La cantidad de adjetivos que se le adjudican a un director de larga, muy larga trayectoria como lo es David Cronenberg, puede ser literalmente innumerable. Desde su lejano debut con el cortometraje Transfer (1966) hasta su más reciente obra, Crímenes del futuro (2022), el cineasta canadiense no puede dejar indiferente a nadie y todos sus fieles le colgamos un nuevo epíteto.

A Cronenberg lo han tildado de aburrido, cineasta de altibajos en sus historias, hacedor de obras exquisitas, visionario y absolutamente innovador en su forma de entender el arte cinematográfico, pero nadie puede negar que su legado artístico se deberá estudiar con absoluto respeto cuando el futuro trate de entender una forma muy específica de narrar al ser humano.

Si a David Cronenberg se le puede cargar otro adjetivo, el autor de esta columna le llamaría también Maestro indiscutible del terror y de la transformación porque pocos artistas como él, han sabido capturar la transformación del cuerpo, la mente y las relaciones del mundo con su entorno en la estantería existencial de la especie humana.

En La mosca (1986), Cronenberg da cuenta de la mutación de un científico en la figura de un insecto volador, pero el director dialoga también con la transformación no solo física de un ser humano devenido en insecto, dialoga también con su descenso moral y su reducción a un ente que inspira compasión y que hace consciente su indefensión mental y corporal, condición irremediable al destino que le espera.

Cronenberg ha vuelto a ser Cronenberg este 2022 con Crímenes del futuro, una cinta cargada de un extraño erotismo, de una revisión a un futuro que ya está aquí, a una forma voluntaria del ser humano obsesionado con transformar y degradar su cuerpo y su mente

Es el horror del futuro y su distopía. El homo sapiens convive en un mundo cuasi artificial en donde las personas (hombres y mujeres), encuentran el placer a través de la transformación de sus cuerpos. El dolor como lo conocemos, ha desaparecido y eso, lo dicen en la cinta, “vuelve al mundo un lugar más peligroso”.

En ese mundo extraño se mueve Saul Tenser (Viggo Mortensen), un artista del performance que es capaz de generar nuevos órganos en su cuerpo y con la ayuda de su compañera Caprice (Léa Seydoux), crea espectáculos hipnóticos, eróticos y rabiosamente repulsivos, pero imposible dejar de verlos.

Crímenes del futuro es un futuro-presente que hace al mismo tiempo un eco del pasado porque si ya la mutación-transformación del cuerpo humano es una costumbre milenaria en diversas culturas alrededor del mundo, el punto al que nos convoca la obra de Cronenberg es ver cómo ahora el cuerpo se desvanece en la futilidad y el imperio de la moda y en una concepción del arte enteramente divergente de los cánones de la estética clásica.

La cirugía es el nuevo sexo”, le dice a Saul la joven Timlin, (Kristen Stewart), una investigadora del Registro Nacional de Órganos.

Timlin se refiere así a la mutación corporal porque la humanidad ya no requiere, necesariamente, la forma tradicional de practicar el sexo.  Esa forma antigua de hacer el amor es casi como objeto de museo, una práctica insabora que no genera satisfacción y orgasmos como lo hacen los tatuajes, los nuevos órganos (no precisamente vitales), los cortes en la cara o una autopsia.

Esa forma de presentar el placer, la sexualidad, la satisfacción del cuerpo de maneras singulares, ha sido una de las obsesiones narrativas de Cronenberg. En Crash (1996), el canadiense nos mostraba a una pareja que, junto a un grupo de fetichistas, se unen para encontrar la excitación a partir de accidentes automovilísticos reales o recreados.

No de manera gratuita a David Cronenberg se le ha calificado también como un maestro del horror corporal, tendencia cinematográfica que muestra el cuerpo humano y sus transformaciones de manera grotesca, lejos de la normativa que dicta una fisonomía en sincronía con lo que biológicamente representa al hombre y a la mujer.

Y así se nos presentan los crímenes del futuro: con un humano grotesco, absorbido por los nuevos estereotipos que consideran al plástico incluso como una posibilidad alimenticia, una fuente de energía corporal que puede llegar a sustituir a la nutrición tradicional y dinamitar los paradigmas del plato del buen comer.

Un ser humano plástico que conceptualiza la evolución con cánones morales y éticos distintos, en donde la escala de valores se diversifica y se entiende la propiedad del cuerpo como una posibilidad de la libertad para llevar el organismo a niveles de transformación más allá de los límites y en donde la medicina se habrá puesto en un punto de inflexión para el cual no hay retorno.

Crímenes del futuro es absolutamente rocambolesca, es una inmersión a un mundo de horror y repugnancia al que, por el contrario, es imposible dejar de ver, imaginar y pensar que ese paisaje es ya nuestro, tan cotidiano, que Cronenberg lo único que hace es narrarlo desde su carácter hiperbólico

Y, sin embargo, el futuro dejará de serlo para convertirlo luego en una normalidad y normativa vigente.

Bajo tales expectativas no solo nos encontramos con una fastuosa obra de horror corporal, acudimos también a una transformación de lo social en donde, ya se dijo, la concepción moral y ética de una sociedad ha mutado en estadios de percepción que se asemejan a un mundo “libre” marcado como una era en la que el dolor es un concepto ajeno.

Esas transformaciones u horrores sociales, David Cronenberg las pone también de manifiesto en dos obras fundamentales de su filmografía: en Cosmópolis (2012), el capitalismo como sistema económico ve la llegada de su debacle y es entonces que Eric (Robert Pattinson), un joven multimillonario, ve cómo, desde su limusina, el mundo se cae a pedazos para darle paso, quizá, a un nuevo orden no precisamente deseable.

Muchos años antes, Cronenberg advertía ya de la fuerte presencia de los medios masivos de comunicación en el comportamiento humano. En Videodrome (1983), el director canadiense teorizaba en una violenta cinta, cómo los mass media serían capaces de dominar la voluntad del ser humano sin dejarle respiro alguno.

Cierto y en eso coincide toda la crítica, el cine de Cronenberg no es para todos los ojos. Absténganse los sensibles, los cerrados a nuevas posibilidades narrativas, los aferrados a cánones de lo humano que parecen quedarse atrás del escenario y paisaje de Crímenes del futuro.

El veterano Cronenberg tiene décadas advirtiendo esa mutación del mundo.

The Humans

Para continuar con esta serie de cuatro cintas enfocadas a presentarnos un horror alejado de los seres de ultratumba, Road Movie reseñará dentro de quince días una película que nos muestra el concepto de familia como una especie capaz de provocar otro tipo de miedos en la dinámica de su disfuncionalidad.

¿La obra? The humans. ¿El director? Stephen Karam.

  • Fotograma: Crímenes del futuro