Ella advirtió pena por mí. “Me siento mal porque no correspondo a tus detalles”, me dijo. El de la incertidumbre no soy yo; es ella y su interior.

Tendemos a ubicar nuestros problemas en el otro. El que da, sana por dentro, y el que es incapaz de responder a la generosidad del otro con actos de elemental educación, está sangrando en su interior. El sufrimiento experimentado con personas de su pasado le ha generado un daño tan profundo que la insensibiliza ante el milagro de la vida.

Debe apiadarse de sí misma. El que da, entendió el sentido de la existencia. Quien compadece al que se entrega, es un huérfano emocional: son sus carencias existenciales y sus heridas, hablando. Su diagnóstico es errado porque lo hace frente al otro, cuando debe elaborarlo desde dentro dialogando consigo misma.

Las personas incapaces de dar, de sentir, de crear amor, deben experimentar mucho sufrimiento cotidiano. El que construye amor es un artista. El principio del arte está en el amor

Unos abrazamos al amor y otros encuentran en el sufrimiento y en la victimización permanente, su manera de existir. Desconfió de la gente que no cree en Dios. El que está distante de Dios, conversa con el egoísmo y con la oscuridad.

Entra en crisis porque se sabe egoísta. Le duele su propia miseria. Se miente. Genera coartadas para implorar piedad ante su sufrimiento. Ella cree merecer todas las consideraciones, a costa de la dignidad de quienes la rodean e intentan ayudarla.

Quien no es capaz de dar, tiene un daño emocional. El que no se siente cómodo con su persona, no puede amar; se pone a la defensiva frente al que llega a su vida entregándole una invitación a la trascendencia, porque la expone de cuerpo entero. Nuestra historia es la de miles de personas en el mundo actual.

Todos estamos rotos. Todos hemos sido quebrados. Todos experimentamos sufrimiento, alguna vez. Debemos hacernos responsables de nuestra salud emocional y mental.

Hay que buscar ayuda profesional, para detener el daño a nuestra persona y para no causar dolor innecesario a seres de buena voluntad que solo intentan ayudarnos. Nos salvamos a nosotros mismos, con la ayuda de Dios y de la ciencia. Quien no cree en Dios, es una persona que necesita trabajo espiritual.

Las malas personas abundan en este plano físico terrenal. Es muy fácil identificarlas: son egoístas, ambiciosas vulgares, poco colaborativas y cero empáticas; piensan solo en ellas y pasan por encima de todo mundo

Las malas personas son incapaces de tener gestos humanos. Exigen permanente reverencia. Aprende de tu interacción con ellas y aléjate para nunca más volver a su sitio. Están enfermas, podridas del alma. Que sirvan como ejemplo de lo que no debe ser.  

Le brindé el reconocimiento y el trato que durante años le negaron los amores que pasaron por su vida. Ella lo rechazó porque está acostumbrada al sufrimiento. Se minusvalora, por eso cree no merecer todas las atenciones y los detalles de un hombre que se ocupa de su salud espiritual, física y mental. Oración y meditación.

Vivo para escribir. El que escribe es un hombre libre. Yo soy un artista porque creo amor abrazándome a la vida. Ella tiene miedo a vivir. Yo soy un Ser sin miedo al sufrimiento: lo conozco de cerca desde mis primeros minutos de existencia. Lo uso para crecer. Es mi compañero. Un impulso…un jamán te detengas.

El feminismo acaba con las relaciones heterosexuales, antes de que éstas comiencen. Perdemos y nos pierden. Miedo a la vida y miedo a la muerte.

Elije vivir con alegría. Ámate a ti mismo.

  • Ilustración: Edvard Munch