La música en el cine ha existido prácticamente desde el nacimiento de este.

El cine mudo en sus orígenes era acompañado con melodías que ambientaban la historia, pero dichas melodías, (interpretadas mediante el piano o pequeñas orquestas), no marcaban necesariamente la narración de una cinta pues se dice que se utilizaban para amortiguar el ruido que los aparatos de la época emitían al momento de proyectar un filme.

La aparición del cine sonoro permitió que la música cobrara protagonismo y a partir de la película El cantor de Jazz (1927) de Alan Crosian, las notas musicales en el séptimo arte cobraron una relevancia particular que, a través de las décadas, se ha ido transformando hasta niveles en donde los espectadores son capaces de escuchar una pieza o canción para identificar de manera inmediata tal o cual historia.

Pero la música también necesita de sus personajes, de sus creadores, de esos padres artísticos que vivieron para pensar las palabras y la imagen a lado de las notas musicales en una sola misión: darle una personalidad única a una historia plasmada en la pantalla y que esa personalidad perdure no sólo en los ojos del espectador, si no también en sus oídos y todo ello se configure en su memoria cinematográfica.

Uno de esos grandes personajes, únicos en su esencia musical, fue Ennio Morricone, artista que puede ser considerado como el mayor compositor de la historia del cine y que goza de la precisa trascendencia que su obra ha conquistado

Morricone cumplirá mañana apenas tres años de su adiós. Murió a los 91 años el 6 de julio de 2020. Complicaciones sufridas luego de una caída en la que se fracturó el fémur le obligaron a no seguir más en este mundo.

El compositor italiano se iba, además, en el transcurso de los primeros meses de aquella pandemia que azotó al mundo entero, pero el encierro al que nos vimos obligados por el virus mortal, nos llevó también a revisitar las películas que el maestro Ennio musicalizó y nos hizo el atroz encarcelamiento menos pesado y más llevadero.

Quien ama el cine y sus bandas sonoras sabe perfectamente, cuando ve algunas películas de Sergio Leone, Giuseppe Tornatore, Brian de Palma, Quentin Tarantino o Roland Joffé y escucha los títulos de El bueno, el malo y el feo, Cinema Paradiso, Los intocables, Los ocho más odiados o La misión, sabe que su intensa, melancólica y conmovedora música es obra de Ennio Morricone.

Y personajes de esa talla merecen reconocimientos absolutos que deben venir de alguien que los conoce bien y ese alguien en este caso se llama Giuseppe Tornatore, director de Cinema Paradiso (1988), una de las películas más aclamadas por representar un homenaje total al cine y contar en su historia con una de las bandas sonoras más recordadas de la cinematografía, partitura compuesta por supuesto, por el maestro.

Tornatore rindió ese homenaje al mítico compositor con Ennio: el maestro (2021), un documental en donde a través de una larga entrevista al artista nacido en Roma, recorre sus inicios como trompetista, su ascenso como compositor y su irrupción en el cine que a la postre sería el elemento que lo mantendrá en la memoria agradecida de todos los amantes del cine

En el documental, Tornatore también entrevista a compositores, cantantes, productores, directoras y directores que refrendan y confirman la fascinación y el respeto que Ennio Morricone les inspiró y cómo su obra y personalidad los marcó profundamente.

Esos testimonios emanan de creadores como Bernardo Bertolucci, Giuliano Montaldo, Marco Bellocchio, Dario Argento, los hermanos Taviani, Carlo Verdone, Roland Joffé, Oliver Stone, Quentin Tarantino, Bruce Springsteen, Nicola Piovani y Clint Eastwood, todos ellos generan coincidencias en la forma en que perciben el arte creado por Morricone y todos asumen lo que su persona y su música marcó no sólo para su producción cinematográfica, sino también para su propia vida y la forma de entenderla.

En Ennio: el maestro, vemos al enorme compositor exudar pasión por su arte, por la minuciosidad con la que planteaba a los directores sus ideas musicales, por negarse a participar en alguna cinta si sentía que su genio creador no coincidía con lo que pretendía narrar.

Morricone empezó a generar música para el cine en el ya lejano 1961, pero su nombre explotó a nivel internacional cuando Sergio Leone le pidió que musicalizara sus inolvidables cintas, Por un puñado de dólares, Por unos dólares más y El bueno, el malo y el feo, obras también conocidas popularmente como la Trilogía del dólar, saga filmada entre 1964 y 1966.

Nominado a los premiso Oscar en seis ocasiones, la leyenda italiana logró hacerse de la estatuilla en dos ocasiones: la primera en 2007 como Oscar honorífico en la que se reconocía su larga y prolífica carrera y la segunda en 2015 por Los ocho más odiados de Quentin Tarantino

Decir que sus seis nominaciones debieron terminar con el premio en sus manos, no es descabellado, pero sabemos también que los parámetros de la famosa Academia de Artes y Ciencias son por decir lo menos, muy extraños, tanto que algunas nominaciones y sus ganadores son absolutamente cuestionables.

Lo demás, es encontrar y descubrir al genio que tejió la banda sonora de más de 400 películas y fue creador también de sinfonías y música clásica porque él se consideraba a sí mismo y con toda justicia, un hacedor de arte que iba más allá del cine y su mera comercialización.

Hoy, a tres años de su adiós, es buena idea revisitar este fin de semana el conmovedor documental que Giuseppe Tornatore le dedica en cuerpo y alma a Morricone.

El singular adiós de Ennio: el maestro

Cuando se acercaba al fin de su vida, Ennio Morricone escribió una carta en la que se despedía de sus seres queridos y sus amigos más íntimos. El maestro Ennio les expresó lo siguiente:

Yo, Ennio Morricone, he muerto.

Lo anuncio así a todos los amigos que siempre me fueron cercanos y también a esos un poco lejanos que despido con gran afecto. Es imposible nombrarlos a todos.

Pero un recuerdo especial es para Peppuccio y Roberta, amigos fraternales muy presentes en los últimos años de nuestra vida.

Solo hay una razón que me impulsa a saludar así a todos y a celebrar un funeral en privado: no quiero molestar.

Saludo con mucho afecto a Inés, Laura, Sara, Enzo y Norbert, por haber compartido conmigo y mi familia gran parte de mi vida.

Quiero recordar con amor a mis hermanas Adriana, María, Franca y a sus seres queridos y hacerles saber cuánto los he amado.

Un saludo pleno, intenso y profundo a mis hijos Marco, Alessandra, Andrea, Giovanni, a mi nuera Mónica y a mis nietos Francesca, Valentina, Francesco y Luca.

Espero que entiendan cuánto los amaba.

Por último, María (pero no última). A ella renuevo el amor extraordinario que nos ha mantenido juntos y que lamento abandonar.

Para ella es mi más doloroso adiós.

  • Fotograma: Ennio: el maestro