La cuarentena que, bajo diferentes medidas de restricción, vivimos millones de personas debido a la rápida expansión del COVID19 en cientos de países, parece haber venido acompañada de una ola de hipercreatividad que seguramente, uno de estos días, hará estallar la simpatiquísima plataforma de videos Tik Tok. Perdonen la ironía, parece que me estoy haciendo mayor y he llegado al límite de comprensión de las redes sociales y sus objetivos para enlazar personas y comunidades.

Olvídense del silencio. Si como yo, usted creyó que estos serían los días en que las personas y los gobiernos reflexionarían sobre la crisis del cambio climático y cuán imposible es sostener la globalización neoliberal, entonces parece que estábamos equivocados. Nadie se calla, y en medio del ruido es imposible reflexionar sobre lo que nos trajo hasta aquí o sobre la responsabilidad de cada cual en la pandemia.

La mayoría se ha mudado a vivir desenfrenadamente a las redes sociales, donde abundan fotos de reuniones en Zoom, videos de Tik Tok, videos de los aplausos a las 9 de la noche, gente haciendo ejercicios en casa, más videos de Tik Tok, el vecino tocando el clarinete en el balcón, gente comiendo helado de chocolate mientras alguien en Tik Tok hace ejercicios y le dice: sonríe, tu sonrisa es todo para mí. Esto mientras WhatsApp se llena de audios de “epidemiólogos” advirtiéndonos del peligro. Ha sido tan rápida la histeria, que las parodias de estos audios llegaron casi tan rápido como sus versiones más dramáticas.

Italo Calvino escribió: “El momento de la sátira es siempre un momento de madurez”. Italo Calvino, evidentemente, estaba equivocado… o vivía en otra época. Porque a este siglo le basta una semana no solo para producir una desmedida sátira barata, también para saturarnos con ella.

Si se suponía que teníamos el deber, como sociedad e individuos, de convertir estos días en horas de reflexión y silencio, que nos permitieran salvar al pedazo de planeta que nos queda, otra vez el ruido de las redes sociales y el ring-ring del teléfono ha venido a alejarnos de la conexión con nosotros mismos

Uno de los memes más repetidos en distintas variantes dice algo así como: “No querían a los artistas, pero qué sería de esta cuarentena sin música, poesía, libros”. La tercera vez que lo vi supe que, a pesar del compromiso que hice conmigo misma de hacer silencio, no podía dejar de escribir al respecto.

El arte no ayuda a pasar la cuarentena, el arte nos habría evitado estar aquí. La lectura no existe para ayudarle a pasar estas horas de aburrimiento, la lectura le habría enseñado que es posible quedarse en casa, sin andar quejándose de estar encerrado. En los últimos años hemos visto cancelados cientos de programas de arte en las escuelas medias y superiores de todo el mundo. Las clases de literatura sufren el desprecio de los programas como negocios, ciencias de la computación, que atraen a más estudiantes interesados en carreras “afines” a estos tiempos.

La neoliberalización de la economía ha alcanzado a las universidades, a los escritores y artistas que ahora necesitan ser ellos mismos un producto de venta para sobrevivir. Leer nos habría alertado de que la globalización en la que vivimos es insostenible. Leer nos habría alertado de que estábamos convirtiendo a los viajes en un bien de consumo, donde la experiencia era lo de menos y lo de más era presumir la experiencia. Leer nos habría enseñado que se puede estar en casa sin sentir aburrimiento; que se puede compartir más que un café, cuando se comparte un poema; nos habría recordado que existen los atardeceres y nos habría alertado de que hiperconectividad nos estaba matando, física y mentalmente.

El arte no ayuda a pasar la cuarentena. El arte nos habría salvado de ella.

Y por si tenía dudas, le aclaro que no, que un video en Tik Tok no es arte, aunque lo haga, ponga usted, Jennifer López o cualquier ídolo de estos tiempos. No todos tenemos siempre algo que decir sobre todos los temas. Y eso está bien. A veces es necesario callar, escuchar a la otra persona, leer sin postear la foto del libro que estamos leyendo. A veces, lo más importante es volver a nosotros mismos y al camino que perdimos tratando de mostrarnos ante los demás.

  • Ilustración: Fernando Vicente
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