Los años ochenta fueron el gran momento del Noir Tropical de Miami, con Charles Willeford como figura del género, ¿pero desde cuándo venía gestándose ese auge?

Fue larga la noche en Palm Beach, allá por los años sesenta, entre copas y volutas de humo de cigarrillos, en la que Travis Mc.Gee derrotó a sus oponentes en la mesa del póker y se hizo de The Busted Flush, un bote de cincuenta y dos pies, que anclaría en Bahia Mar, Fort Lauderdale, y se convertiría en su residencia.

La literatura miamense empezó a manifestarse en Miami entre 1887 y 1896, con Kirk Munroe, viajero y aventurero itinerante que, en su periplo al llegar a Florida, se impresionó con su naturaleza y fijó residencia en Coconut Grove –además fundó la biblioteca pública–

El siguiente nombre en la lista de autores destacados, posterior a Munroe, es el de Marjory Stoneman Douglas, hija del entonces dueño del New Herald, recordada por sus libros sobre los Everglades y su activismo en favor de la naturaleza y la mujer.

Existen también otras firmas, desde luego, pero Miami no ocupó un lugar en el mapa literario de Estados Unidos hasta fines de los setenta e inicios de los ochenta, con su literatura noir, que ganó popularidad con el favor de la serie Miami Vice y el choque cultural entre el anglo y el latino.

Para muchos, si no la mayoría, el padre del Noir Tropical, la literatura bandera de Miami, es Charles Willeford, con la saga de Hoke Moseley, un detective que rompe con el estereotipo del detective privado estratégico y meticuloso, y se nos presenta a un sujeto marginal, que vive en un hostal de bajo presupuesto, lleva una dentadura postiza incompleta y esclarece sus investigaciones con métodos poco convencionales y rudimentarios.

Este Noir Tropical tuvo sus raíces varios años antes, en la década del sesenta, con John D. MacDonald y sus veintiún novelas hard-boiled, del personaje Travis McGee, que vive en The Busted Flush –Don Johnson, de Miami Vice, no fue el primero en vivir en un bote– y no es investigador, aunque toma la justicia con sus propias manos cada vez que advierte algo que atenta contra la integridad de otra persona. Al igual que Moseley, Travis McGee tiene sus propios métodos de investigación y mientras los aplica, nos introduce en los lugares más marginales y sórdidos de Miami y Fort Lauderdale. 

John D. MacDonald nació y se crió en Pennsylvania, en el seno de una familia acomodada y al terminar sus estudios universitarios en Harvard, se enroló en el servicio militar y combatió en la Segunda Guerra Mundial.

Después de cumplir su misión se trasladó a Florida, hizo de lado sus costumbres burguesas, se sentó a escribir ficciones de género negro y vivió varios años de precariedad económica hasta que vendió su primera hard-boiled short story a una revista, y ese fue el punto de partida de su extensa obra literaria que comprende cerca de ochenta títulos

La novela que abre la saga de Travis Mc.Gee es The Deep Bluee Good Bye, una suerte de introducción a este personaje antagónico y entrañable, en cuyo primer caso le da la mano a una amiga, bailarina en un club nocturno para caballeros, que ha sido burlada y estafada por Junior Allen.

En medio de una galería de personajes dantescos y de recorrer buena parte del litoral del sur de Florida y sus yates, marinas, bikinis y cocktails, Mc.Gee irá desenmascarando a Allen, y advertirá que está siguiendo el rastro no solo de un vividor, si no de alguien mucho más peligroso.

Si bien MacDonald en sus páginas refleja un Miami rubio y de ojos azules –y aquí la diferencia más saltante con el Noir Tropical, que se caracteriza por la significativa presencia de cubanos y centroamericanos y sus fricciones con el anglo–, difícil de concebir en estos tiempos en los que la ciudad es un faro cosmopolita y la capital de Latinoamérica, su literatura sigue vigente, ha recibido elogios de las voces más autorizadas en el género, como las de Lee Child, Stephen King y Dean Koontz; y el 2 de octubre de 2004, en Fort Lauderdale, fue el día John D. MacDonald, y cerca de trescientas personas se reunieron en Bahia Mar, en el espacio donde Travis McGee anclaba The Busted Flush y lo declararon patrimonio literario de la Florida.

Ruleta Rusa agradece a nuestra revista hermana Suburbano.net las facilidades para la publicación de este texto.

  • Ilustración: Especial