¿De qué color son nuestros amigos? ¿nuestros escritores y músicos favoritos? ¿De qué color somos nosotros, o la gente que nos cae mal? ¿De qué color es la violencia o la justicia?
La capacidad de dividir o encasillar situaciones, personas, películas, lugares, asociar sonidos con colores, colores con sabores, etc., se le conoce como sinestesia y aunque algunos aseguran que es una especie de patología que se desarrolla desde que nos encontramos en el útero, otros afirman que es una asociación que adquirimos en la infancia y con la que aprendemos a concentrarnos para recordar o clasificar.
En 1810 el famoso escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe planteó en su revolucionaria obra Teoría de los colores, que está ligada más a los aspectos experimentales y fisiológicos que a la frialdad de la física.
En un ejercicio casi poético Goethe nos describe de forma simbólica la significación de cada color
“En su más alta pureza siempre carga con él la naturaleza del brillo y tiene un carácter sereno, alegre, suavemente excitante”, nos describe un romántico Goethe sobre las propiedades del color azul.

Platicando con algunas personas encontré que al menos varias de ellas sí pueden ver a alguna persona por su color (o por el color que cada quien le asigna a las personas).
Tal vez me equivoque pero a la mayoría nos gusta estar con personas verdes, amarillas, anaranjadas, azul cielo; admiramos a las personas rojas o azul índigo, nos caen mal personas (bueno a mí) café, no es una particularidad pero ha predominado.
Las bandas, películas o libros que realmente nos han marcado tienen un color más especial que únicamente haciendo el ejercicio de asignarles un color podríamos darnos cuenta, casi como un algoritmo que la mayoría de las veces lo que más nos gusta tiene un color o dos.
Hace tiempo hice un ejercicio, el cual constó de imaginar de qué color es mi mejor amiga, uno de mis escritores favoritos, alguna de mis bandas favoritas, alguna película, algún momento en el que me haya sentido plena, un concierto que recuerdo con mucho cariño.
Las palabras más lindas que alguien me haya dicho son guinda, en su mayoría, y algunas veces combinado con verde ultramar
No es que sea puntual, que sólo esos colores me gusten pero sí las combinaciones. Con algunas personas somos más afines, pienso que soy afín a las azul marino, verde y en algunos casos a las gris. Mi máximo escritor es blanco con plateado, Borges. Las combinaciones de colores son infinitas y quizá no sirva de nada clasificar por color pero podemos aprender un poco de quiénes somos o cómo vemos el mundo.
El filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, dedicó los últimos 18 meses de su vida, en 1951, a crear su exquisita obra Sobre los colores. Aquí, el pensador nos enfrenta a una nueva concepción sobre el color y su significancia. ¿Existen los resplandores grises?
“250. ¿Puede decirse: ‘¿el gris luminoso es blanco’? 251. Las dificultades con que nos topamos cuando reflexionamos acerca de la esencia de los colores (aquellas a las que Goethe se quería enfrentar mediante su doctrina del color) están contenidas en el hecho de que no tenemos uno sino varios conceptos emparentados de igualdad de color”, reflexiona Wittgenstein en su libro Sobre los colores.
Es gracioso pero en alguna ocasión una canción de algún color me recordó a alguna persona del mismo color y era precisamente el tipo de canciones que le gustan y entonces ¿es subjetiva nuestra percepción del color? ¿Podría ser inherente en nuestras mentes?
¿De qué color es el número siete?
¿De qué color es tu mente?
¿De qué color es el odio?
- Ilustración: Especial/ El Temerario remolcado a dique seco. Joseph Mallord William Turner