Llegó borracho el borracho/ pidiendo cinco tequilas/ y le dijo el cantinero: /se acabaron las bebidas/ si quieres echarte un trago/ vámonos a otra cantina (José Alfredo Jiménez)

Cuando José Alfredo Jiménez, el legendario cantante guanajuatense, entonaba que el borracho había llegado borracho, resumía en esa redundante expresión los dos extremos de la existencia: el dolor y el disfrute; por supuesto, apostaba por el alcohol como el mediador entre ambas sensaciones para componer una de sus odas etílicas más famosas.

José Alfredo hacía alusión en innumerables ocasiones al consumo del alcohol en sus canciones y lo convirtió en un protagonista catártico para desfondar las penas, las alegrías, los amores y los desencuentros, y sí, una cirrosis hepática terminaría luego con la vida del nativo de Dolores Hidalgo.

Cuando hemos visto Another round (2020), la más reciente obra cinematográfica del innovador director danés, Thomas Vinterberg, es imposible no pensar en el cantautor guanajuatense y hermanar su cancionero popular con la majestuosa cinta del artista europeo

En Another round, el alcohol y su consumo excesivo nos narra las vidas de cuatro profesores preparatorianos sumidos en la crisis existencial de la mediana edad, unas vidas personales y profesionales ahogadas en el vacío y el sinsentido, unas vidas tan enterradas en la abulia que buscarán en un experimento etílico la solución a ese derrotero vencido.

Martin, Tommy, Peter y Nikolaj, acuerdan cierto día beber alcohol a un nivel que les permita realizar sus labores cotidianas profesionales sin caer en el exceso, consumo que, lo creen con firmeza, les dará un nuevo vigor, otra perspectiva más amable, una salida fácil, placentera a los problemas de sus existencias más jodidas.

Ganadora del Oscar a la mejor película extranjera, Another round no es, sin embargo, un alegato en contra del exceso etílico y sus perniciosas consecuencias, sería injusta la crítica bajo ese matiz y sería un recurso ajeno a la intencionalidad de Vinterberg decir que hace una campaña desde el cine para rebatir el trago de las bebidas espirituosas.

No, Druk (su nombre original en danés), es sobre todo vislumbrar las heridas de unas vidas que han encontrado al paso del tiempo el aburrimiento, la crisis del matrimonio, un posible síndrome de Burnout en sus labores profesionales y un deseo legítimo de encontrar la madeja que les permita ese desenredo emocional que amenaza sumirlos en profundas depresiones que lindarán con la tragedia.

Another round es una obra triste, aunque también revele las ganas profundas por vivir, es una cinta melancólica, llena de nostalgia, aunque al mismo tiempo denote el valor de la amistad y la lealtad a toda prueba

La película de Vintenberg desgarra el alma, conmueve y convoca todas las emociones, aunque al mismo tiempo, paradójicamente, sea también una propuesta muy divertida

Ya Thomas Vinterberg había experimentado el potente recurso desinhibidor del alcohol en su primera y aclamada película, Festen (1998). En ella, Los Klingenfeldt, una familia de la clase alta danesa, celebra el cumpleaños del padre y conforme la noche avanza y los tragos se suceden uno tras otro, el horror se despierta para que los tres hijos del matrimonio destrocen al progenitor al echarle en cara sus años de abuso en contra sus vástagos.

Festen es una esfera brutal de revelaciones y el horror de la familia sale a flote, nunca en realidad Vinterberg se permite en su opera prima, un momento para reír y disfrutar la narración, es un completo nocaut al espectador, un puñetazo que derriba al que observa la degradación moral de la familia en cuestión.

Another round, por el contrario, sí nos otorga respiros incluso enternecedores en las acciones de los cuatro profesores, los revela humanos, solidarios, conscientes de que tienen que hacer algo con sus vidas para no perderse en la nadería de una existencia que les exige un wake up urgente.

Martin, Tommy, Peter y Nikolaj terminan por comprobar una verdad de Perogrullo, el alcohol, sí, los vuelve más divertidos, mejores didactas, llenos de ocurrencias y risas, presos de una creatividad para el trago y los niveles que deben conservar para no caer en el ridículo del borracho (o al menos eso creen, no el espectador), pero al mismo tiempo y muy en el fondo de ellos, reconocen que su vida sigue siendo anodina y triste.

La nueva obra de Thomas Vinterberg no es entonces una clase de moral, ni un castigador del que bebe mucho, no es tampoco el discurso del alcohólico anónimo que invita a no beber y romper récord de días en seco.

Another round plantea la necesidad irrefutable de celebrar la vida, aceptarla con sus desniveles, de ver el consumo de la bebida también como un disfrute y no encontrar sí o sí el látigo de sus daños más feroces.

Mención aparte merece Mads Mikkelsen, el protagonista central de la película que realiza una de las más soberbias personificaciones en su carrera cinematográfica y lo reconfirma también como uno de los más talentosos actores daneses del momento.

Another round es sin duda una de las mejores películas del año, confirma a Thomas Vinterberg como un cineasta maduro, en estado de innovación plena para seguir narrando historias que nos descoloquen el equilibrio, que nos propongan dramas de esos que se nos quedan mucho tiempo en la memoria, más aún si la vida un día nos ha invitado a beber para dejar la cantina al son de José Alfredo Jiménez: “se fue borracho el borracho del brazo del cantinero. A ver quién se cae primero, aquel doble las corvas, le va a costar su dinero”.

Dogma 95

No hay que terminar esta entrega sin hacer mención de aquel movimiento creado por Thomas Vinterberg y Lars Von Trier: Dogma 95.

Fue una propuesta que invitaba a narrar cine sin efectos especiales en donde algunas de sus características principales demandaban la necesidad de filmar con cámara en mano, sin luz artificial, el sonido únicamente podía ser incidental y bajo ninguna circunstancia el nombre del director debía aparecer en los créditos.

Ambos directores daneses se adhirieron a este Dogma en algunas de sus obras: Festen fue una de ellas y Los idiotas (1998) de Von Trier, otra de las experimentadas bajo ese signo del cine sin maquillaje.

Vinterberg y Lars Von Trier han matizado al paso del tiempo su manifiesto y se han abierto a la modernidad del cine y sus recursos, pero esta “traición” a sus primeras convicciones no le quita a ninguno de los dos, ese halo de cineastas únicos con propuestas a las que siempre debemos estar atentos.

Fotograma: Another round

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