Uno de los principios pedagógicos de la Ilustración francesa durante la segunda mitad del siglo XVIII, estuvo en la promoción de la argumentación por encima de la memorización.

Ni duda cabe que, en la construcción social y en la enseñanza de la historia científica, la interpretación es coyuntural. Aunque la historia patria u oficial, se empeña en transmitir el conocimiento humano como una serie, cronológicamente ordenada, de efemérides, sabemos que, el discurso, en otros tiempos hegemónico, es sólo una forma de hacer historia. Mi apuesta es por la historia científica.

Resulta ocioso, proponer ejercicios de historia contrafactual. De nada sirve pedirles a los alumnos que respondan un qué hubiera pasado o qué hubieran cambiado. Cuestiones muy de moda en el sistema educativo mexicano. Ese tipo de ejercicios mediocres, desde luego, son realizados por docentes que carecen de una formación historiadora.

Un historiador científico jamás perdería el tiempo. Para el historiador de oficio, lo que importa es el hecho y su interpretación. La historia contrafactual, igual que la psicohistoria, son una vacilada propia de ignorantes

Los tres siglos que denominamos Virreinato, no fueron homogéneos. La clave es el siglo XVIII. A principios del 1700, tuvo lugar el cambio de trono en España: los Austria pasan el poder a los Borbón.

La Casa Borbón respaldó, durante el XVIII, a tres reyes, siendo el más trascendental para la independencia de México, Carlos III. Este personaje encabezó una reforma estructural profunda que aspiraba a una mayor recaudación de impuestos y a la reorientación de la educación superior en la Nueva España.

El cambio político explica el exilio forzoso de los jesuitas, hasta 1767, los más importantes administradores del sistema universitario. De las reformas borbónicas emanó el Intendente, figura jurídica de importancia para la administración colonial de la Nueva España, durante la segunda mitad del XVIII.

La invasión a España, a manos de los franceses, en 1808, resultó definitiva en las aspiraciones independentistas de América. El papel de los jesuitas en la difusión de la Ilustración fue decisivo. La desaparición de fideicomisos [Real Cédula de Consolidación de Vales] operados por la Iglesia Católica, con el objetivo de financiar actividades económicas que mantenían funcionando a la cadena productiva novohispana, fue la gota que derramó el vaso: los criollos se hartaron del pillaje colonial promovido por las autoridades peninsulares.

Una calca histórica de las medidas que Andrés Manuel López Obrador está llevando a cabo, en pleno 2020. Los fideicomisos son una figura jurídica que se usa en México, desde la época colonial. Como he dicho en otros momentos narrativos, Obrador no sabe de historia.

La historia está en el dinero que usamos, en el nombre de las calles que habitamos, en el color de los ojos, en nuestros nombres y apellidos. La historia es presente

Interesante que, en el siglo XVIII, la Ilustración hablara de lo nocivo que resultaba para la educación, la memorización, y que 250 años después, sigamos peregrinando la misma vereda. La historia no se agota en la memorización de efemérides. La memorización cancela toda posibilidad de pensamiento científico.

Una de las consignas políticas que abandera la 4T, es la incorporación al panteón histórico mexicano de Leona Vicario, a quien la escritora de origen alemán, Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de Andrés Manuel López Obrador, llama “madre de la patria”.

No dudo que Leona Vicario tenga su importancia histórica, pero como bien lo explica el historiador, Eduardo Vidaurri, López Rayón también editó un periódico [El Despertador Americano] que difundió la causa independentista. López Rayón, hombre complejo que hizo las veces de Ministro de Relaciones Exteriores para Hidalgo. Jurista nacido en Michoacán, es el puente que unió a dos generaciones de reformadores novohispanos, a principios del siglo XIX. López Rayón ofrece un perfil histórico que resulta una grata revelación. Debe ser valorado por la nueva historia.

Es común que, desde la psicohistoria, se degrade la figura del penjamense, Miguel Hidalgo y Costilla. Se apela a una ficcional superioridad moral: se le acusa de jugador, bebedor y afecto a las mujeres hermosas. Se pretende disminuir su importancia, cada vez que la narrativa histórica se detiene en la masacre de peninsulares acaecida en la Alhóndiga de Granaditas, el 28 de septiembre de 1810.

Como lo demuestra la historiografía científica, la violencia fue ejercida por realistas e independentistas. Era una guerra. Los excesos estuvieron presentes en los dos bandos. La perspectiva histórica que ofrecen los historiadores de oficio, son relevantes porque humanizan a los actores sociales.

La historia no se trata de buenos y malos: es el hombre y sus circunstancias. El comportamiento humano resulta escurridizo. La sustancia de la historia está en la interpretación y en la narración

Los juicios éticos no corresponden al historiador. La enseñanza de la historia debe retomar un principio básico de la Ilustración francesa: argumentación

Gracias a la historia, me volví consciente de mis raíces. Mi abuelo materno, José Arias Briviesca, hombre letrado y músico de capilla que a principios del XX radicó en Denver y en Detroit, EEUU, pertenece al tronco familiar de Miguel Hidalgo y Costilla. Mi familia materna es de Pénjamo y mi familia paterna de Acapulco.

En mi opinión, el inicial propósito de la historia tendría que ser el descubrimiento interno del individuo. Nos enseñan historia desde la lejanía y la indiferencia. La historia me sirvió para conocer mi árbol genealógico.

Las raíces nos brindan identidad. Las personas requerimos de identidad para generar un sentido de pertenencia. La enseñanza de la historia debe ser responsabilidad de los historiadores de oficio.

Predial 2021