La esquizofrenia afecta el lenguaje de maneras tan visibles que muchas personas notan que algo no funciona, aunque no sepan por qué.
Desde fines del siglo XIX, investigadores y psiquiatras han intentado comprender por qué el habla se desorganiza: aparecen palabras nuevas, se salta de un tema a otro o el discurso se vuelve incomprensible.
El lenguaje no es un síntoma menor; es una ventana privilegiada para entender la experiencia de quien vive con esquizofrenia y los límites del propio lenguaje humano. Valentina Cardella (2018) clasifica estas alteraciones en los niveles habituales del lenguaje: fonología, morfología y gramática, sintaxis, semántica y pragmática.
Fonología
En la fonología los cambios suelen ser parciales. Los rasgos suprasegmentales, como el tono, el ritmo y la entonación, pueden alterarse, sobre todo en los casos con síntomas negativos, donde la voz se vuelve monótona y aparecen pausas frecuentes.
Algunos pacientes también tienen dificultades para reconocer emociones por la voz de los demás. Sin embargo, los sonidos básicos del idioma, la fonología segmental, suelen permanecer intactos; incluso el habla más desorganizada respeta las combinaciones sonoras de la lengua. La fluidez, es decir la capacidad para hablar sin tropiezos, tampoco se altera en la mayoría de los casos.
Morfología y gramática
La morfología y la gramática, en general, se conservan. Cuando aparecen errores gramaticales, muchas veces se deben a factores culturales o a un deterioro intelectual global, no a la esquizofrenia en sí. Pueden observarse dos fenómenos: el agramatismo, que simplifica mucho la estructura de las oraciones, y el paragramatismo, donde hay uso incorrecto de auxiliares, tiempos verbales o afijos.
Sintaxis
La sintaxis también suele mantenerse. Incluso cuando el significado del discurso colapsa, la organización formal de las oraciones puede ser correcta. En algunos pacientes la sintaxis se simplifica, pero en otros, especialmente en casos paranoides, se vuelve muy compleja, con muchas cláusulas subordinadas y cambios de estructura, por ejemplo, de activo a pasivo. Cardella sugiere que, paradójicamente, algunos pacientes muestran un dominio sintáctico notable.
Semántica
Aquí empiezan a verse cambios más característicos. En el plano semántico, las palabras se usan con libertad: se inventan términos o se desplazan los significados habituales, lo que dificulta la comprensión por parte del interlocutor.
Neologismos
Los neologismos son palabras nuevas creadas por el paciente. Surgen cuando la experiencia, a menudo delirante, no encuentra un equivalente en el léxico común. En casos extremos, algunas personas desarrollan neo-lenguas, o glosolalia, con reglas propias que solo funcionan en el contexto del delirio.
Paralogismos
Los paralogismos son palabras existentes usadas con significados privados o cambiados. A diferencia de la afasia, donde la palabra correcta no aparece, en la esquizofrenia el término se utiliza, pero con un sentido distinto. Este uso suele ser consistente dentro del discurso del paciente, aunque resulte opaco para quien escucha.
Habla amanerada
Algunos pacientes hablan de forma excesivamente formal, pomposa o arcaica; a esto se le llama habla amanerada. Esa manera de hablar provoca una sensación inmediata de extrañeza en el interlocutor, conocida históricamente como sentimiento praecox. Algo en el lenguaje indica que la persona no se ajusta a las normas comunicativas habituales.
Desorganización del habla
La desorganización es el rasgo más distintivo. Se manifiesta de varias formas. El descarrilamiento es el desplazamiento progresivo del discurso fuera de su tema central, sin que el paciente parezca advertirlo. La tangencialidad ocurre cuando las respuestas rozan el tema, pero no lo abordan de forma directa. La pérdida del objetivo implica que el hilo del discurso se abandona sin retorno.
En los casos más graves, estas formas se combinan y provocan incoherencia total, incluida la llamada ensalada de palabras, donde frases y palabras se encadenan sin conexión aparente.
Formas menos graves incluyen la circunstancialidad, en la que las respuestas son largas y rodeadas antes de llegar al punto; la verbigeración, caracterizada por un habla extensa con poco contenido; y el bloqueo o habla lacónica, que son interrupciones del discurso o respuestas mínimas. El vuelo de ideas consiste en un discurso muy rápido donde los temas se suceden antes de poder desarrollarse.
Pragmática
Para Cardella, la pragmática es el nivel más afectado. Aunque la pronunciación y la gramática sean correctas, los pacientes pueden decir cosas inapropiadas en momentos inadecuados. Los problemas pragmáticos se agrupan en tres áreas principales.
Primero, el uso del contexto: ante la ambigüedad tienden a escoger el significado más fuerte de una palabra y no el más adecuado al contexto, lo que genera intrusiones semánticas y viola las máximas conversacionales de Grice, como la pertinencia y la cantidad.
Segundo, la consideración del interlocutor: hay una asimetría entre comprensión y producción; suelen entender lo que se les dice, pero no logran hacerse entender, en parte porque no distinguen claramente lo que ellos saben de lo que sabe su interlocutor.
Tercero, la cohesión referencial: el uso de pronombres y referencias puede ser vago, ambiguo o ausente, lo que dificulta seguir el hilo del discurso, aunque las frases sueltas sean comprensibles.
Lenguaje no literal
La comprensión del lenguaje figurado, como metáforas, ironía, proverbios o expresiones idiomáticas, también suele verse afectada. Entender una metáfora exige atribuir intenciones o estados mentales al hablante; comprender la ironía requiere además reconocer la intención contraria de lo dicho.
Los pacientes con esquizofrenia suelen no tener problemas con el lenguaje literal, pero sí con el no literal, lo que apunta a un deterioro selectivo en la cognición social, es decir la capacidad para leer e interpretar intenciones, emociones y expectativas de otros en contexto.
Bibliografía
Cardella, V. (2018). Language and schizophrenia: Perspectives from psychology and philosophy. Routledge.
- Imagen: Dibujo de un paciente con esquizofrenia del St. Elizabeths Hospital, en Washington D.C.