Claudia Paulina Machuca Chávez, doctora por el CIESAS y profesora-investigadora en El Colegio de Michoacán, es autora de investigaciones históricas que arrojan evidencia contundente sobre la presencia-influencia de elementos culturales que viajaron de Asia a América.

La piña, por ejemplo, es originaria de América y viajó a Asia; la palma de coco es nativa de Asia y fue adoptada en América (Paulina Machuca (2013), El arribo de plantas de las Indias Occidentales: el caso del Balsas-Jalisco a través de las relaciones geográficas del siglo XVI (Relaciones, Zamora, El Colegio de Michoacán, número 136, p.73).

A decir por la científica colimense, “el continente americano experimentó, en el siglo XVI, la más grande revolución biológica, desde el fin del Pleistoceno. Gracias a las navegaciones de lusos e hispanos, oleadas de plantas fueron diseminadas en América. En la década de 1580, se introdujeron cientos de plantas en América” (Ídem).

Las producciones científicas de Machuca Chávez, demuestran la contundente presencia de cultura material de influencia asiática en la provincia de Colima, a partir del siglo XVI

Por ejemplo, los cocos chocolateros, la moda de cariz oriental y las hermosas telas de Asia (Paulina Machuca (2012). De porcelanas chinas y otros menesteres. Cultura material de origen asiático en Colima. Siglos XVI-XVII, Relaciones, Zamora, El Colegio de Michoacán, número 131, p.85). Según Machuca, “la posesión de artículos orientales daba mayor prestigio social; era una forma de participar del cosmopolitismo de la época (Ibídem, p.79). Existía una admiración hacia China, sociedad milenaria, por eso “los padres de la Compañía de Jesús, estudiaban con esmero, los caracteres chinos” (Ídem). El Galeón de Manila, por cierto, es un fenómeno comercial y cultural del XVII.

Gavin Menzies, autor del libro, 1421. El año que China descubrió el mundo, afirma que las migraciones físicas y culturales de China al actual México, iniciaron, al menos, 78 años antes que Cristóbal Colón inventara América.

Las bases científicas y tecnológicas de las expediciones de finales del 1400, encabezadas por españoles y portugueses, están en los recorridos marítimos emprendidos por los chinos, en la Baja Edad Media. Fechados en 1424, Menzies encontró en la Universidad de Minnesota, mapas y cartas náuticas firmadas por Zuane Pizzigano, viajero veneciano. El hallazgo incluyó mapas de la Patagonia, los Andes, la Antártida, la Costa Oriental de África, Groenlandia y Australia.

Los navegantes de esos tiempos, trasplantaron animales y plantas por todo el globo” (Gavin Menzies (2006), El año en que China descubrió el mundo, México, Debolsillo, p.33). “Colón, vasco da Gama, Magallanes y Cook, aprovecharon los mapas chinos para hacer sus travesías” (Ibídem, p.38).

La historia oficial de las exploraciones afirma que el 12 de octubre de 1492, al divisar tierra en las actuales Bahamas, Cristóbal Colón descubrió América.

La Contrahistoria dicta que las flotas chinas realizaron viajes de exploración en los primeros días del siglo XV. El último partió en 1421. Los barcos supervivientes regresaron a China en 1423.

Los mapas demuestran que exploraron la Antártida y el Ártico, América del Norte y del Sur; cruzaron el Pacífico hasta Australia (Ibídem, p.37).

El 2 de febrero de 1421, Zhu Di asumió como emperador de China. Éste ordenó la ampliación de los astilleros de China, más allá del puente oriental de Nankín. Comisionó a Zheng He, su eunuco favorito, la comandancia de la flota china (Ibídem, p.51). Zhu Di amplió la flota china, incluidos los barcos de guerra y la flota mercante (Ibídem, p.53). Zhu Di restauró la práctica nocturna de registrar las estrellas. El objetivo era perfeccionar los métodos para utilizar las estrellas como guía (Ibídem, p.55). El 2 de febrero de 1421, Pekín sustituyó a Nankín como capital de China (Ibídem, p.60). China era la vanguardia cultural.

La presencia china se constata en la cerámica de los pueblos ubicados en la costa de Michoacán, en los pollos asiáticos diseminados por el Pacífico, en las gallinas de huevos azules, en las rosas, en la porcelana y en el arroz (Ibídem, p.244). En Uruapan, se encuentra la laca, introducida por los chinos. También el trabajo artesanal del cobre en los grandes cazos del Estado de México y de Michoacán, está China (Ibídem, p.267). Los chinos se llevaron de México el nopal, el amaranto, el maíz y la cochinilla (Ibídem, p.263). Estos intercambios culturales entre China y México, tuvieron lugar antes de Colón.

Ma Huan, historiador chino que viajó en la expedición de 1421, registró en su libro, Exploración general de las tierras oceánicas, detalles importantes: 

Las concubinas de las flotas del tesoro se reclutaban entre los burdeles flotantes de Cantón. Pertenecían a un grupo étnico denominado tanka, descendientes de emigrantes que habían abandonado los lugares remotos del interior de China para dirigirse a la costa con el fin de dedicarse a la pesca de perlas. Hablaban un peculiar dialecto, y se diferenciaban de las mujeres chinas en que se negaban a dejarse vendar los pies. Tenían prohibido desembarcar en ninguno de los puertos de escala, así como casarse con hombres chinos. Asistían a los suntuosos banquetes que se celebraran a bordo de los barcos del tesoro y se les enseñaba cómo aguantar la bebida, ya que consumían enormes cantidades de ella. Se les daba una buena educación, y además de satisfacer las necesidades sexuales de los embajadores y enviados, se esperaba de ellas que supieran jugar a las cartas y al ajedrez, que representaran obras de teatro, y que supieran cantar y bailar. La mayoría de ellas eran budistas, un credo que adoptaban debido a su enseñanza del amor universal, la compasión y la igualdad de todos los seres, hombres y mujeres, emperadores o prostitutas. A las prostitutas no se les miraba con desprecio a causa de su profesión, sino como una parte de la sociedad consolidada, legítima y necesaria. De hecho, el sexo se consideraba sagrado. Todos los hombres eran libres de tener concubinas. Los chinos invitaban a los gobernantes a visitar Pekín, y los enviados extranjeros podían vivir en un paraíso desde que abandonaban su país hasta que regresaban a él, un año después o más. No resulta sorprendente que se apresuraran a aceptar la invitación de visitar Pekín. Las concubinas y sus invitados podrían disponer de ayudas sexuales y afrodisíacos. El más popular estaba formado por un par de lagartos rojos, capturados mientras copulaban, a los que se sumergía en una jarra de vino. Luego se dejaba reposar el vino durante un año, ante de venderlo. Estaban los genitales de castor, animal lascivo, de los que se obtenía una grasa que se untaba en el pene. Resultaba popular la poción del pollo calvo. El nombre se derivó de un prefecto de Shu que empezó a tomar el elixir a los 70 años. Su esposa quedó tan exhausta de su posterior virilidad que no podía sentarse ni acostarse. Instó al marido a que tirara la poción. Entonces un gallo joven la ingirió, saltó sobre una gallina y siguió copulando varios días sin interrupción, picoteando la cabeza de la gallina hasta que la dejó calva. El clásico lecho de las concubinas estaba decorado con frutos simbólicos. Las colchas estaban bordadas con motivos que representaban ramas de ciruelo en flor, ya que este árbol representaba el placer y la plenitud sexual. El melocotón representaba los genitales de la mujer, mientras que la granada encarnaba la vulva femenina. Cuando los enviados embarcaban, con frecuencia llevaban granadas como regalo. De día, las concubinas usaban pantalones anchos. Para hacer el amor, solían llevar mo xiong, un sujetador rojo y medias de seda. Se esperaba que los enviados y las concubinas lavaran sus partes antes y después del coito. Se disponía de un anticonceptivo masculino, un preservativo llamado, yin jia, mientras que una gelatina de agar actuaba como lubricante y desinfectante. Las enfermedades venéreas eran raras. Para las cortesanas, los viajes ofrecían la posibilidad de alcanzar su objetivo último: ser liberadas para unirse a un hombre que las amara. Un enviado podía pedir que una determinada concubina desembarcara con él, en su lugar de origen, y cuando la flota zarpaba, ella permanecía a su lado. A bordo se las respetaba y protegía. Cuando una de ellas no lograba alcanzar su sueño y se hacía mayor para atraer a los hombres, se le asignaba la tarea de instruir a las mujeres más jóvenes en el canto y el baile. Para cuando los enviados extranjeros abandonaban los barcos del tesoro, algunas de las cortesanas habían quedado embarazas, pero no hay constancia de qué ocurría con sus hijos. Las concubinas cocinaban, tejían, trabajaban la seda, fabricaban soga de cáñamo, cuidaban los tiestos de soja y los gallineros de pollos. Se les requería para entretener a los extranjeros. Cualquier miembro de la tripulación que se acercara a sus aposentos, era ejecutado. Los eunucos las cuidaban” (Ibídem, p.98).

De la destilación, los chinos obtenían licores y vinagre. En los juncos transportaban agua dulce. Los chinos sabían destilar el agua de mar, utilizando parafina o grasa de foca. Esta capacidad de desalar agua de mar y las verduras frescas les facilitó el atravesar mares

Su dieta resultaba más variada y nutritiva que la que Magallanes proporcionaría a su tripulación, casi un siglo después. Los marineros chinos llevaban perros especializados en la caza de ratas; utilizaban arsénico para matar a las chinches y a los insectos. Favorecían el crecimiento de las plantas (Ibídem, p.280).

¿Invención o descubrimiento? América es, antes que todo, un problema de semántica histórica. La historia de los conceptos, campo científico fundado por Hans-Georg Gadamer y Reinhart Koselleck, intelectuales alemanes, brinda las herramientas y los marcos discursivos para atender dicho asunto académico.

Publicado en inglés, La invención de América de Edmundo O Gorman, vio la luz editorial en 1958. Es un texto de filosofía de la historia. El libro refuta la idea del descubrimiento de América, propuesta hecha, inicialmente, por Fernández de Oviedo, primer cronista de la Indias, en 1533. La apropiación, conquista y dominio de América por parte de Europa se dio desde el lenguaje, desde el concepto.

El descubrimiento de América es un dogma en la historiografía universal. Es la interpretación de un hecho. Eso que la historia oficial denomina “descubrimiento de América”, es afirmación fundada en una idea previa, acerca de un hecho. Debemos examinar el hecho mismo de la interpretación, como un problema de la filosofía y de la historia científica. Hay que reescribir la historia de la idea de que América fue descubierta. Hay que alejarnos de la idea del descubrimiento de América, para deconstruir. América fue inventada, no descubierta (Edmundo O Gorman (1980), La invención de América, México, Fondo de Cultura Económica, p.2). Conceptualmente, ¿qué nos dice descubrimiento y qué invención? Es un problema de orden semántico.

La Contrahistoria de las expediciones a Nuevo Mundo, registra los viajes de los vikingos, quienes, en el 800, entraron en la historia de Europa (Rudolf Portner (1975), La saga de los vikingos, Barcelona, Editorial Juventud, p.4). Poblaron Islandia y Groenlandia. 500 años antes que Colón, se establecieron en América

Los irlandeses, escoses, daneses, suecos y noruegos, colonizaron Islandia, a partir del 860. Esa mezcla racial configuró a los vikingos que luego arribaron a Groenlandia (Ibídem, p.61). Culturalmente hablando, los vikingos fueron la suma de escandinavos y celtas. Para el 930, las tierras habitables de Islandia, estaban tomadas por completo (Gwyn Jones (1965), El primer descubrimiento de América, Barcelona, Ediciones de Occidente, p. 47).

En la isla de Groenlandia, con una extensión de 2.2 millones de kilómetros cuadrados, Erik El rojo fundó las colonias de Julianehaab y Godthaab (Portner, p.63). En 1961 se descubrió la iglesia de Thjodhild, cerca de la granja de Erik El rojo, en Brattahlid, Groenlandia (Jones, p.14). Erik fue el primero en colonizar Groenlandia, no en descubrirla. Groenlandia se pobló con migraciones islandesas. Erik nació en Noruega (Ibídem, 73). Cazaban caribú, ballena, foca y oso. Comían pescado y trigo. Trabajaron el hierro y la madera. En Groenlandia, los vikingos procedentes de Islandia, compartieron espacio y temporalidad con los esquimales, quienes migraban de Alaska siguiendo la ruta de las focas y de las ballenas (Ibídem, p.93).

Vinlandia era el nombre con el que los Vikingos se remitían al imaginario norteamericano. Vinlandia abarcaba de Groenlandia hasta el actual, Estados Unidos. La arqueología demuestra la presencia de los Vikingos en Minnesota, Boston y Rhode Island, Estados Unidos, durante la Baja Edad Media (Portner, p.79). Vinlandia, es decir Norteamérica, era la tierra de la abundancia, del trigo y de las viñas con las que se produce vino-Vinlandia (Jones, p.123).

Pugno por la contrahistoria. Basta de historia oficial.

Fuentes consultadas

Edmundo O Gorman (1980), La invención de América, México, Fondo de Cultura Económica.

Gavin Menzies (2006), El año en que China descubrió el mundo, México, DEBOLSILLO.

Gwyn Jones (1965), El primer descubrimiento de América, Barcelona, Ediciones de Occidente.

Paulina Machuca (2012), De porcelanas chinas y otros menesteres. Cultura material de origen asiático en Colima. Siglos XVI-XVII, Relaciones, Zamora, El Colegio de Michoacán, número 131.

Paulina Machuca (2013), El arribo de plantas de las Indias Occidentales: el caso del Balsas-Jalisco a través de las relaciones geográficas del siglo XVI, Relaciones, Zamora, El Colegio de Michoacán, número 136.

Rudolf Portner (1975), La saga de los vikingos, Barcelona, Editorial Juventud.

  • Ilustración: Presunto mapa elaborado por Zheng He en el siglo XV