Los padres y familiares de los 43 normalistas, acompañados por varias asociaciones civiles, partieron rumbo a la Basílica de Guadalupe. Navidad en la carretera por la memoria y la justicia

 

El objetivo de la ‘Caravana +43, por la memoria y la justicia’ es mantener viva la lucha. Mantener inmaculado el recuerdo de la noche de Iguala, cuando los jóvenes normalistas fueron atacados por presuntos integrantes del grupo Guerreros Unidos y policías preventivos de la localidad. Ya han pasado 27 meses y el Gobierno mexicano, no sabe, no contesta. Los familiares mitigan la desesperación y el dolor con resistencia. Y esta caravana.

Navidad en la carretera. Buscando respuestas. Y con la esperanza de que les devuelvan con vida a los 43. De Tixla hasta la Ciudad de México para acabar el viaje en la Basílica de Guadalupe. Mientras la rabia social se apaga, ellos continúan caminando. Un trágico cuento de Navidad en el que se han quedado casi solos. Aunque puede que siempre lo estuvieran.

La indignación social en este México es efervescente. Le falta verdad y le sobra pose. Fuegos de artificio en las redes sociales y evidentes síntomas de impotencia

México es una nación cuando juega el Tri. El resto de los días cada quien en su cuadra se preocupa por seguir respirando. Quizá sean demasiados fuegos que apagar. Demasiado humo para concentrarse. La violencia galopa a sus anchas y para los héroes no hay Navidad. Casi siempre mueren antes.

Los 43 no fueron los primeros ni tampoco los últimos. Los números dificultan la perspectiva. Las matanzas y desapariciones ya solo llaman la atención si las víctimas alcanzan la decena. ‘Mueren tres’ dejó de ser un titular atractivo hace tiempo. Los heridos no cuentan. Pero cuarenta y tres sí es un número goloso. Con una catástrofe de esta magnitud en muchos países la presión social hubiera tumbado al Gobierno. Una investigación seria y clara es lo mínimo exigible en una democracia. No el esperpento en el que han convertido la versión oficial.

Además del drama que hay detrás de cada familia de los 43, y la impotencia que acompaña sus noches, lo peor de todo es que en el aire fluye la nítida idea de que volverá a pasar. Y así, una tragedia solapará a la otra. Y 43, entonces, nos parecerán menos comparados con los cien de aquí o los noventa de allá. Por eso tiene importancia las caravana. Las críticas a esta campaña son tan legítimas como inútiles. Ellos saben que el movimiento dificulta el olvido.

¡Buen viaje!

 

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