“No vuelvas. No pienses en nosotros. No llames, no escribas. No te dejes engañar por la nostalgia. ¡Olvídanos!. Si regresas, no quiero que vengas a verme. No te dejaré entrar a mi casa… Hagas lo que hagas, ámalo, como amabas la cabina del cine Paradiso cuando eras niño”.

Así le hablaba Alfredo a Totó, el niño aprendiz de cácaro en la pequeña gran oda que Giuseppe Tornatore le hace al séptimo arte en su Cinema Paradiso (1988). Así le comunicaba su deseo de que  se comiera el mundo, de que encontrara una cosmovisión de la vida que lo llamaba a Roma para convertirse en el cineasta que le bullía por dentro a Totó.

No volver. No pensar en alguien”, es la expresión lapidaria que seguro inspiró a Heródoto, a Marco Polo, a Arthur Rimbaud, a Ryszard Kapuscinski, al viajero permanente que va en busca de un sentido y pasión por aquello que ama, pero desconoce en su totalidad.

No te dejes engañar por la nostalgia”, por la voz de lo conocido, lo familiar, lo que establece el ser y estar en el mundo sin deseos de extrañar, añorar, no perderlo de vista para no sufrir y quedar paralizado por el dolor de lo que se deja atrás, lo que no se quiere soltar y se presume siempre propio, irremediablemente nuestro.

Eso es una road movie, ese género cinematográfico surgido en la década de los 50 y 60 del siglo pasado que exige a los personajes un viaje sin retorno, un no volver la vista a atrás, un no pensar en alguien si en realidad se quiere entender la vida misma.

La road movie plantea a sus personajes y al espectador mismo la búsqueda de nuevas formas de entender la existencia y para entenderla, se necesita también soñar, ilusionarse nuevamente, pensar de manera universal

Desprenderse de algo y alguien, duele iniciar un viaje total porque genera incertidumbre, es por ello preciso estar dispuesto a nuevas sensaciones, al encuentro y al encontronazo con lo distinto, con personajes extraños y disímbolos que tambalean nuestros esquemas, eso es un viaje, iniciático le llamarían algunos para aventurar más el término.

La vida es una road movie permanente, no sería tal si al final de cuentas no nos deja una enseñanza, una maduración, una respuesta que, si bien nos genera más preguntas, al mismo tiempo nos permite obtener certezas. No se es el mismo luego del periplo, no se piensa igual luego del camino andado, no se desea volver a ser el mismo cuando hemos conocido lo que creíamos imposible y el cine tiene esa fascinación, esa virtud por ser también un viaje que nos enfrenta con lo más profundo de nuestros miedos, deseos oscuros, alegrías imposibles y proyecciones inquietantes.

Decía Emil Cioran que “un libro debe hurgar en las heridas, provocarlas, incluso. Un libro debe ser peligroso”, el cine no puede quedarse atrás de esa definición del provocador pensador rumano, las películas deben azotar las conciencias, herir, cuestionar.

Y para hablar de cómo hurgar de heridas, Gaspar Noé, el director franco-argentino creador de una de las escenas más estrujantes en la historia del cine en Irreversible (2002), ha puesto nuevamente el dedo en la llaga cuando su cinta se ha vuelto a estrenar en el Festival de Venecia y ha provocado que la famosa secuencia de la violación de Alex, (interpretada por Monica Bellucci) escena filmada en un plano fijo durante nueve minutos, vuelva a cuestionar la conciencia del espectador y lo vuelve a cuestionar sobre el papel de la mujer como víctima del machismo rampante.

Pero también, ha puesto a Noé en el ojo del huracán cuando una vez más se le asigna el papel de provocador gratuito al retratar una escena llena de un salvajismo delirante que provocó que en su estreno en Cannes, hace 18 años, más de 200 espectadores abandonaran la sala, impotentes ante la presencia de una violación que parecía eterna, insoportable, imposible de digerir a los ojos del asistente a la sala de cine.

Cuando Irreversible se estrenó, su director, el argentino Gaspar Noé, se defendió de las críticas más feroces esgrimiendo un argumento respetable: “La gente se ha vuelto loca acusándome de misoginia y homofobia y eso es una estupidez. Que tengas personajes que reflejen aspectos del ser humano no significa que estés de acuerdo con ellos”, apunta el suplemento Smoda del periódico español El País en un extraordinario texto que describe y recuerda precisamente cómo una película y una escena en específico, logró sentar un precedente de cuestionamientos y críticas feroces a un director que no se anduvo por las ramas para reflejar una realidad cruda de la vida misma.

El cine que debe ser, pues, como decía Cioran de los libros, un peligro.

Y para mostrar los laberintos del infierno de Dante, también han levantado la mano, directores como Michael Haneke, Oliver Stone, Stanley Kubrick, Quentin Tarantino, Pier Paolo Pasolini o Yorgos Lanthimos

Los viajes con sus sinuosos caminos, con sus baches que golpean la conciencia; pero los viajes también de sendas más amables, más transitables en cintas y directores, sin embargo, que trascienden desde la sencillez de sus historias y nos entregan personajes y narrativas complejas que nos invitan a dialogar y reflexionar la vida y su sentido.

Ahí aparecen entonces el ya mencionado Tornatore, Majid Majid, Abbas Kiarostami, Federico Fellini o Vittorio de Sica.

El cine y su viaje como tragedia, como carcajada, como golosina, o también con forma de pánico, de patetismo y vértigo, de ridículo y sublime. Nada puede generar una analogía con un viaje como el arte que le debemos a los Lumière y a George Méliés. Por eso la road movie significa el género rey que abarca la totalidad del cine y su historia de más de cien años e innumerables destinos, partidas, despedidas, arribos, sueños.

De eso pues quiere alimentarse esta columna, esta road movie quincenal, de todas las estaciones que el cine aborda para convertirse en ese lugar común que llaman fábrica de sueños, pero también nunca mejor descrita para revelar una manifestación artística, la misma en que todo es posible, sí, como citaba la fantasía onírica de la dimensión desconocida, la entrañable serie de finales de los 50 y principios de los 60 escrita por Rod Serling.

Directores, directoras, actores, actrices, guionistas, fotógrafos, películas, estrenos, cintas de antaño, de culto, pequeñas joyas olvidadas, personajes, historias, recuerdos y toda la suerte de elementos que conforman un recorrido por fortuna interminable, de eso se alimentarán estas letras, este diálogo artístico abierto a todo aquel que ha decidido abordar el vagón del 24 por segundo.

También y de vez en cuando, habremos de asomarnos a la literatura, disciplina en matrimonio perfecto con el cine desde la aparición de este hace más de cien años, tocaremos la puerta de los libros, sus autores y sus historias, de las letras llevadas a la pantalla, de la pantalla llevada a las letras.

Esta será nuestra road movie de cada quince días.

 

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Fade in

 “Cada uno de nosotros debe seguir su propia estrella. Vete. Esta tierra está maldita. Mientras permanezcas aquí te sentirás el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año o dos, y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo. No encuentras a quien quieres encontrar. Tus cosas ya no están. Debes ausentarte mucho tiempo, muchísimos años, como para encontrar al regreso a tu gente, la tierra donde naciste…”

Previo a la despedida definitiva, Alfredo le dice a Totó que se vaya a Roma, que es joven, que el mundo es suyo… que se vaya, que la carretera y sus historias lo esperan, lo esperan.

  • Ilustración: Especial