La técnica es no dejar de ser amable nunca: una sonrisa, un saludo, incluso un chiste.

Pero de la misma forma en que usted buscaba antes el encuentro casual, ahora no sólo no lo buscará; intentará evitarlo, o lo hará en grupo cuando sea inevitable. Cambiará de rutas y rutinas, de sitios y situaciones.

Así, poco a poco, usted se irá disolviendo en el tiempo. Como esa cara familiar que se pierde entre las multitudes, llegará el momento en que sólo provocará un ceño fruncido, un titubeo, quizás una corazonada.

Un día lo verán a usted en una foto y alguien se preguntará cómo se llamaba, quién era, por qué no me acuerdo de él

Usted se habrá convertido en un recuerdo borroso, en una pieza que no encaja en el rompecabezas, o, en el mejor de los casos, en una mera curiosidad antes de que alguien levante la cabeza y vuelva a la cotidianidad. Esa cotidianidad de la que usted quiso ser parte alguna vez.

  • Foto: Danny Santos II