Entre los últimos días de octubre y los primeros de noviembre de 1956, tuvo lugar un levantamiento popular en Hungría que protestó contra el régimen comunista alineado a los soviéticos.
Sin embargo y pese a que en una primera instancia los rebeldes lograron imponerse y establecer un gobierno encabezado por Imre Nagy como primer ministro, el 4 de noviembre de 1956, la Unión Soviética invadió Hungría y sofocó rápidamente la insurrección y reinstauró su influencia geopolítica. La invasión soviética provocó la muerte de miles de húngaros y al menos en las cifras oficiales se cuentan hasta 250 mil personas que abandonaron el país.
Bajo ese contexto histórico es que el cineasta húngaro László Nemes, nos presenta su nueva obra, El huérfano (2025), narración que recorre la Budapest de 1957 y en dicho escenario vemos a Andor (Bojtorján Barabas), un adolescente judío que crece al lado de su madre idealizando al padre ausente hasta la aparición de Mihály (Grégory Gadebois), un extraño hombre que afirma ser su progenitor.
El huérfano es una película que cubre varias capas narrativas porque Nemes, a la par de contarnos la sufrida vida de Andor y su madre Klara (Andrea Waskovics), subyace también la resaca de la insurrección húngara, el dominio soviético y la consiguiente vida de los húngaros que viven bajo una total desconfianza colectiva producto de las secuelas que les dejó la Segunda Guerra Mundial.
En la obra de László Nemes se cuela con gran fuerza la búsqueda de la identidad y la exploración interior para encontrar la figura del padre en una Budapest que se lame las heridas y su sangre aún sin coagular, con un tufo todavía intenso del poder brutal que puede ejercer una potencia extranjera sobre una nación rémora incapaz todavía de ser autónoma
Andor vive sus días al lado de Sári (Eliz Szabó), una adolescente que a su vez padece las consecuencias de la fallida insurgencia húngara en la persona de su hermano mayor quien vive escondido, prófugo de la justicia dictatorial de su país y resentida con la afrenta de los rebeldes.
La sombra del autoritarismo, la precariedad económica en la que vive con su madre, la aparición de Mihály y el maltrato que le inflige a Klara, le crea a Andor una extrema crisis existencial porque no acaba de entender quién es ese hombre a quien su madre no puede rechazar, la duda lacerante por saber si realmente es su padre y al mismo tiempo decirse para sí mismo que su papá no puede estar encarnado en la figura de un monstruo despiadado como lo es Mihály.
El pasado de Andor es nebuloso como lo es su presente, y Nemes, con una fotografía esplendida de Mátyás Erdély, simboliza de una manera peculiar el mundo distorsionado de
Andor al dejarnos ver cómo, en diversos momentos de la cinta, el joven observa la realidad a través de huecos en sucias ventanas, en las paredes, en verjas de madera, perspectivas que reducen su mirada a la escala de sus pocos años y la incertidumbre que lo atormenta por conocer su origen.
No hay para Andor aparentes salidas para redimir el sufrimiento porque ni siquiera en la maltrecha comunidad judía de Budapest, puede encontrar las respuestas a las preguntas que lo rebasan de manera natural, producto de su corta vida y las angustias permanentes que lo aprisionan.
El huérfano no es, sin embargo, una historia que László Nemes nos dispare sin tregua con los avatares de Andor, el cineasta húngaro narra la primera parte de la cinta con un cierto grado de parsimonia preparándonos de manera gradual para la segunda mitad de la cinta
En ese segmento ahora sí, nos verá conmovidos y perturbados sobre todo por las formas violentas en que Mihály se relaciona con Andor y Klara. Nemes nos va advirtiendo que probablemente no encontremos un final feliz porque nada parece advertir que en la Hungría de la posguerra, la esperanza esté a la vuelta de la esquina.
En la cultura cinematográfica se cuentan grandes historias dentro del género conocido como Coming of age, estilo que detalla la maduración del niño y el adolescente obligado a entrar de manera temprana a la etapa adulta, producto de hechos traumáticos que le hacen ver la realidad del mundo tal cual es, lejos de un entorno social que debiera corresponder a edades más tempranas y en teoría menos sufridas.
La nueva obra del director húngaro se enmarca en ese género y al menos pensamos en dos cintas hermanadas con El huérfano: una es la clásica Los 400 golpes (1959) de Francois Truffaut y más reciente, El regreso (2003) de Andrey Zvyagintsev. Ambas cintas nos cuentan al igual que la obra de Nemes, la búsqueda de la figura paterna y la aparición de un hombre extraño para los dos niños protagonistas en El regreso y la plena disfuncionalidad familiar que provoca la huida del hogar en la mítica cinta de Truffaut.
En la película de Nemes, Andor se ve obligado a una huida hacia adelante para poder comprender la insoportable confusión de verse envuelto en una realidad que le parece extraña: Budapest, el supuesto padre de familia, su propia madre, su identidad como judío en un escenario que todavía recuerda los campos de concentración y en donde se desliza, pudo terminar sus días el progenitor de Andor.
El huérfano es la narración de una época, una ciudad y un país convulso, todo ello representado en la persona de un niño-adolescente que se verá obligado a aceptar su realidad o rebelarse ante circunstancias que no puede dominar y no debiera enfrentar
Para iniciarse en la obra de László Nemes
Nacido en 1977 en Budapest, Nemes debutó con el largometraje El hijo de Saul (2015), una potente película que narra la historia de Saul, un prisionero húngaro en los campos de concentración durante el holocausto y parte de los Comandos Especiales, prisioneros obligados a colaborar en el exterminio.
En la cinta debut de Nemes, Saul cree haber encontrado a su hijo y su misión moral es darle un entierro digno y no perderlo entre la masa de cadáveres que representó la masacre de los nazis en contra de la comunidad judía.
En 2018, Nemes filmó Atardecer. La segunda película del artista húngaro es la búsqueda de un hermano perdido por parte de Irisz, una mujer que ve al mismo tiempo cómo la vieja Europa atestigua los albores de la Primera Guerra Mundial.
Los tres largometrajes de László Nemes enfocan de gran manera y originalidad las consecuencias de la guerra, previo, durante y posterior a las dos grandes conflagraciones mundiales que hundieron en la ruina al continente europeo.
Vale mucho la pena ver a este aún joven director.
- Fotograma: El huérfano