De las clases de historia en primaria, no guardo recuerdos. En secundaria me dio cátedra, los tres años, Luis Manilla Velásquez, maestro apegado a la versión oficialista de los hechos pasados. En bachillerato comenzó el adoctrinamiento marxista. Uno se vuelve consciente de la manipulación, en la etapa adulta.

Mi profesora de preparatoria se llama Tencha, hoy flamante líder sindical del sistema de bachillerato estatal en Guanajuato. La profesora se volvió mediática durante el gobierno del panista, Miguel Márquez, luego de ser exhibida, a nivel nacional, en los espacios noticiosos de Alejandro Villalvazo Bustos. Fue señalada de comportamientos distantes de la ética, por parte del entonces Gobernador de Guanajuato.

Desconozco el desenlace de la trama. Lo importante es que mientras en el aula promovía análisis marxistas de la historia, en la vida real Tencha se mostraba inconsistente. La coherencia es una de las claves para ser un maestro exitoso. El éxito tiene que ver con el reconocimiento de los alumnos. En la docencia debe existir coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Lo humano debe prevalecer.

Con recurrencia, los maestros que en clase hablan de igualdad social, disponen de servicios y comodidades ajenas a la inmensa mayoría de mexicanos: se expresan como socialistas y se desenvuelven como capitalistas

Los alumnos perdemos respeto por esos docentes. Recuerdo una tarde en Guanajuato, siendo estudiante de la Licenciatura en Historia de la Universidad de Guanajuato (UG), ver a un maestro de Valenciana, tratando de forma déspota y grosera a una indígena que se le acercó a pedir dinero. El docente en cuestión, dictaba un seminario de revoluciones socialistas. Fue una gran decepción para mí. En aquel momento, respetaba al profesor porque lo consideraba humano; conforme pasaron los años, concluí que muchas personas simulan.   

A pesar de los docentes que nos adoctrinaban, nunca me consideré de izquierda. Siempre me vi como un humanista cristiano. Luego de interactuar con los jesuitas, entendí que se es revolucionario siendo buena persona, y para lograrlo, no necesitas de Marx ni de Engels. Basta la figura de Jesús de Galilea para inspirarme. Jesús continúa siendo un reformador: creó la revolución del amor. A ella me adhiero. Existen revoluciones materiales y revoluciones espirituales. Deconstruir el amor.

El concepto de cambio se deformó y se pervirtió en el siglo XIX: los marxistas se apropiaron de él, creando un nuevo signo lingüístico conocido como “revolución”. La revolución, primero que todo, es una invención del lenguaje. Miguel Hidalgo, por ejemplo, no fue un revolucionario sino un reformador de derecha.

Las grandes reformas se han gestado al interior de la derecha (conservadurismo). Es mentira que los marxistas transformen a las sociedades: son los conservadores quienes lo hacen , desde siempre  

Soy de derecha porque profeso el cristianismo, desde el catolicismo-jesuita. Soy de derecha porque estoy a favor de la vida. Soy de derecha porque apoyo la propiedad privada y la acumulación de capital. Soy de derecha porque estoy a favor de la vida civilizada, lejos de rencores propios de los zurdos acomplejados. Soy de derecha porque vengo de una familia cristera, hacedora de reformadores conservadores. Mi abuelo, José Arias Bribiesca, nativo de Pénjamo, es descendiente directo de Miguel Hidalgo y Costilla “Padre de la Patria”, cura jesuita que enarboló la primera fase de la Guerra de Independencia en México. Los Arias de Pénjamo son mi familia.

Asumirme de derecha y generar críticas intelectuales sobre el régimen lópezobradorista, me ha traído consecuencias: perdí amistades que cultivé durante años, recibo descalificaciones y señalamientos morales de conocidos fundamentalistas que idolatran al pastor de Macuspana; es cotidiano recibir amenazas y agresiones a través de mis redes sociales.

El marxismo es el diagnóstico económico de una sociedad no sustentable, no realizable, no materializable. El marxismo es utopía. El cristianismo es realidad y verdad. Es en Jesús que me construyo.  Soy humanista cristiano, promotor de la derecha.

A las juventudes mexicanas se les adoctrina hacia la izquierda, desde las aulas. La URSS formó a miles de latinoamericanos que luego como maestros, se han dedicado a envenenar a las mentes y adormecer a los espíritus de nuestros jóvenes. Para acabar con el marxismo, hay que sacar de las universidades a los docentes zurdos que corroen los corazones de la patria.

¡Qué vivan los conservadores!

  • Ilustración: Flickr

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