Uno de los capítulos más interesantes en la historia de Miami es el nicaragüense. Muchas de sus páginas se escribieron desde la clandestinidad y algunos autores, como Joan Didion, las convirtieron en ficción.

El 12 de noviembre de 1982, Alexis Argüello disputó el título mundial de boxeo en la categoría Super Lightweight (superligero) con Aaron Pryor en el Orange Bowl de Miami. El flaco explosivo dio batalla hasta el asalto catorce en que el juez detuvo la pelea y alzó el brazo de Pryor.

Aquella noche no solo fue triste para los seguidores de Argüello que llenaban las tribunas frente al cuadrilátero, si no que borró la sonrisa a buena parte de Miami que se consolidaba como refugio nicaragüense de quienes huían del régimen izquierdista instaurado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, tras derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza, el último de la dinastía familiar de los Somoza que había tomado el poder desde 1936.

El capítulo nicaragüense en la historia de Miami escribió sus páginas en los años ochenta

La ciudad recibía 800 migrantes de esa nacionalidad por semana, después del exilio cubano esta fue la segunda comunidad en sumarse masivamente al Miami latino que conoció el mundo en esa década, aunque no gozó de los mismos beneficios.

En Miami además operaba la base principal de la Central Intelligence Agency (CIA) cuyo objetivo era erradicar la influencia cubano-soviética de la región. Desde ahí se conspiró contra los sandinistas, proporcionando apoyo militar y armamento y dinero a la fuerzas contrarrevolucionarias e implementándoles campos de entrenamiento y concentración en los Everglades.

El apoyo duró varios años y tuvo el respaldo de la administración de Ronald Reagan; sin embargo, en 1984, el congreso, mediante la legislación The Boland Amendment decretó inmoral e ilegal el uso de recursos y fondos destinados a derrocar al gobierno nicaragüense; sin embargo, Miami lo siguió haciendo off the record con el guiño de ojos de la CIA, entidades privadas, mafiosos y sujetos vinculados al gobierno.

En su novela ‘The Last Thing He Wanted ‘Joan Didion da cuenta de este contexto histórico

Si bien antes la autora había abordado el tema en su obra de no ficción Miami, en The Last Thing He Wanted se basa en hechos reales, como los de aquellos aviones que partían desde Miami o Fort Lauderdale con destino a San José de Costa Rica, sin ningún tipo de revisión o control y aterrizaban en cualquier punto de ese país, para surtir de armas a los contrarrevolucionarios del otro lado de la frontera.

En este marco Didion nos presenta a Elena McMahon, periodista que renuncia a su trabajo en el Washington Post, para cumplir con la última voluntad de su padre. Pero Elena no sabía que su padre era dealer y contrabandeaba armas desde Miami y que esa última voluntad desde su lecho de hospital, consistiría en transposrtar un cargamento, en vuelo fantasma y con pasaporte falso, a Costa Rica a cambio de una jugosa suma de dinero.

Joan Didion nos lleva por un submundo de mafiosos y hampones centroamericanos y miamenses, y en él desarrolla una trama vinculada a intereses políticos y económicos del gobierno de Estados Unidos y ciertos de sus funcionarios, y el resultado es un testimonio contundente de uno de los episodios del oscuro Miami ochentero.

A inicios del 2020 Netflix estrenó Su último Deseo, un thriller inspirado en la novela de Didion dirigida por Dee Rees y protagonizada por Anne Hathaway y Ben Affleck.

El film no logra plasmar del todo la idea del libro y más bien es una suma de hechos y evocaciones del pasado que prometen en un inicio, pero que se pierden inconexas por falta de desarrollo.

*Ruleta Rusa agradece a nuestro aliado editorial  Suburbano.net las facilidades para la publicación de este texto.

  • Foto: Nancy Ellison

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