Este texto está sustentado en una investigación hemerográfica, realizada en el Archivo Histórico Municipal de Irapuato, Guanajuato, México. La primera fuente está fechada en 1909 y la última en 1951.

En la narrativa, el Hotel Rioja ocupa un lugar central. Éste fue inaugurado en 1905, en 1964 fue remodelado, en 1974 fue vendido a la empresa, Real de Minas, y desde el 2009 es conocido como Hotel San Francisco (Ayala, 2019). Se ubica en el centro histórico de la ciudad fresera, corazón del Bajío mexicano.

Como quedará demostrado a lo largo de las siguientes cuartillas, la prostitución en Irapuato, durante la primera mitad del siglo XX, estuvo ligada a las cantinas, a las cervecerías, a las pulquerías y a las fondas del Mercado Central, hoy Mercado Miguel Hidalgo, situado en la Plazuela que lleva el mismo nombre del libertador jesuita nacido en Pénjamo, Guanajuato, frontera con La Piedad, Michoacán.

Pénjamo es una ciudad de frontera adscrita a una región musical cuyo rasgo principal encarnan los duetos femeninos de la canción ranchera. Desde la década de 1930, las migraciones de penjamenses a Irapuato, aumentaron, debido a la aparición de estaciones de radio en Irapuato. El fenómeno migratorio se consolidó con el Programa Bracero. Irapuato fue centro de contratación de braceros. Las familias penjamenses emigraban a Irapuato por razones económicas y porque en ella estaba la XEWE y la XEBO, difusoras de la música popular mexicana. Los duetos femeninos de la canción ranchera eran nacidos en el sur de Guanajuato, pero necesitaban de Irapuato para aspirar a una mediatización que luego les permitiera irse a la Ciudad de México y grabar en los sellos discográficos. Un circuito económico de la música mexicana era: Pénjamo-Irapuato-Ciudad de México.

En marzo de 1909, periódico El Día, registra la inauguración de una cantina en uno de los locales del Hotel Rioja, en la calle de Zueleros, costado poniente de la parroquia. El negocio fue bautizado como La Michoacana. Abarrotes y cantina, propiedad de Manuel Vázquez Ortega

Complementariamente, la publicidad anuncia que Mercería La Providencia de José Riquelme, “distribuye aguas gaseosas y sodas refrescantes a las cantinas” (La Providencia, 1909). Estamos delante de un circuito económico. Una red de distribución comercial, en torno al alcohol, fue tejida.

Ya en la década de 1930, se anuncia mano de hierro para los cantineros. La Presidencia Municipal, de acuerdo con las autoridades militares, recordó a los propietarios y encargados de expendios de bebidas alcohólicas, la prohibición de acceso a esos centros de vicio, a menores de edad, mujeres y uniformados.

La primera infracción registrada, será castigada con multa de cinco pesos; la segunda con 10 pesos; la tercera con 50 y la cuarta con la clausura del establecimiento” (Labor, 1931).  El propósito era restringir y extirpar “todo aquello que redunde en la relajación de las costumbres y en la inmoralidad”. El patrocinador de la nota fue Tenería Kauffmann, referencia que nos invita a recordar la importancia de Irapuato, a principios del siglo XX, como importante centro manufacturero de calzado en el Bajío, antes que León.

Considerado por las autoridades municipales de Irapuato como un problema, en 1932 emprenden campaña contra la práctica de empeñar prendas de ropa en las cantinas, a cambio de bebidas alcohólicas. El Municipio amenazó con clausurar establecimientos de insistir en esta práctica (Labor, 1932). Los periódicos de la época registran trifulca en el Hotel Rioja. La situación descrita se repetirá a lo largo de la primera mitad del XX, como veremos en las páginas siguientes que dan vida a este apartado sobre la prostitución en Irapuato. Inviable abordar el fenómeno histórico de la prostitución y el alcoholismo en Irapuato durante el XX, sin remitirnos al Hotel Rioja.

1942 es un año marcado por sangre. Las cantinas se convierten en centro de disputas. Un hombre es asaltado en la cantina Barrio Rojo (Guanajuato. Diario del Bajío. 1941) cuyo propietario fue Magdaleno Gutiérrez

Miguel Maciel, joven trabajador de la jabonería La Constancia, fue ultimado en la zona de tolerancia. Los hechos ocurrieron en un centro de prostitución ubicado en la calle Manuel Acuña #23, regenteado por Máximino Gómez. Víctima del alcohol, Maciel humilló a las prostitutas, destapó gran cantidad de botellas y luego se negó a pagarlas. Respaldado por los amigos influyentes que lo acompañaban, quienes eran empleados municipales, arrojó una botella al rostro de Gómez, quien desfundó una pistola y disparó tres balazos sobre Maciel.

El herido, pistola en mano, se abrió paso y salió a la calle, perdiéndose en las tinieblas. Los músicos de la orquesta, para favorecer los intereses de su patrón, se pusieron a tocar, desaforadamente, una pieza de intención obscena, mientras las hetairas, con los mismos fines, bailaban unas con otras, ebrias. Maciel, en tierra, era presa de atroces convulsiones. La infernal algarabía en el prostíbulo, impidió la oportuna presencia de los agentes de la autoridad, que llegaron un cuarto de hora después; aunque siempre antes que la ambulancia de la Cruz Roja, que hizo su aparición 30 minutos de haber sido llamada. A Miguel Maciel le practicó el médico, Abelardo Leal Rodríguez, en el Sanatorio del Centro, secundado por el médico Briones Pérez, una delicada operación. En caso de salvarse, Miguel Maciel quedará con hemiplejia”, (Guanajuato. Diario del Bajío.1942).

En el Cabaret Imperial, centro de vicio ubicado a unos pasos del Hotel Rioja, se suscitó un escándalo que requirió la presencia de la policía. Los celos del amasio de Pomposa Ortiz, dueña del lugar, fueron la causa de terrible golpiza “que la bañó en sangre; aunque el Otelo de barriada también resultó lesionado de la cara” (Guanajuato. Diario del Bajío.1942).

Seguramente ya se percataron que aparecen nombres de cantineros, padrotes, médicos, cantinas, prostíbulos, calles y nosocomios. Es relevante porque permite el dibujo mental de una infografía sobre la prostitución en Irapuato, ciudad de importancia mayúscula para el Bajío mexicano: centro ferrocarrilero, pionero agroindustrial y poseedor de una de las zonas militares más relevantes de México. 

El 20 de enero de 1946, en la cantina del Hotel Minerva se reunió “un grupo de valentones del vecino pueblo de Cuerámaro” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946). Por ánimos exaltados a causa de excesivas libaciones, dieron principio los insultos y el acariciar de pistolas. Como el recinto era estrecho, los rijosos optaron por salir a la calle, donde no tardaron en disparar. Resultó herido Pablo García Moreno e ileso un conductor de Ferrocarriles Nacionales que cruzaba por el frente de la cantina. García Moreno, ex policía, había despojado de dinero y reloj, a joven estudiante de 15 años, frente a referido hotel.

La cantina Rhon y Coca Cola, que funcionó en la calle Sostenes Rocha, fue un epicentro de zafarranchos en 1946. El vecindario estuvo provisto de silbatos para pedir ayuda policiaca en cada zipizape que se registró en el centro de vicio

Escándalo sonado tuvo lugar en la cantina que nos ocupa, el 19 de los corrientes, habiendo sido necesaria la intervención de 10 policías para llevarlos a la cárcel” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946).

2 de junio de 1946. Vecinos de la calle Leandro Valle, no pueden tolerar las molestias que ocasionan las fonderas. Los quejosos deben soportar la mugre y el hedor de las fritangas y la música nocturna de las sinfonolas. Las estridencias de los aparatos electromecánicos terminan a las 5 de la mañana. No dejan dormir. Hubo manifestaciones frente al Hotel Rioja, ubicado en el Portal Carrillo Puerto (Guanajuato. Diario del Bajío,.1946).

19 de junio de 1946. Al filo de las 20 horas, se registró incidente en la cantina del Hotel Rioja. Fueron testigos de los hechos, conocidos políticos metropolitanos que visitaban Irapuato, en ocasión de la llegada del licenciado, Miguel Alemán, candidato a la Presidencia de la República. Fueron testigos Fidel Velásquez, secretario General de la CTM, Francisco García Carranza, diputado federal, y Luis Chico Goerne.

Por una indiscreción de Miguel Mota, el torero Juan Silveti se hizo de razones con Luis Gámez y terminó por golpearlo. Se armó trifulca. Gámez sufrió el despojo de su pistola, de su pluma fuente y de una cantidad de dinero que llevaba en el bolsillo del pantalón. El señor Mota recibió bofetadas y sus quevedos resultaron hechos pedazos. Vitrinas y vidrieras corrieron la misma suerte. Las autoridades no intervinieron, a pesar de lesiones, robo y daño a propiedad ajena (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946).

El escenario de desasosiego provocado por las cantinas, el consumo de alcohol y la prostitución reinante, generó reacciones municipales, ante las protestas de los ciudadanos irapuatenses. 1946 es clave para estudiar el fenómeno cultural

Simétricamente, cantineros y tenedores de sinfonolas se quejan ante las autoridades por los excesivos impuestos que deben pagar por el uso comercial de la música grabada. Desde luego, hay que pagar impuestos, pero no tan elevados, argumentan los dueños de cantinas, cervecerías y pulquerías de Irapuato (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946).

La prensa registró la disputa legal entre Municipio y cantineros. La decisión oficial consistió en poner un dique al vicio. Luis Salgado Rojas, presidente municipal de Irapuato, dejó de otorgar licencias para la apertura de cantinas. La premisa oficial fue “hacer imperar la moralidad”. Se puso un valladar al alcoholismo dominante. El Campo Militar Cuatro, acantonado en Irapuato, propuso la reglamentación “de cantinas y otros centros de vicio”; entiéndase pulquerías, fondas y cervecerías. “Hay que proteger a la juventud del libertinaje, la inmoralidad y sus consecuencias” (Guanajuato. Diario del Bajío.1946).

La Presidencia de la Junta de Administración Civil de Irapuato, dispuso la defensa de la moral pública, la derogación de permisos para evitar que funcionen nuevas cantinas y restringir la operatividad de las ya existentes, en horarios nocturnos. Las mujeres deben ser retiradas de los centros de vicio. Para la autoridad, los hechos sangrientos ocurridos en Irapuato, se explicaban en el consumo de alcohol.

Con limitar la actividad de las cantinas, pueden salvarse muchas vidas. El elemento femenino en los establecimientos donde se ingieren bebidas alcohólicas, contribuye a exaltar los ánimos y a que más fácil sea que surja una reyerta con el aliciente de la lujuria. Las tabernas-prostíbulos son el medio más eficaz para la propagación de enfermedades venéreas, pese a los esfuerzos y campañas sanitarias que se desarrollen”, expresó Luis Salgado Rojas, presidente municipal de Irapuato (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946).

Los cantineros de Irapuato, se ampararon. El propósito del Ayuntamiento era que sólo unos cuantos establecimientos operaran en horarios nocturnos. “La tendencia es moralizadora, pero no se meditó y carece de base legal” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946)

Los cantineros hicieron gestiones ante la Presidencia de la Junta de Administración Civil, para conseguir la reducción en el cobro de impuestos. Ante la indiferencia gubernamental, optaron por comisionar a un abogado. Éste interpuso el recurso de amparo ante el Juez de Distrito en Guanajuato. “Únicamente el Congreso del Estado se halla facultado para aumentar impuestos, no los Ayuntamientos”. La demanda de amparo fue entregada en la capital del Estado de Guanajuato. Ley dio la razón a los cantineros: 

La Junta de Administración Civil, en un afán moralizador, dispuso la elevación de las cuotas por permitir que las cantinas trabajaran horas extras, a partir de las 22 horas.  Los cantineros vieron afectados sus egresos fiscales de 7 a 70 pesos mensuales. Éstos contrataron al abogado, Alfonso Chico Patiño para tramitar un amparo de la Justifica Federal. El viernes último, acudieron los propietarios de cantinas solicitantes del amparo, a efectuar sus depósitos en Tesorería Municipal, donde no les fueron recibidos. Ayer la Tesorería Municipal aceptó los depósitos, pero la policía anduvo la noche del mismo viernes obligando a los cantineros a que, a las 22 horas, cerraran sus establecimientos. De acuerdo con la Cámara de Comercio y la Presidencia Municipal, a las 22 horas terminarán sus actividades los cantineros, quedando cancelada cualquier autorización de horas extras. Los propietarios de las cantinas que funcionan en la zona de tolerancia de Irapuato, manifestaron estar de acuerdo en cerrar durante el día y operar en las noches (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946).

“El amparo interpuesto por el abogado, Alfonso Chico Patiño, en nombre de los propietarios de las cantinas de Irapuato, contra actos del Presidente Municipal y el Secretario de la Junta de Administración Civil de Irapuato, e Inspector de Policía, por haberles aumentado el pago de las horas extra que venían trabajando por las noches, obtuvo del Juez de Distrito en el Estado de Guanajuato, la suspensión provisional del acto reclamado, con la condición de que garanticen los intereses fiscales. Los dueños de esos centros de vicio podrán seguir trabajando horas extras al precio que regía antes de la disposición que se impugna, hasta que se resuelva el fondo de la demanda. El Juez de Distrito tuvo en cuenta que la Junta de Administración Civil carece de funciones legislativas y de facultades para elevar los impuestos. El caso será resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ganaron los cantineros la suspensión provisional (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946).

Los problemas en las cantinas, no terminaron. Encabezados por Miguel Ayala, Margarito Alvarado y Jesús Razo, los vecinos de la calle Guerrero, elevaron una queja a la Presidencia de la Junta de Administración Civil, solicitando el cese de licencias para la apertura de más cantinas.

En la 5a calle de Guerrero, se han enseñoreado los centros de vicio como las cantinuchas regenteadas por mujeres de mala nota” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946).

Los vecinos acusaron a los cantineros de envenenadores de la sociedad. Se quejaron de las sinfonolas o ruídolas. Ciudadanos denunciaron la existencia de cantinas a unos metros de la primaria, Niños Héroes, cuando, según la ley, estaba prohibido

En la Ciudad de México, una cantina abierta en la calle No Reelección, a pesar de estar cerca de dos centros educativos y de una Iglesia parroquial, trabajaba sin restricciones (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948). Además del alcoholismo, la federación y los municipios, intensificaban su lucha contra los traficantes de marihuana (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948).

El Nevado de Toluca, cervecería que en 1946, atendía frente al Jardín Hidalgo, “sobre la banqueta que limita el lugar donde se levanta un busto del Padre de la Patria” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946). La prensa denunció la existencia de barracas expendedoras de cerveza, que combinadas con el uso inmoral de sinfonolas, aturden a los habitantes.

Un bracero de Oaxaca, se presentó la madrugada del 1 de julio de 1946, en los cuarteles policiacos de Irapuato. Testificó haber sido víctima de golpes y despojo de un reloj Steelco y un anillo de oro. Señaló como autores del delito al regenteador de una casa de asignación de la calle Manuel Acuña, apodado El poca lucha, y al cantinero del centro de vicio, Rodolfo Bonilla Campos. El cantinero declaró que el bracero había consumido cerveza por 162 pesos, lo que resultó absurdo para la autoridad, toda vez “que ni iba acompañado de nadie y su estado de ebriedad no se compadecía con el consumo reclamado por el dueño del centro de vicio” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1946).

Hemerografía de la época, registró la existencia de El Costeño, cantina ubicada en las calles de Ojinaga, Galeana y Corregidora. En ésta “se dan cita los viciosos, que lo mismo encuentran bebidas alcohólicas que mujerzuelas dedicadas a la prostitución” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1947).

El 21 de febrero de 1948, ocurrió un crimen en esta cantina y prostíbulo. El ejecutor fue el proxeneta, Refugio Salas, “de triste prestigio en los bajos fondos del hampa irapuatense” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948). Más hechos ocurrieron en la cantina El Salón Palacio, ubicada en la esquina de Pípila y 16 de septiembre, propiedad de Andrés Estrada. Otro señalado por las autoridades fue Pedro Martínez, regenteador del Salón Acapulco, “el cual opera a 12 metros de la Presidencia y a 40 de una escuela secundaria”. Matías Lino, chofer de Salas y Martínez, dueño y cantinero del Salón Palacio, fueron detenidos y puestos a disposición de las autoridades.

De un momento a otro será abierta en la calle Santos Degollado #74, una nueva cantina, como la más sangrienta burla a la moral pública. Están convirtiendo a Irapuato en el más sucio centro de vicio del Bajío” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948) reportó la prensa fresera. Nuevos expendios de alcohol en las calles Berriozábal y Santos Degollado (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948). Lesionado en cantina de la calle Lerdo de Tejada, propiedad de Lucio Gutiérrez; el médico José Briones Pérez, atendió al afectado (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948). En la misma rúa Lerdo de Tejada, pero en cantina propiedad de Francisco Campos, ocurrió el siguiente incidente: Jorge Ortega El Zeppelin asesinó a José Hernández Sánchez, obrero de la Compañía de Cigarros El Águila. Los hechos se desarrollaron a las cinco de la tarde del domingo. La víctima falleció en el Hospital Civil, a las 7 de la noche (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948)

En las cantinas se juega dinero y se admiten mujeres. Obreros dejan en las tabernas sus salarios; además de arriesgar en el azar, siendo víctimas de tahúres que por sus malas artes no permiten el desarrollo de un juego limpio que les brinde posibilidades de triunfo” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948) registró el periodismo de la época que, además, se volcó contra el Presidente Municipal de Irapuato, por la tibieza de sus acciones

Manuel Guerrero, entonces Presidente Municipal de Irapuato, respondió que se le acusaba de facilitar licencias para la apertura de cantinas y casas de asignación, sin fundamentos. A decir de Guerrero, los permisos concedidos para las cantinas y prostíbulos abiertos, fueron otorgados por su antecesor, Manuel González Carrillo. El 7 de diciembre de 1947 se concedió permiso a Felipe Torres para una cantina en la casa #28 de la calle Guanajuato. El 10 del propio mes y año, se autorizó a Elena González Muñoz, para abrir una casa de citas, con expendio de cerveza, en la calle Niños Héroes #78. El 26 del mismo diciembre se permitió a Benjamín Loera, abrir una cantina en la casa #4 de la calle Álvaro Obregón, acotó Guerrero (Guanajuato. Diario del Bajío. 1948).

La administración de Manuel González Carrillo, a decir por Manuel Guerrero, edil de Irapuato en 1948, autorizó la translación de las cantinas siguientes:

1.- Propiedad de José María López Mares, de la esquina de Colón y Leandro Valle a Lerdo de Tejada y Mercado Aquiles Serdán, el 22 de diciembre.

2.- Propiedad de Jesús Elías Arredondo, de 20 de noviembre #77 y 79 a Lerdo de Tejada #7.

3.- Propiedad de Francisco Martínez González, de Doctor Liceaga #54 a Manuel Doblado #1.

En 1948 había cantinas en Berriozábal #17, Santos Degollado, Terán y Colón. En Morelos pulquerías. En la zona de los mercado Aquiles Serdán y Central, también. Se registró la existencia de una casa de citas clandestina en el #52 de la Calzada Insurgentes, frente al Colegio Vasco de Quiroga. Destacaban La Hélice y El K.CH.T, pulquerías concurridas por la cumbancha fresera. Abundaban los centros de vicio. 

Nocivas de embriaguez, las cantinas eran lugares en los que se promovían juegos de azar. Con esa justificante, en mayo de 1949, fueron canceladas Las Delicias, propiedad de Antonio López Soriano y La Esperanza de Esperanza Trejo. Otras que funcionaban en las calles de Niños Héroes #10 y Guerrero #12, corrieron la misma suerte.

Alrededor de 40 cantinas en Irapuato que no satisfacen los requerimientos legales para su funcionamiento, serán cerradas”, pronunció el Ayuntamiento (Guanajuato. Diario del Bajío. 1949).

La Hélice, pulquería ubicada en las calles de Colón e Isabel La Católica, fue clausurada por el Municipio, debido a su cercanía con una escuela. Valiéndose de las influencias del dueño del Hotel Rioja, la pulquería reanudó actividades en la casa #26 de Vallarta, arrendada a Lucio Jaime. La nueva ubicación de La Hélice, quedó cercana a una fábrica de camisas, a la Casa del Deportista y las primarias, Niños Héroes y Revolución.

Los padres de familia, afectados por el peligro que amenaza a sus hijos, se mueven en el asunto. Los influyentes aseguran que altos funcionarios federales darán órdenes terminantes para que funcione ‘La Hélice’ (…)

Además de sucios centros de ebriedad, funcionan como peligrosas garitas”, expuso Margarita García Morales, habitante del centro de Irapuato, quien, además, apuntó a Guillermo Vera, propietario del Hotel Rioja, como promotor de vicios e inmoralidad (Guanajuato. Diario del Bajío. 1949).

Las fondas representaron una molestia constante para las autoridades de Irapuato, como para la sociedad en su conjunto. Así lo constatan las notas periodísticas. Muchas de ellas operaban bajo la razón social de fondas, pero en la cotidianeidad eran más cantinas y burdeles (Guanajuato. Diario del Bajío.1950).  

En ellas se podía disponer de vino y mujeres, a toda hora. Las fondas se concentraban en las inmediaciones del Mercado Central y en la calle Lerdo de Tejada. “Hay mujeres de la vida alegre. En esos comercios, autorizados para vender cerveza, se agrega la copa de licor y la compañía de las damiselas galantes” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1950). La clientela masculina era numerosa. Dichas fondas significaban una zona de tolerancia, con sus respectivos mitotes. Los cantineros reclamaban por la competencia desleal, gravadas con fuertes impuestos.

Con serpentinas incluidas, el 27 de abril de 1951, los diarios de circulación local anunciaban las permanentes requisas en centros de vicio, con el propósito de frenar la delincuencia (Guanajuato. Diario del Bajío. 1951). Las medidas gubernamentales no lograron su cometido:

Un balazo de pistola 45 le atravesó las dos piernas, la madrugada de ayer. Una mujer de la vida galante resultó herida la madrugada de ayer. El subteniente, Benjamín Cuevas Gómez y Miguel Zamora Santoyo, su amigo, se encontraban bailando con María Luisa Jiménez y Bertha Ramírez, cuando el segundo sacó una pistola calibre 45. Cortó cartucho y apuntó a Bertha. Cansada de tolerar sus imprudencias, le arrebató la pistola y la entregó al subteniente. Zamora Santoyo, indignado y poseído de ciega rabia, se abalanzó sobre el militar. Pretendía recuperar el arma. Como éste la sujetaba firmemente, quiso despojarlo de la que portaba con el uniforme. El cañón de la pistola se atoró en la funda y fue entonces que se produjo un balazo que hirió a María Luisa Jiménez, atravesándole ambas piernas. La Cruz Roja trasladó a la herida al Hospital Civil con el médico, José Briones Pérez. Los implicados fueron puestos a disposición del Ministerio Público Federal”,(Guanajuato. Diario del Bajío. 1951).

De agosto a diciembre de 1950, los periódicos de Irapuato siguieron con atención y detalle, la reubicación de la zona de tolerancia. Ésta se encontraba en las calles de Granaditas y Juan Escutia. Fue recorrida a la calle Guillermo Prieto, para luego ser concentrada, en su totalidad y de manera definitiva, en la calle Manuel Acuña (Guanajuato. Diario del Bajío, 1950).

La calle Manuel Acuña fue elegida por su forma irregular de herradura. Esto facilitó la edificación de un muro para que fuese imposible acceder a los prostíbulos por la calle Primo Verdad.

Esta medida constituirá una zona delimitada y excluida del tránsito de niños y damas honestas. Esos centros de disipación constituyen el peor ejemplo y el mayor peligro para la moralidad” (Guanajuato. Diario del Bajío. 1950). En el Irapuato de 1950, la calle Guillermo Prieto era un punto distante de la población. Las medidas entraron en vigor el 1 de diciembre de 1950. En la misma temporalidad, se construían dos primarias en la Calzada Insurgentes, donde antes funcionara el Hospital Militar.

Este trabajo académico se escribe en el 2020. Hoy los alrededores del antiguo Hotel Rioja continúan tomados por la prostitución callejera, mientras que la zona de tolerancia admitida como oficial, está en Isabel La Católica, mejor conocida como La Chabela , a unos metros de la central de autobuses. La situación no ha cambiado mucho. En esencia, la prostitución y las cantinas, siguen habitando el centro de Irapuato.

Las pulquerías desaparecieron. En la calle Colón quedan algunas cervecerías de mal aspecto.

  • Ilustración: Joel Bernal R.

Predial 2021