio encabezó investigaciones arqueológicas, etnográficas, lingüísticas y folclóricas. “Cuando Gamio completó su maestría y regresó a México, Boas le animó para que incluyera la excavación de Teotihuacán como parte de sus estudios de doctorado. Dio como resultado, La población del valle de Teotihuacán [1922], un referente de la antropología mexicana” (p.29). En 1917, dirigió la Dirección de Antropología, dependiente de la Secretaría de Agricultura y Fomento.

La cuestión bracera no es nueva. Desde iniciada la Revolución mexicana de 1910, es tema recurrente e importante para la política y la economía mexicana. El México de adentro, depende del México de afuera. De pretender realizar un diagnóstico socio-económico de la nación azteca, forzosamente, habría que revisar las cifras demográficas de los mexicanos en los Estados Unidos y el dinero que mandan a sus familiares avecindados en México.

Si la economía mexicana no ha colapsado, es gracias a los braceros, no a las correctas decisiones de nuestro gobierno

Andrés Manuel López Obrador, no descubre el agua tibia. Más que presumir el aporte de los braceros mexicanos radicados en los Estados Unidos, debería construir autocrítica y aceptar que su administración está haciendo mal el trabajo. Estamos a la deriva con el lópezobradorismo. La respuesta está en la derecha. Hay que aprender a utilizar la historia para que políticos como Obrador, no engañen.

Hoy la medicina es política y la política es medicina. Nuevo binomio mexicano.

Dimensión médica: enfermedad, enfermo y medicina. La medicina es un arte y una ciencia. Cabe descartarla como ciencia exacta. Por grande que sea el apoyo prestado por la estadística, en patología o en medicina social, ningún paciente reacciona como el hombre medio. La medicina es una ciencia natural. En la enfermedad influyen factores físicos, químicos, biológicos, sociales y psíquicos. Algo semejante ocurre si se concibe a la medicina como una ciencia social. Al igual que la psicología y la historia, la medicina se propone investigar a lo humano. En medicina, la investigación se centra en la enfermedad. La medicina es una ciencia aplicada. Gran parte de los conocimientos médicos, provienen de las ciencias naturales y de las ciencias del hombre.

“ ¿Cuál es la actitud que el hombre asume frente al cáncer? La medicina oscila entre la enfermedad y el enfermo. El médico es investigador y persona. Puede verse entre los primitivos, donde el hechicero, el sacerdote o el jefe de la tribu es médico y medicina. Hay expresiones como médico de cabecera, médico de familia y ciencia médica. La medicina tiene que ver con lo social y con factores extra científicos como la magia, la religión, la fe y la superstición. La medicina guarda relación con el medio social. El arte de curar responde al tiempo y al lugar del enfermo, y de la enfermedad; del papel asignado al médico y de la misión confiada a la medicina. La medicina es historia” (Historia de la medicina, José Babini, Editorial Gedisa, Buenos Aires, 2012, p.11).

El dolor nos sitúa en lo social: lo que sentimos no se puede apartar de lo que aprendemos de nuestra cultura, ni del modo cómo reaccionan los demás ante nosotros. El dolor es una experiencia subjetiva. Aprendemos cómo sentir el dolor y sus significados. El dolor crónico es un problema económico y social de enorme magnitud. El estrés convierte los trabajos mejor remunerados en campos de enfermos. El dolor es más que simple problema médico. No se le puede reducir a una transición del sistema nervioso. La experiencia del dolor también está conformada por fuerzas culturales de la potencia del género, la religión y la clase social.

Ciertos estados psicológicos y emocionales como la culpa, el miedo, la ira y la depresión, lo crean y lo refuerzan. La culpa es una cuestión muy cultural. Los escritores se han interesado en comprender el lugar del dolor en la vida humana. Literatos e investigadores han creado significados sociales sobre el dolor.

El abismo que separa a médicos de escritores, debe reducirse. Hay que generar un diálogo entre la medicina y la literatura. La medicina tiene mucho de ciencia social

La literatura nos ofrece un campo rico para examinar los significados que la humanidad ha construido sobre el dolor. De Homero a Beckett, textos literarios ha representado los encuentros humanos con el dolor (La cultura del dolor, David Morris, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1996).

Hay que leer historia.

El Covid-19 es un problema de orden clínico, social, educativo y cultural. La gente pobre es la que más letalidad padece, porque la ausencia de dinero conlleva mala alimentación, carencias educativas, ignorancia y miseria. Las pandemias se contienen desde lo cultural; en la educación escolarizada está la resistencia racionalizada.

El Covid-19 ofrece un perfil médico, pero no se agota en él. De pretender generar un diagnóstico de la actual epidemia, sólo desde el campo de la medicina tradicional, estaríamos errando el camino. El Covid-19 es un problema social, educativo y cultural. La riqueza no sólo es material, también espiritual.

  • Foto: Cuartoscuro

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