El único sentido que tengo intacto, es el sentido pésame(Boogie, el aceitoso)

Ahora que Diego Armando Maradona ha muerto, se ha recordado por estos días una de las expresiones más representativas que el humorista gráfico argentino, Roberto Fontanarrosa, le dedicó hace algunos años al exfutbolista: “No me importa lo que hayas hecho con tu vida, gracias por lo que hiciste con la mía”.

El Negro Fontanarrosa agradecía de esa manera a Maradona los inolvidables momentos de felicidad que le hizo pasar como el gran futbolista que fue a lo largo de los años.

Y en un intento de parafraseo a dicha expresión, Boogie, el aceitoso, pudo quizá también decirle lo mismo a Fontanarrosa, su creador, pero también, quizá se lo diría en otro tono, en ese tono ácido, irónico y despectivo que utilizaba para referirse con desprecio a todo aquel que incluso, le mostrara respeto.

Boogie se lo habría dicho a Fontanarrosa en el más pleno sentido del egoísmo y la patanería, mostrándole asco por sus muestras de sentimentalismo y cursilería y lo habría mandado a la mierda sin consideración alguna porque a Boogie, el aceitoso, “todo lo humano le resulta ajeno”.

Boogie, el aceitoso, es uno de los personajes más icónicos parido en 1972 por el humorista sudamericano, la muestra por antonomasia, la personalidad fiel de lo que representa el racismo, la homofobia, la misoginia, la xenofobia, la violencia sin reparos y sin límites, el cinismo y el desprecio por todo aquello que le resulta desechable, la conducta amoral libre de todo dilema ético

Pero también, es necesario decirlo, la creación más brutal de Fontanarrosa es una metáfora de lo que representa la sociedad, no sabemos si únicamente la actual o la descripción bárbara de la historia de la humanidad, esa que, como reza el título del monumental libro de Yuval Noah Harari, “De animales a dioses” (Debate. 2014), se nos presenta sublime, encantadora, llena de esperanza, pero también se nos revela en un Boogie cualquiera, ese animal humano que resume toda la miseria de los hombres.

El mismo Roberto Fontanarrosa lamentaba que incluso, hubo un tiempo que cierto sector de la sociedad argentina asumiera como literal la conducta del personaje y celebrara que hubiera, por fin, al menos en la ficción, un tipo duro capaz de golpear mujeres, negros, niños ancianos y a todos los protagonistas de los grupos que, a su consideración, no debieran existir sobre la faz de tierra.

Y ese es un matiz que debe tener en cuenta el lector de la tira cómica de El Negro Fontanarrosa, el lector de antaño que nunca entendió tal analogía de lo humano representado en Boogie y una parodia también del ícono violento del cine hollywoodense y de un sector de la sociedad estadounidense que se asume como un gran Boogie social que encarna la negrura moral de una sociedad descompuesta.

Bajo ese signo, es que el histórico personaje de Fontanarrosa fue llevado al cine en 2009 en una adaptación cinematográfica dirigida por Gustavo Cova. La historia que cuenta la cinta se apega al instinto salvaje de El aceitoso, al perfil dibujado por el monero argentino: Boogie, el mismo que un día se empieza a cuestionar si se está volviendo viejo y sentimental cuando Sony Calabria, un mafioso, le encargue eliminar a una testigo que puede hundirlo en la cárcel y al mismo tiempo debe competir en contra de otro sicario más joven y ágil que él.

La necesidad de mostrarse como el mejor e insustituible, lleva a Boogie a no traicionar su personalidad, su lenguaje y su odio hacia los demás traducido en expresiones de una violencia insoportable para el oído sensible, pero que se insiste, no puede ni debe ser tomado como literal y traducirlo como si Fontanarrosa reflejara su propia personalidad

“¿Para que se ocupa uno en crear fuentes de empleo para los pobres?.  “Pertenezco a la comunidad racista más numerosa, la que detesta a los pobres”.  “Solo hay dos lugares para las mujeres: la cocina y la cama”.  “Hay una sola persona a la que me interesa hacer feliz, a Boogie, el aceitoso, ¿y sabes qué es lo que hace feliz a Boogie, el aceitoso? El dinero”, son parte de las invectivas de Boogie.

Y cómo no, si ese es el reflejo del desprecio que tiene el gran capital por la pobreza y su suerte, por la cada vez más marcada desigualdad social encabezada por aquellos pocos que tienen mucho y los muchos que tienen casi nada, sí, la que detesta a los marginados y, en consecuencia, nunca serán su opción más filantrópica.

Se visualiza también en Boogie, la sociedad patriarcal, la del machismo y la brutalidad en contra de la mujer, género que empieza a emerger con fuerza para exigir la equidad y una vida libre de violencia.

El sicario creado por Fontanarrosa abandera también a la sociedad de consumo, la era del individualismo, la que adora el mercado y el dinero como la principal fuente de placer, a la sociedad seducida y conquistada luego de haber perdido el rumbo y la moral, esa que Jean Baudrillard describía a la perfección en su obra, De la seducción (Cátedra. 1979).

En “El género negro del humor: aproximación crítica al cómic Boogie, el aceitoso de Roberto Fontanarrosa”, artículo firmado por Fernanda Tusa Jumbo, Tomás Fontaines-Ruiz y Xavier Briceño Castillo, se asienta sobre el personaje:

“Boogie es una metáfora de lo que hemos dejado ser y en lo que actualmente nos vamos convirtiendo como seres humanos. La operación intrínseca con que funciona el cómic lleva al extremo los estereotipos de la sociedad en su faceta más crítica y cuestionadora, es un puñal que abre y desnuda la triste condición humana en un contexto de alienación cultural y globalización.

“…Boogie encarna frente a los otros, que somos nosotros, el papel de un pedagogo algo drástico que se empeña en desmontar la tontería que atraviesa todos los estratos de eso que llamamos realidad. No trata de sobreponerse a los traumas del mundo exterior sino de señalar justamente ese trauma gigantesco que es la realidad, esa herida absurda que es la vida”. (Cristian Palacios. Boogie en el golfo).

Esa realidad que cada vez se empeña más en diferenciar miserias y miserables en función del que tiene y el que no tiene, del que carga con un color de piel más oscura (Boogie es rubio, alto, fuerte), del que desdeña las formas y el fondo en una pincelada de un Diógenes moderno, pero con el cinismo degradado en el ser patán, desconsiderado y nefasto

Pero, y es preciso decirlo, el mundo en el que se mueve el personaje de Fontanarrosa se encuentra también lleno de “autoinvestidos de harta calidad moral” como señaló el escritor mexicano Antonio Ortuño en un artículo reciente en el periódico El País en torno a la muerte de Maradona.

Quizá la ventaja de Boogie, el aceitoso, es reconocerse como un hombre de una sola pieza y de una sola cara que reconoce abiertamente y sin chistar su superioridad amoral en contra de quienes se agencian la superioridad moral de una sociedad corrompida. ¿Quién es más peligroso?

Un recuerdo de El Negro

Roberto Fontanarrosa nació en Rosario, Argentina, un 26 de noviembre de 1944 y nos dejó un 19 de julio de 2007. No vio terminada la cinta dirigida por Gustavo Cova, pero hay ciertas historias y personajes que es obligado revisitar para reflejarnos en ellas como nos vemos en el espejo que nos revela en todos nuestros detalles, para ver en ese espejo ciertas realidades que en un tiempo como el que nos ocupa, parecen advertirnos que los Boogies empiezan a salirse de la pantalla y las tiras cómicas y habitan ya nuestra cotidianidad.

Esa lectura y traducción del personaje de Fontanarrosa, bien haríamos en llevarla a cabo y tomar nuestras previsiones. Tiempo al tiempo.

A 13 años de su partida, descanse en paz, Roberto El Negro Fontanarrosa.

  • Fotograma: Boogie, el aceitoso

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