Cuando los amantes del cine percibimos que un veterano director o directora se encuentra en el ocaso de su larga carrera cinematográfica, siempre le aplicamos el adjetivo de crepuscular, término quizá muy manido, pero exacto en su definición cuando alguien empieza a decir adiós o retoma las características de uno de sus personajes clásicos y le asigna una forma digna para despedirse de la pantalla.

¿Pero cuándo en realidad el cine se puede llamar crepuscular?, es decir, el director portugués Manoel de Oliveira, vivió hasta los 106 años y aún en su centuria, seguía detrás de las cámaras, Woody Allen tiene 85 años y cada año estrena una nueva cinta (parece que le pagan a destajo), Martin Scorsese ronda los 80 y sigue y sigue.

Podrán pasar para ellos 20 años o más, gozar de cabal salud mental y física y seguirán disparando historias que nos dicten el derrotero de su obra, de sus personajes y firmen un día de manera definitiva, el legado que los volvió clásicos.

Entre esas ramificaciones crepusculares, aparece de vuelta el ahora nonagenario director, Clint Eastwood, el viejo Harry el Sucio, el hombre sin nombre de la legendaria El bueno, el malo y el feo.

Eastwood, a sus 91 años regresa a la dirección y la actuación para contarnos quizá una de sus obras más sinceras, más sobrias en su narrativa y más simples en sus definiciones existenciales: Cry Macho (2021)

Lejos ha quedado el rudo policía del mundo urbano, el violento cowboy del viejo oeste o el galán irresistible de su opera prima, Play Misty for me (1971). En Cry Macho, Eastwood ha decidido reflexionar sobre la llegada de la vejez, la necesidad de aceptar que el hombre es un constante aprendiz de todo y experto en nada y que, en forma permanente, sin embargo, busca la redención para una vida marcada por los innumerables errores cometidos en tiempos mozos.

El largometraje número 39 de Clint Eastwood es una entrañable road movie que nos cuenta la historia de la exestrella de rodeo, Mike Milo, un avejentado vaquero al que su jefe le encarga la misión de traer desde Ciudad de México a Texas, a su hijo Rafo de 13 años para alejarlo de su madre alcohólica.

Y allá va Mike Milo. Eastwood no tiene ningún problema en mostrarse como un hombre en el ocaso de su vida: andar lerdo, flaco, una sombra lejana de aquellos personajes bárbaros que definían la vida a mil por hora, fuera de la ley y con un esquema moral diluido en acciones violentas y fuera de toda norma.

Eastwood/Milo, por el contrario, busca ya la serenidad y la paz personificada en su amor por los animales, en especial por los caballos. Rafo, el adolescente y Milo el viejo, realizan su travesía de la turbia Ciudad de México a Texas para mostrarnos un México pintoresco y romántico, un país que incluso pudo haber sido retratado por Ismael Rodríguez y la cámara del inefable Gabriel Figueroa.

El veterano director busca también deconstruir o quizá desfigurar el concepto de la masculinidad. Macho es el gallo de pelea con el que Rafo se ganaba unos pesos en palenques clandestinos de la Ciudad de México

Rafo, es el aspirante a macho inquebrantable al que Milo le muestra la necesidad como forma de alivio, de quebrarse, de llorar, de pensar en el amor y sus posibilidades.

No cuesta evocar en la figura del viejo Milo a Walt Kowalski de Gran Torino (2008), el veterano de la Guerra de Vietnam que también abraza y protege a otro adolescente. Un Kowalski gruñón, de carácter imposible contrario al afable y bondadoso Mike, pero ambos conscientes del ocaso y ansiosos por redimir sus pecados y congraciarse con el que es distinto en términos de raza, nacionalidad y edades en función de la propia vejez que ya duerme a su lado y para siempre.

Por supuesto, no han faltado los críticos cinematográficos que califican a Cry Macho como una obra menor en el trabajo de Eastwood, alguno la tacha de cursi y otros cuestionan que no tiene la fortaleza narrativa de sus mejores historias.

Quienes conocen a fondo la obra cinematográfica de Eastwood sobre todo como director, en efecto, podrán señalar que su obra más reciente no tiene la profundidad del drama y el delineamiento perfecto de los personajes de, por ejemplo, Río Místico (2003), la fuerza actoral de William Munny en esa obra maestra del western que representa Los imperdonables (1992) o la prestancia amorosa de Robert Kincaid en Los puentes de Madison (1995).

Sin embargo, habría que destacar la notable intención de Clint Eastwood para entender perfectamente el momento de su vida como persona y como artista y que alguien con semejante experiencia delante y detrás de las cámaras, sabe perfectamente de qué va la vejez, su reflexión, sus circunstancias y cómo enfrentamos el final de una vida. Poner en perspectiva esa idea, permite al espectador comprender que Cry Macho es una obra absolutamente sincera, honesta y esperanzadora.

Se equivocan entonces quienes esperen ver al Clint Eastwood de siempre, al actor y al director. Cry Macho es quizá, y contrario a la visión de los críticos, un paso adelante en la carrera del director californiano

Lo que sí sería cuestionable, es que Eastwood quisiera revivir historias, dramas y personajes que corresponden a otra época, al tiempo de un Clint con una fortaleza física distinta y una visión de la vida también diferente.

Hay una escena que quizá le responde a los críticos más duros de Eastwood. En el trayecto a Texas, Rafo le recuerda a Mike su pasado y le dice: “antes solías ser fuerte. Macho”. Impávido, Mike Milo le responde sin asomo de dudas: “Solía ser muchas cosas, pero ya no las soy” y remata el viejo y experimentado vaquero: “Te diré una cosa. Esto de ser macho está sobrevalorado. Intentan ser machos para demostrar que tienen coraje. Es como todo en la vida. Crees tener todas las respuestas y al hacerte viejo te das cuenta que no tenías ninguna”. Más claro, ni el agua.

¿Un Eastwood naíf?

¿Es Cry Macho una historia ingenua con personajes igualmente ingenuos? Si entendemos el estilo naíf de hacer cine como una irrealidad y una utopía de historias y personajes, podría ser, pero si entendemos la evolución del pensamiento artístico de Eastwood, tendremos que aceptar que solo alguien como él es capaz de serenarse y decirnos casi al oído que nosotros no seamos los inocentes, que debe llegar ese momento de la vida en que, aligerar el equipaje es lo sano, que lo macho es la verdadera ridiculez y la más clara muestra de ingenuidad humana.

  • Fotograma: Cry Macho
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