Cuando el mundo parece caerse a pedazos como atestigua el presente, la famosa máxima del expresidente chileno, Salvador Allende, cobra una vigencia vital cuando la esperanza amenaza con abandonar toda posibilidad de regeneración: “ser joven y no ser revolucionario, es hasta una contradicción biológica”.

Pero las revoluciones en el mundo y a lo largo de su historia, parece que han terminado por ser una entelequia, ese espejismo en el desierto que solo enardece la sed porque, los que hacen la revoluciones, suelen y terminan por convertirse en una copia fiel de aquello que odiaron y combatieron hasta sus últimas consecuencias.

Es entonces que la revolución se convierte en utopía que termina por eliminar el humanismo bajo el que nacieron. Se convierten en la cruda moral de aquella borrachera épica que enarboló una vez los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de los revolucionarios franceses en el siglo de las luces.

Estas primeras disertaciones de la historia, surgen apenas termina uno de ver Capitán fantástico (2016), de Matt Ross, una cinta que cuenta la historia de Ben (extraordinario Viggo Mortensen), un padre de familia que cría a sus seis hijos en el bosque más recóndito de los Estados Unidos, alejado del mundo urbano, de la sociedad de consumo y el mundo inventado por el capitalismo y la industrialización.

Capitán fantástico‘ es la historia de una rebelión particular, de un padre de familia revolucionario que cree con firmeza en las bondades de la naturaleza, en la fuerza del hábito lector y la disciplina del intelecto para crecer, madurar y enfrentar el salvajismo de la modernidad y sus desigualdades sociales

Pero la muerte de su esposa, hará que Ben se tope de golpe con la realidad, con ese incesante avance de lo que llamamos progreso. Ben, que paradójicamente se apellida Cash, tendrá que empezar a entender que la oposición más allá de los límites hacia todo lo que se desprecia, debe en ocasiones tener frenos, mesura para asimilarlo de la mejor manera.

Escribía Roger Bartra, en una edición especial de Machete, la extinta e histórica revista del Partido Comunista de México y a propósito de los cien años de la Revolución de Octubre: “que el capitalismo sigue siendo un sistema que genera formas atroces de explotación. La miseria social y espiritual que auspicia ha cambiado de forma, pero no ha dejado de ser una tendencia maligna en las sociedades actuales”.

Sin embargo, Bartra reconoce a cien años de la Revolución Rusa y la toma del Palacio de Invierno, que hoy, muchas décadas después, el capitalismo en realidad nunca estuvo ni siquiera cerca de su debacle, que nunca su camino rondó el colapso revolucionario, por el contrario, Roger Bartra ataja y señala que: “en la izquierda se extiende cada vez más la idea de que frenar el capitalismo no solamente es inútil y casi imposible, y que el solo propósito es fruto de una actitud reaccionaria. Se ha dicho que es necesario adecentarlo, domesticarlo y corregirlo en beneficio de lo más explotados”.

Ben Cash, ha sido testigo de las ventajas de educar a sus hijos de una forma revolucionaria, de saber que física y espiritualmente sus herederos son sanos y fuertes, que entienden la vida desde un pensamiento complejo y lejos de la simplicidad ramplona de los jóvenes aletargados, alienados y estúpidos, presos de la virtualidad, el desprecio por la ética y los valores de humanos de los que Ben se siente orgulloso al saber que sus hijos los han sabido asimilar.

¿Pero no es acaso también la visión determinista de un mundo amparado solo por la naturaleza, una especie de caverna platónica? ¿No ve uno también quizá solo sombras y no advierte que hay otra realidad allá, afuera?

Ese afuera lleno de obesos físicos y mentales, lleno de deshumanización e individualismo, pero al final de cuentas, otra realidad que es preciso conocer y tratar de conciliar para no ser relegado a un mundo utópico que cada vez se encuentra más alejado de lo que hace humano al ser humano. Una utopía revolucionaria que choca con lo más atroz de lo desigual, pero una realidad a la que ya no podemos sustraernos.

No hay un postcapitalismo, Ben habrá de darse cuenta de la manera más dolorosa, no hay un después del capitalismo salvaje porque el salvaje sistema todavía está ahí, en un mundo que, dice uno de los hijos de Ben, es un mundo subeducado y sobremedicado.

Dos calificativos que encajan perfecto en la descripción de ese estado de las cosas que tanto aborrece el Capitán fantástico de esa pequeña tribu que es su familia: subeducado y sobremedicado, un mundo que abraza el mundo material y abandona su suerte al espectro de las medicinas que hoy parecen curarlo todo y vive esperanzado en la llegada de la nueva vacuna que habrá de exorcizar los demonios que lo azotan, mundo incapaz de curarse o mantener la salud por medios más amables y naturales.

Es entonces que la familia Cash, es invitada a no resistirse más, a incluirse en ese virus de la distopía, en ese ente que, como en aquel clásico de la ciencia ficción, Usurpadores de cuerpos (1978. Philip Kaufman), a los que se resisten a no ser invadidos, se les dice que no es tan mala la experiencia, que no teman, que no dolerá.

¿Un nuevo mundo?

Plantea Ramón González Ferriz en su libro, 1968: El nacimiento de un nuevo mundo (Debate. 2018) y reseñado por el ensayista Carlos Granés en la revista Letras Libres en su edición 232: ¿qué dejó el mayo del 68?.

¿Qué dejó esa revolución estudiantil en Europa y América si al final de cuentas no se dio ningún cambio de sistema, ni se dieron políticas distintas?

Granés interpreta la obra de González Ferriz y dice que ese nuevo mundo del que habla el autor, es aquel 68 que se convirtió en un performance contracultural y en esa configuración, dice Granés: “el capitalismo y las corrientes de pensamiento liberal incorporaron con bastante facilidad la legitimación social y cultural de las demandas del sesentayochismo, que incluían, principalmente, la libertad sexual y la autonomía del individuo frente al Estado”.

Así, Cash y su tribu tendrán que enfrentar al monstruo de la modernidad y sostenerle la mirada sin que, en el intento, pierdan su dignidad tan bien ganada rebelándose ante un mundo que en su interior saben bien, ha errado el camino de manera miserable.

  • Fotograma: Capitán fantástico
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