Empampado: perdido en el desierto, desorientado en medio de la pampa, especialmente durante las primeras exploraciones cuando la falta de camino y de referencias, hacía que el viajero se empampara, soportando la feroz agonía de la sed.

(Mario Bahamonde. Diccionario de voces del norte de Chile)

La primera vez que supe de la existencia de una ciudad chilena llamada Iquique, fue en el año 2013. El club de mis amores, el León, se enfrentaba en un partido de la Copa Libertadores al equipo de ese enclave portuario del país sudamericano.

El Deportes Iquique es un equipo modesto de la liga chilena, no tiene los reflectores de clubes como Colo Colo, la Universidad Católica o la Universidad de Chile, sin embargo, el equipo iquiqueño eliminó en aquella edición a un León inexperto en competencias internacionales tan duras como la Libertadores.

Supuse que después de la eliminación de mi equipo, no volvería a escuchar aquella palabra: Iquique.

Sin embargo, ocho años después me encontré en la red mundial con un libro que se llama, El empampado Riquelme, del escritor y periodista chileno, Francisco Mouat.

En él, Mouat cuenta una historia increíble: el 2 de febrero de 1956, un hombre de 58 años llamado Julio Riquelme Ramírez, aborda el tren Longitudinal Norte en Chillán con destino a Iquique. Riquelme nunca llega a su destino, iba al bautizo de uno de sus nietos. Desaparece. Nadie vuelve a saber de él hasta enero de 1999. 43 años después, su esqueleto intacto, es encontrado en el desierto de Atacama.

El empampado Riquelme fue publicado por primera vez en 2001, pero yo no supe de ese libro sino 20 años después. La historia me obsesionó y me obsesionó encontrar algún ejemplar impreso

Nunca di con uno. Luego supe que esa obra de Mouat tuvo con el paso de los años, diversas reimpresiones que se agotaba apenas salían al mercado.

Nunca he sido afecto a los audiolibros, pero fue la única manera en que encontré El empampado Riquelme y apenas lo tuve en mi poder, lo escuché con avidez y una profunda fascinación.

La historia que cuenta Mouat es la historia de todos nosotros, Riquelme era un hombre común y corriente, rutinario, anodino dirían algunos, con los avatares cotidianos de cualquier persona lánguida en el mundo.

¿Qué entonces vuelve tan adictiva una historia de un hombre común, tan común como cualquiera? Que nos hace preguntarnos quiénes somos y qué hacemos en el mundo no desde la perspectiva de los filósofos clásicos o contemporáneos, sino desde el periplo de Julio Riquelme Ramírez, un simple mortal que logra con su larga desaparición y posterior encuentro, poner sobre la mesa lo que representa el olvido, la memoria, la búsqueda del padre, la pérdida, el amor y el profundo desamor, la paternidad, el miedo, la locura, la esperanza.

Julio Riquelme y su historia es bisagra y espejo de lo humano, es un relato existencial del sentido de vivir y la forma en que morimos.

Cada uno de los capítulos del libro de Mouat nos receta una lección de vida y en cada una ellas, seguro, el lector se verá reflejado en las andanzas de Julio, en los sueños de sus hijos que describen a Riquelme como el padre de todos nosotros: ausente, presente, lejano, extraño, familiar o con historias tan disímbolas que, sin embargo, tocan y trastocan nuestra realidad.

El libro de Mouat es un tratado de investigación periodística total, fueron dos años en los que el escritor chileno buscó y encontró la huella de Riquelme mediante testimonios de familiares, compañeros de trabajo, lugares, documentos, peticiones de acceso a la información, psicólogos, abogados, grafólogos y sí, hasta una psíquica.

Pero sobre todo, El empampado Riquelme es un obra humanista, una crónica sobre entender y comprender las circunstancias de lo que significa ser humano, sobre las motivaciones y necesidad de perderse y encontrarse, de olvidar lo que un día fue y otro día vuelve para aposentarse de una vez y para siempre en el recuerdo de quienes no debieran olvidar y mucho menos obviar la necesidad de dichos recuerdos.

A pesar de que Francisco Mouat logra perfilar la humanidad de Riquelme o al menos acercarnos a una idea de quién fue ese hombre empampado, la historia de Julio seguirá siendo un profundo misterio

En la contraportada, de algunas de las ediciones del libro, se preguntan:

¿Qué pasó realmente con él? ¿Por qué su misteriosa desaparición fue rodeada de tanto silencio? ¿Cómo fue posible que en 43 años no se supiera nada de su existencia?

Y el escritor chileno, Álvaro Bisama, reflexiona y escribe sobre la obra de Mouat:

El empampado Riquelme es una novela sobre un desaparecido en un país lleno de desaparecidos. Que Riquelme se haya perdido antes, da lo mismo. El libro no solo habla de él. Habla de las señales mínimas de los cuerpos, de las familias trizadas, del paisaje del desierto como metáfora de la muerte y de la palabra como único remedio”.

Esa es pues la Road Movie particular de Julio Riquelme Ramírez que, al mismo tiempo, es también la película de carretera de todos nosotros porque si hay una historia en la que cabe esa manida expresión de “Todos somos…”, esa historia es la de este hombre porque “Todos somos Julio Riquelme, el empampado”.

La película que no fue

Parece increíble que una historia tan excepcional no haya sido llevada al cine. Francisco Mouat cuenta que ha habido acercamientos e interés para filmar tan peculiar viaje en el que Riquelme tardó 43 años para llegar a su destino.

Si embargo, nada se ha concretado, El empampado Riquelme sigue a la espera de que su historia sea llevada a la pantalla grande. Sería un reconocimiento a Mouat por el monumental testimonio que nos entrega y a Riquelme Ramírez porque de manera involuntaria, nos remitió a nuestro interior para reconocernos en él y en su largo, largo viaje a Iquique.

Iquique

Francisco Mouat define, vía el Diccionario de Voces del Norte de Chile, de Mario Bahamonde, lo que significa la expresión empampado. Por mi parte, busco en internet el significado de Iquique y encuentro una maravillosa analogía que se ajusta perfecto al destino final de Riquelme: “en aimara: Iki Iki ´lugar de sueños´, ´Lugar de descanso´”.

Nunca he viajado a Chile, pero si algún día lo hago. Sé que haré dos cosas: iré a ver un partido de fútbol del Deportes Iquique y visitaré el lugar de descanso de Julio Riquelme.

El nombre de esta ciudad portuaria se quedará por siempre en mi memoria.