Según la mitología griega Casandra y Apolo tuvieron un romance. El dios, agradecido, le concedió a Casandra el don de la adivinación. Aunque la historia terminó muy mal.

Después del romance con Apolo, Casandra no quiso más trato carnal. Entonces, despechado el mismo dios le privó de la capacidad de persuasión, de modo que nada de lo contase fuera considerado por nadie. Las profecías de Casandra nunca se creyeron y fue tomada por loca.

Su clarividencia le permitía anticipar las desgracias que se avecinaban sin poder hacer nada por evitarlas. A causa de ello fue muy desdichada en su azarosa vida.

A la capacidad de prever algo sin que las advertencias que se hacen sean tomadas en cuenta lo llaman ‘síndrome de Casandra’

Es cierto que hacer profecías invita más a lo catastrófico que a otra cosa, los pocos que anuncian un paraíso eterno exigen pasar primero por la taquilla de la muerte. Los que han tenido visiones de futuro y fueron creídos siempre anunciaron hecatombes y calamidades. Casandra también anunciaba desgracias pero la palabra de la mujer no se tiene muy en cuenta.

Tengo la impresión de que muchos vivimos bajo ese síndrome. Percibimos que estamos siendo conducidos hacia un precipicio. Lo comentamos en charlas con amigos mientras el rumbo se mantiene firme en dirección al abismo. Ni los que dirigen el cotarro no son optimistas, son vendedores a comisión de productos a futuro. No hay guía, tan solo proyectos de lo abstracto y la constante promesa de no llegar a ninguna parte.

Si la tierra superpoblada continua aumentando su número de gente y la riqueza ya muy concentrada, sigue acumulándose en unas pocas manos, cuál es el final. Tendiendo al infinito habrá un momento en que toda la riqueza de la tierra la posea un hombre, entonces podría haber en el planeta 30 mil millones de personas sin nada.

Es la tendencia acumulativa globalizante que está produciéndose en las últimas décadas. Evidentemente no se llegará al absurdo supuesto del párrafo anterior. Por ello antes de que esto suceda todo cambiará. Lo que no sabemos es cuando y en qué dirección.

Desde que los faraones y los reyes aztecas cayeron, dejó de haber dioses en la cúspide de la pirámide. A partir de  entonces mandaron hombres, pronto dejarán de hacerlo. Algunos opinan que llega el turno de las mujeres en el poder, pero no será así.

Los hombres llevan mandando milenios, después de ellos vendrá la máquina

Ya estamos bajo el gobierno binario de los unos y los ceros. No queda en la súper estructura organizativa de los estados ni un ápice de humanidad, ni en lo bueno ni en lo malo. Las personas han sido siempre puestas al servicio de los más poderosos. La máquina más temprano que tarde no necesitará humanos para producir y después ni siquiera para consumir. Temo que habrá un momento en el que los humanos no sirvan para nada y serán transformados.

Ya hoy nos relacionamos más tiempo con ingenios que con personas y la mayoría de las veces que interaccionamos con otros lo hacemos a través de aparatos. Muchas labores se realizan con ayuda de máquinas, otros muchas las hacen máquinas con la ayuda de operarios.

En la vieja Grecia los dioses se acostaban con humanos y gestaban semidioses. Antes o después sucederá el mestizaje con la máquina. Surgirá un nuevo ser, un organismo híbrido entre orgánico y tecnológico. Su inteligencia será mixta y ese ser dominará el planeta. Creo que tendrán alguna clase de código ético heredado de los humanos de hoy y de los de los tiempos de Casandra.

Nota del autor:  No atender vaticinios de quien no haya conocido a Apolo.

 

  • Fotograma: Ex-Maquina

 

 

 

 

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