La Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM) publicó los resultados del proceso de admisión y promoción docente 2020-2021 para educación básica. La primera lectura es que, comparativamente, los normalistas salieron con puntajes muy por debajo de sus pares universitarios.

Lejos del otorgamiento de plazas, la realidad educativa, es preocupante. Muchas cosas se están dejando de hacer en las normales, o se están haciendo mal; de otro modo, no se entiende el nivel académico tan pobre que muestran sus egresados. Lo dicen los números.

Discutir a quién se debe otorgar o quién merece plaza, es ocioso, puesto que las reglas estaban claras desde el principio. Hay que centrarnos en el nivel académico deplorable que evidencian los participantes normalistas.  

La 4T es el gobierno de la mediocridad. La forma en que manejaron este proceso de admisión y la elección en el otorgamiento de plazas en el sistema básico, es prueba de ello. Por inverosímil que parezca, si un normalista obtuvo 1.6 de calificación y un universitario sumó 9.2 de ponderación, la plaza será para el normalista.

El enfoque y el manejo que el gobierno hace del asunto, es político, no educativo. El presidente Andrés Manuel López Obrador piensa en las elecciones del 2021 y en la captación de votos.

La calidad educativa no es tema de interés para AMLO. La 4T es una administración mediocre

De principio a fin, el proceso estuvo plagado de arbitrariedades, opacidad y favoritismo. La no consideración de diplomados y la baja ponderación en el rubro de experiencia docente, es un problema que se focalizó en egresados de universidades públicas. Sería igual de grave si ocurriera con los normalistas. Debe prevalecer la dignidad, más allá del grado académico y de la institución formadora.

Aunque las reglas del juego estaban claras desde el principio, ninguna convocatoria está por encima de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Los universitarios que deseen aplicar el año que viene, tendrán que luchar por sus derechos. Decepcionante, por cierto, el nivel académico que mostraron los normalistas. Cambios drásticos tendrían que gestarse al interior de las normales mexicanas, que se rezagan respecto a las universidades públicas nacionales.

II

A propósito del tema, Enrique García, ex compañero de preparatoria, quien hoy labora como docente frente a grupo en el sistema público estatal de telesecundaria, me dijo que “trabajar como maestro en el sector privado, es tiempo perdido”. Más allá del celo que noté en sus palabras y de lo descortés de las mismas, me hizo pensar en la estrechez mental de miles de docentes que laboran en el sistema educativo mexicano de carácter público.

Es relevante que, académicamente, los egresados de universidades públicas y privadas, hayan superado con amplio margen numérico, a los normalistas, en el proceso de admisión 2020-2021. Que a pesar de resultados tan lamentables, los normalistas se queden con las plazas, responde a un asunto político que la izquierda bananera de México, prioriza.

Antes de menospreciar al sistema privado, formativa y laboralmente, los docentes de origen normalista que conciben a la educación desde un sitio tan oscuro y prejuicioso, deben volverse conscientes de sus penosas carencias. Más que formar estudiantes, su prioridad es obtener una plaza, al costo que sea e ignorando a la ética. El interés del normalista mexicano está en lo estrictamente laboral. Olvida, casi por completo, la sustancia pedagógica. ¿Y la vocación que tanto pregona?

Visiones tan reduccionistas de la educación no suman, al contario, empantanan. Desde lo político, el gobierno morenista tendrá sus razones. Desde lo laboral, los normalistas ofrecen sus argumentos. También es verdad que al situarnos desde el crecimiento económico de la nación, la ausencia de equidad en concursos educativos, el alcahuetismo estatal, la idealización del normalista, la opacidad en el otorgamiento de plazas en el nivel básico y la degradación recurrente del universitario desde el discurso público, afectarán, sustancialmente, a México.

Ya sé, no importa mientras consigan su plaza, reciban su quincena y sigan alimentando la procrastinación.

Me gustaría ver a los normalistas productivos: debatiendo, escribiendo, generando artículos académicos y firmando columnas periodísticas

El sistema educativo mexicano, por cierto, está integrado por las escuelas públicas y también por las privadas, aunque les cueste asimilarlo. Dos, no sólo el que acude a una normal, “sabe de educación”. La educación es polisémica, no se agota en la didáctica. La UG, el CINVESTAV, la U de G, la UNAM y el CIESAS, lo demuestran.

III

Desconozco el origen de sus complejos, pero me queda claro que el normalista arrastra vacíos formativos: muchas cosas se están haciendo mal al interior de las normales mexicanas. Más preocupados por las marchas, el bloqueo de calles y la quema de autobuses, los normalistas mexicanos olvidan la importancia de las aulas y de los libros en su formación. Están demasiado politizados y adoctrinados hacia la izquierda. Es un problema para el sistema educativo mexicano.

La administración lópezobradorista no lo hará, pero los gobiernos que vengan después del 2024, tendrán que buscar soluciones tajantes al problema del normalismo mexicano.

En la reciente publicación de resultados emanados del proceso de admisión y promoción docente 2020-2021, los egresados de normales, fueron evaluados muy por debajo de sus pares universitarios. La diferencia fue hasta de 8 puntos.

A pesar de los resultados tan desfavorables obtenidos por los normalistas, tendrán su plaza porque fue promesa de campaña de Andrés Manuel López Obrador, recompensar a los mediocres.

Aunque no es ético y causará un severo daño al sistema educativo mexicano, los docentes peor ponderados, serán quienes se beneficien con una plaza en el nivel básico. Los universitarios, a pesar de las excelentes evaluaciones que recibieron, tendrán que esperar sentados en la banca. Gobierno mediocre.

La cosa está tan grave con los normalistas mexicanos que decenas de concursantes en el proceso de admisión y promoción docente 2020-2021, no tuvieron el recato de cumplir con el curso de habilidades docentes para la nueva escuela mexicana, requisito, se suponía, indispensable, para llegar a la última etapa de la evaluación.

La Secretaría de Educación Pública y la USICAMM, ignoraron el asunto. Con calificaciones de 1.6, otorgaron  primeros lugares, y por ende, plazas seguras, a los normalistas.

Es un escándalo. La llegada de Morena al poder, significó el regreso del más rancio priismo de las décadas de 1970 y 1980. Su sello es la corrupción

El normalismo mexicano es síntoma de un gobierno corrupto, oscuro y sin rumbo. Ahora el normalismo mexicano se regodea y festeja, veremos qué pasa en el 2024.

IV

Seguiré sin comprender por qué los maestros normalistas descalifican y agreden a sus símiles de instituciones privadas, y a la vez, tienen inscritos a sus hijos en colegios e instituciones en donde los formadores son, justamente, los entes educativos a quienes, permanentemente, ningunean y sobajan. Incoherencia, ausencia de empatía y soberbia exponencial.

Lo referido pone en duda la capacidad docente y la vocación, siempre arrobada por los normalistas mexicanos. La culpa es del Estado mexicano por consentirlos y empoderarlos. El normalismo mexicano pide a gritos, una reestructuración con mano dura y sin miramientos administrativos.

Si la excelencia educativa en los centros públicos de educación básica en México, fuera real, sus maestros no se verían en la necesidad de recurrir a colegios católicos para que eduquen a sus hijos. Sabemos que tener una plaza de gobierno es más lucrativo que laborar en el sector privado. La calidad educativa del sistema educativo mexicano, es tema pendiente.

Para que las escuelas públicas de México, crezcan, primero debe cambiar la mentalidad de sus maestros. El comportamiento de los normalistas invita a pensar que la educación que reciben en las normales, es contraria a lo establecido en la Ley General de Educación, promulgada en el 2019. Ni los propios normalistas confían en el sistema al que brindan dinamismo cotidiano. 

En los colegios católicos y demás instituciones privadas de carácter educativo, encontramos personas de valor, seres humanos extraordinarios y profesionales de la educación que, muchas veces, no encuentran cabida en el sistema público por la corrupción imperante. Ésta agarró un nuevo aire con el nacido en Macuspana.

Al gobierno morenista de López Obrador, le interesan los votos, la ignorancia y el fanatismo. La educación es útil, en tanto reditúe, políticamente, al régimen actual

El lópezobradorismo encumbra a los normalistas, aunque sean los peor evaluados, porque así conviene a sus intereses partidistas. La cosa es asegurar votos para las elecciones del 2021 y del 2024. A los universitarios los golpea, porque cuestionan, señalan y denuncian. Falta más de la mitad del presente sexenio. Ojalá pase rápido.

V

El normalismo representa a la izquierda y los universitarios son la derecha, en el imaginario político del régimen lópezobradorista. Una confrontación (normalistas vs universitarios) que se arrastra, al menos, desde la década de 1920 y que durante la Guerra Cristera, alcanzó uno de sus puntos más álgidos con violencia exacerbada, experimenta un nuevo capítulo.

Al gobierno lópezobradorista le beneficia la polarización. Obrador capitaliza las fisuras para sacar raja política, radicaliza, mima a sus aliados y castiga a sus adversarios políticos.

Es un escándalo que, aún sin presentar el curso de habilidades docentes para la nueva escuela mexicana, los normalistas sean premiados con una plaza. Con su respaldo incondicional y solapamiento, el gobierno mexicano empodera al normalismo. La oposición debe estar atenta a la cuestión de la política educativa. Nada es para siempre, más temprano que tarde, el normalismo mexicano, caerá.

Los tan cacareados cambios del lópezobradorismo son, en realidad, retrocesos. El normalismo y la política educativa, son el ejemplo más contundente. La política energética, refuerza el planteamiento. Con Obrador retrocedimos en el tiempo. México está mal, en todos los rubros.

El régimen morenista habla de la corrupción como si ésta fuera tiempo pasado: basta con voltear hacia Manuel Bartlett, Ana Gabriela Guevara, Dolores Padierna, René Bejarano y Armando Guadiana, para darse cuenta que la corrupción es el sello, junto a la ineptitud, del obradorismo.

El otorgamiento de plazas para normalistas, es promesa de campaña y compromiso político del lópezobradorismo. El normalismo lo sabe, por eso sus representantes llegaron al punto de negarse a cursar lo relativo a la nueva escuela mexicana. Soberbia educativa. Están conscientes que las plazas son y serán suyas, no importa los documentos que les falten y los requisitos incumplidos.

¿Cuánto daño le hará al país el lópezobradorismo, desde la trinchera educativa? Es temprano para saberlo, pero será cuantioso. ¡Qué viva el PRIMOR! ¡Qué siga reinando la corrupción!

OCT 2