En Argentina, un submarino está desaparecido.

Su armada movilizó todos sus medios para rescatarlo, recibieron la solidaridad y la ayuda de otros países en la búsqueda. Rastrearon entre todos medio millón de kilómetros cuadrados, una superficie, enorme, equivalente a la de España. No daban con él y la angustia crecía con cada día que pasaba.

La armada y el gobierno argentino, según su costumbre mintió, añadiendo desesperación y rabia. La misión era harto difícil pues el mar es ancho pero sobre todo es profundo. Un submarino, no es preciso aclararlo, suele estar sumergido. Y he ahí la dificultad en su búsqueda. La superficie del mar es una película, una lámina que se sujeta sobre kilómetros de agua salada.

Sirve este hecho para establecer un paralelismo y llevar el suceso al universal destino humano de buscar y no encontrar

Es un absurdo buscar en la superficie lo que se encuentra en lo hondo. La sociedad en que vivimos es tan banal que no invita a indagar en lo profundo pues se basa en lo superficial y en lo hueco. Todo análisis o descubrimiento se pretende desde el conocimiento superfluo. El entretenimiento principal consiste en echarse en el sofá y que la tele nos divierta mientras que un restaurante nos sirve a domicilio la comida que se lleva.

También juegos en red que no fomentan la fantasía sino la fantasmagoría, donde la interacción se ciñe exclusivamente al motivo y al momento del juego. Despreocuparse es la preocupación que más tiempo libre nos quita, es lógico porque dadas las circunstancias, no hacer nada es lo mejor que puede hacerse.

El actual hábito de habitar siempre en lo superfluo y evitar la reflexión lleva a creer que algo existe sólo cuando puede verse en una pantalla

Por ejemplo, se piensa que la amistad es un simple intercambio de textos cortos de chats y en compartir alegres fotos. Se renuncia a la intimidad porque no se la conoce, porque nos es robada a cada paso bajo el invisible localizador de Google.

La red cuenta tanto, que cualquiera sabe muchas cosas de ti y a la vez consigue que nadie te conozca, logra que se sepa dónde estás, pero nadie, ni tú, sepa quién eres.

¿Y dónde están las llaves?  En el fondo del mar.