¿Qué es en realidad el progreso? ¿Qué significa tal expresión que en términos de evolución humana suena a esperanza? ¿Existe en realidad el progreso o es un mito genial que nos ubica en la distopía?

Guárdense de la bestia-hombre, porque es el instrumento del diablo. De los primates del señor, es el único que mata por deporte, lujuria o avaricia. No lo dejes crecer en número, pues él hará un desierto de su hogar y del tuyo. Recházale, devuélvele a su jungla, pues es el precursor de la muerte”. (De la Biblia del Planeta de los Simios)

Si el progreso no es moral y ético, entonces es otra cosa.

No puede llamársele evolución a todo aquello que permite la degradación de lo humano, aquello que mata de hambre, aquello que contamina el aire que se respira, aquello que genera desigualdad social, aquello en donde se reafirma que todos nacemos iguales, pero el tiempo se encarga de recordarnos que unos son más iguales que otros.

Revisar de manera aguda y clínica la angustia existencial, los peligros del progreso y la estampa de bestia-hombre, es uno de los grandes aciertos de la cinta, El planeta de los simios (1968) de Franklin J. Schaffner

Con este ícono cinematográfico Schaffner atiende el clamor de angustia que azotaba al hombre del siglo XX y sí, de la crisis existencial que envuelve al hombre del siglo actual.

Considerada un clásico de la ciencia ficción, El planeta de los simios, basado en la novela del mismo nombre, del escritor francés, Pierre Boulle, cuenta la historia de George Taylor, un astronauta que emprende, junto a otros tripulantes, una misión espacial en busca de otros mundos. El horror llegará a él y sus compañeros cuando se de cuenta que han caído en un extraño lugar en donde los simios son la especie dominante y los humanos no son mas que animales incapaces de articular palabra alguna.

Schaffner hará entonces de esta historia, un alucinante viaje de cuestionamientos sobre la conducta humana, sobre las razones por las que los simios se encuentran en lo más alto de la pirámide evolutiva y porqué tales seres se niegan al saber y al conocimiento, que abogan por el cancelamiento del futuro y a una idea del progreso que, para ellos, no es si no el sinónimo de caos y destrucción.

Taylor (extraordinario Charlton Heston), el protagonista de tal odisea onírica, se cuestiona ya desde la nave en la que viaja, el sentido de ser humano, pero sus propias reflexiones son pesimistas porque asume que, si ha decidido dejar el mundo y explorar el universo, es porque no hay nada que ahí lo retenga y asesta una razón todopoderosa para buscar otras formas de vida: “espero que en algún lugar del universo, haya algo mejor que el hombre”.

Algo mejor que el hombre”. Si atendemos a tal razonamiento, habremos de asumir que Taylor ha encontrado la respuesta al eterno cuestionamiento filosófico que agobia a la humanidad desde hace siglos: ¿Qué es el hombre?

La respuesta interior que Taylor se hace nos obliga quizá a aceptar que el ser humano es algo que no vale la pena, que la biblia de los simios es exacta, que no puede valer la pena aquello que es precursor de la muerte y que mata por el simple placer de hacerlo: por deporte, por avaricia, por lujuria.

El planeta de los simios de Franklin J. Schaffner, se encuentra plagado de consignas en contra del comportamiento humano y es difícil rebatirlas por la contundencia de sus argumentos y, sobre todo, porque el hombre, a lo largo de su historia, se ha encargado de sumirse y sumirnos en una desesperanza que parece no tener fin, de reconfirmar que su empeño va en dirección de la autodestrucción.

El ser humano es paradoja, contradicción. Ya las teorías de la globalización y algunos autores, han establecido que, en dichas paradojas, “hacemos triunfar la economía y luego nos rebelamos en contra de ella, odiamos civilizaciones y luego queremos ser homogéneos, destruimos el planeta y hacemos todo lo posible por repararlo, suprimimos barreras y al mismo tiempo corremos el riesgo de perdernos en un mundo que de pronto se nos vuelve inmediato”.

Conocedor de la psicología social, el Doctor Zaius, el simio mayor, líder del apartado científico y de la fe de su especie, le restriega en su cara a Taylor esa contradicción de lo humano y acepta que le teme porque el hombre ha probado una y otra vez que sí, puede ser un sabio, pero también es capaz de ser un perfecto idiota. No hay manera de contraargumentar tal sentencia.

Aristóteles afirmaba que la felicidad del hombre, estribaba en la capacidad de llevar a cabo actos virtuosos y que, en esa medida, el ser humano sería capaz de trascender

El hombre no tiene más opción que el bien y, por ende, no tiene mayor obligación que ser feliz.

Zaius es implacable y pone el dedo en la llaga de las dudas o quizá, de las certezas de Taylor. Zaius parece contradecir el pensamiento de Aristóteles y asegura que “el hombre es incapaz de aprender y por ello, cuanto antes se le extermine, mejor”.

¿En qué momento entonces la humanidad empezó a generar dudas sobre su capacidad de gobernarse a sí mismo? ¿En qué momento nos empezamos a cuestionar si somos capaces de salvar el planeta de nosotros mismos y de nuestras nocivas costumbres autodestructivas? ¿Cómo se retorna a una edad de la inocencia, si es que la hay y replanteamos nuestro sentido de vida?

¿Somos realmente incapaces de aprender como asegura el Doctor Zaius? Un siglo XX hiperviolento con dos guerras mundiales y millones de muertos y desaparecidos, una cantidad ingente de defunciones por hambre, por enfermedades, por contaminación, miles de especies animales extintas para siempre de la faz de la tierra o a punto de desaparecer.

¿Dónde, cuándo y qué hemos aprendido con toda nuestra desgracia a cuestas?

Parece ser que nada.

En busca del destino

Un día, Taylor y Nova, la humana que le han asignado los simios al astronauta, van en busca de respuestas a esa locura de ver gorilas inteligentes dominar el mundo. Zira y Cornelius, los dos jóvenes y prometedores científicos del planeta de los simios, le preguntan a Zaius que a dónde se dirige Taylor. Zaius vuelve a dar en el blanco y les dice que ese hombre va a en busca de su destino y que no le va a gustar lo que encontrará. Taylor y Nova atestiguarán entonces la bestialidad humana… “¡Dementes!, ¡Váyanse al diablo!”.

  • Fotograma: El planeta de los simios
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