El 10 de diciembre de 1978, moría Edward Davis Wood Jr., mejor conocido como Ed Wood. Ed abandonaría las filas de este mundo lejos del glamour del cine Made in Hollywood y más aún, Wood se iría con la etiqueta de ser considerado “el peor director de la historia del cine”.
En el texto introductorio que Benjamin Moser realiza para la edición de los cuentos completos de la escritora brasileña Clarice Lispector, (FCE.2020), se apunta que la palabra glamour, según un viejo diccionario escocés “se refiere metafóricamente a la ´fascinación femenina´… Esta palabra, en la Edad Media, designaba cualquier estudio, pero particularmente el saber oculto: la capacidad de encantar, de revelar objetos y vidas como algo ´totalmente diferente de la realidad de la apariencia externa´”.
Ed Wood no encajaba de ninguna manera en las alfombras rojas, en la burbuja de los cineastas consagrados o en las entregas de los premios Oscar, en las entrevistas de los medios y el amor de los fanáticos del cine y mucho menos accedería a los millonarios presupuestos con los que mediáticamente se alcanzan las grandes taquillas y el clamor de un espectador hoy acostumbrado al efectismo grandilocuente.
Edward tuvo que morir para hacer efectiva la definición del glamour al menos en lo que Benjamin Moser plantea. La muerte le dio la posibilidad de encantar a las generaciones posteriores, a quienes entienden el cine no solo en forma de narración y técnica, si no también cuando son capaces de comprender lo que una existencia como la de Ed Wood tuvo que pasar para hacerse de un nombre de culto postmorten, ya que la vida sólo lo ninguneó y lo defenestró sin piedad hasta colgarle el adjetivo de “lo peor”, el esperpento del celuloide personificado en un soñador, un perdedor a los ojos del mainstream al cual jamás accedería.
¿Que si el cine de Ed Wood era malo? Sí, muy malo. El peculiar cineasta rompía con todos los cánones de la narrativa y la técnica cinematográfica, sus cintas estaban llenas de errores de continuidad, de diálogos insulsos y pueriles, de actuaciones rayanas en lo ridículo, de una ruptura imposible del manejo de los tiempos (la noche se le hacía día y viceversa)
Sus obras, sobre todo hoy, pueden llamar a la risa loca en donde el terror al que aspiraba provocar Wood, estaba plagado de una ingenuidad y una ternura muy lejana del miedo a lo desconocido, más aún del terror pánico que auténticos maestros del género logran interiorizar en los espectadores. Wood pues, era un niño jugando a la casa de los espantos en una feria de pueblo rabón.
Para testificar la retahíla de despropósitos descritos en las técnicas narrativas de Wood, baste ver su clásica Plan 9 del espacio exterior (1959), una historia que narra una invasión extraterrestre para cuyo propósito los alienígenas resucitan a los muertos y así, formar un ejército que domine a los humanos. Plan 9 del espacio exterior es el culmen de la incorrección del cine.
¿Por qué entonces nos seduce tanto la figura de un cineasta fracasado en sus aspiraciones de inmortalidad? ¿Por qué sus obras que ni siquiera un mediocre estudiante de cine firmaría, nos generan hoy, a los seguidores de Wood, un culto incondicional?
Porque Edward Davis Wood Jr. representa la figura de un hombre indómito ante las circunstancias y su adversidad, porque Ed Wood es el prototipo del David que nunca vencerá al Goliat bíblico, pero jamás entregará sus armas hasta no ver que al menos se le toma en cuenta y saber que quizá, la historia lo premiará y lo juzgará de una mejor manera, casi al grado de un pequeño Dios inquebrantable que nos enseña a no cejar en el intento, aunque en él entreguemos la vida entera.
Ed Wood es la revelación de un hombre consecuente con sus pasiones y deseos y la perseverancia indómita por crear arte aún y a pesar del atentado que hacía en contra de este
No puedes ver el cine de Wood sin saber su historia personal, sus influencias, su amistad con actores y actrices variopintos, tan singulares y polémicos como él. No se puede abordar la obra cinematográfica de Ed sin conocer los pormenores de cómo vació sus bolsillos, su salud, su paciencia y su existencia toda para conseguir llevar sus intentos al cine.
Cuando sabes todo eso, entonces entiendes porque Ed es hoy un autor de culto, un hombre redimido y reconocido no por sus películas, sí por la pasión inagotable que le permitió a sangre y fuego ser visto y escuchado, aunque en esa experiencia sensorial tuviera que pagar el oneroso precio de ser considerado “el peor director de la historia del cine”.
Nacido el 10 de octubre de 1924 en Nueva York, Ed Wood no se diferencia mucho de la historia de otros cineastas que desde pequeños abrazaron la vocación por el séptimo arte. Ed, al igual que otros, desde temprana edad conoció las cámaras de cine que sembraron en él la pasión por narrar en la pantalla grande.
En su temprana juventud navegó por el teatro hasta que en 1948 se instaló en Hollywood para trabajar en los Estudios Universal y conocer ahí, entre otras leyendas de la actuación, al mítico Béla Lugosi, estrella indiscutible del cine de terror de los años 30 del siglo pasado y recordado sobre todo como el eterno Drácula (1931) de Tod Browning.
Fue apenas a los 29 años cuando Ed Wood logró filmar su opera prima: Glen o Glenda, una película presuntamente autobiográfica que planteaba la posibilidad de que Wood gustaba vestirse como mujer en la vida real
Glen o Glenda, sin embargo, merece también el reconocimiento unánime de la crítica actual porque se coincide que narrar en el cine el tema del travestismo en una época de sociedades cerradas y conservadoras, era un acto contracultural que Ed Wood construyó y que dibujaba ya al cineasta díscolo que nunca se traicionó a pesar los costes de prestigio para su carrera y su futuro.
A partir entonces de su primer largometraje, Ed Wood empezó a labrarse su sentencia de “el peor”, porque ni siquiera la presencia del mítico Béla Lugosi lo libraría de sus fracasos de taquilla, de la filosa y descarnada crítica y de las risas de quienes asistían a los estrenos para constatar la complejidad de un aspirante a artista que no vería nunca en vida, la pleitesía que se le habría de rendir luego de su muerte.
Wood y Lugosi: una anécdota
Hace algunos años, en 2014 para ser exactos, en el algún otro espacio, hacía mención de la extraña simbiosis que Ed Wood y Béla Lugosi crearon y por aquellos años, el autor de esta Road Movie escribía:
“Wood era un admirador de Béla Lugosi y quiso así sacarlo de su ostracismo y su decadencia al invitarlo a ser uno de sus actores estelares en películas de bajo presupuesto, en fracasos totales de taquilla y en blanco de las críticas cinematográficas más feroces de la década de los 50 del siglo pasado y que llevaron a Wood a ser considerado por la historia como una nulidad como director.
“La joya de la decadencia de Béla y la terquedad inquebrantable de Wood, es El ‘Plan 9 del espacio exterior’. Béla aceptó el proyecto de Ed, pero las finanzas de Wood eran precarias para solventar su película.
“En la espera, Lugosi murió, pero eso no fue impedimento para que el director resucitara a su admirado actor: con metraje de otras cintas de Béla, Ed contrató a un doble que en nada se asemejaba físicamente a Lugosi y así intercaló dichas escenas de otras cintas con la presencia del doble en la pantalla.
“El remedio fue peor que la enfermedad: cuando el personaje vampírico de Béla tenía que salir a cuadro, el doble se cubría el rostro con una capa para que el público no se diera cuenta de la suplantación (aunque obviamente, todo mundo sabía que Lugosi había muerto antes de poder filmar nada más).
“Surrealista, de risa loca, pero tal pintura no podía salir de nadie más que de Wood y Lugosi para así acrecentar la leyenda de ambos”.
Béla Lugosi murió un 16 de agosto de 1959. Un ataque al corazón acabó con su vida, una vida que fue, como la de Wood, quizá un poco a la inversa: de lo sublime al ridículo, pero a las largas, leyenda eterna como Ed
Hace 43 años, el 10 de diciembre de 1978, arruinado y sin fortuna, Ed Wood moriría olvidado.
Sin embargo, fueron quizá los extraterrestres de su Plan 9 los que se las ingeniaron para resucitar al buen Edward para conquistar a las nuevas generaciones de cineastas y espectadores.
Ed Wood volvería a la escena, sería vitoreado, filmado, redimido. Sobre él se escribirían y escribirán muchas cosas más, casi todas buenas y positivas. Ed se volvería inmortal porque nadie como él encarnó el concepto de glamour después de su muerte:
“La capacidad de encantar, de revelar objetos y vidas como algo totalmente diferente de la realidad de la apariencia externa”.
Wood y Tim Burton: redención
En 1994, el cineasta Tim Burton rindió un homenaje al singular director de Plan 9 del espacio exterior.
Burton recordaría al cineasta en su película Ed Wood y lo haría de una manera generosa porque, como lo dijo el célebre crítico de cine, Roger Ebert, “no se burla de él, lo celebra” y de la mano de Johnny Depp interpretando a Wood, Burton hace una conmovedora y lúcida estampa de la memoria agradecida con un hombre fiel a sí mismo.
Road Movie de vacaciones
Esta Road Movie se va de vacaciones. Nos volveremos a encontrar el primer viernes del 2022 para seguir viendo, analizando y, sobre todo, disfrutando el cine, alguna que otra serie y alguno que otro libro.
Gracias a mis lectoras y lectores por su amable asistencia a estas funciones quincenales. Nos vemos pronto.
- Fotograma: Ed Wood