Es una región finita del espacio de cuyo interior ninguna partícula, ni siquiera la luz, puede escapar. El gran capitalismo hace lo mismo con la sociedad.                                                                                                        

Cualquier materia al alcance de su gravedad es atraída y, una vez dentro, se une a él y le aporta su masa dándole más fuerza. La presión dentro del agujero negro es inmensa: todo lo que es absorbido se contrae de tal manera que pierde su forma y su color, puesto que no refleja luz.

El gran capitalismo globalizado hace lo mismo con la sociedad. Bajo su fuerza aplastante nada tiene forma ni color. Ese agujero convierte al bosque en leña, al río en canal, al trabajador en capital humano y al compañero en competencia. Cuenta los amigos en las redes sociales pues todo lo cuantifica y lo valora. Lo que no tiene precio va contra el sistema.

La oscuridad es total en el agujero negro. Por eso ponen tantas luces. Para que no veamos

En Navidad y durante la Feria alumbran con colores las calles, los escaparates están encendidos de madrugada cuando no pasa nadie, las carreteras se iluminan aunque los autos tengan faros. La pantalla de la tele, de la computadora y del celular emiten luminiscencia. Hay tanta iluminación artificial que acabamos por perder la visión.

En una población pequeña en la que todos saben dónde está la farmacia nunca falta un luminoso verde. Permanece encendido por la noche cuando está cerrada y por el día cuando brilla el sol. Para qué la luz. Donde mires siempre hay algo alumbrando.

Hay tanta luz para que no veamos. Por las noches muchos animales mueren atropellados en los caminos. No reaccionan cuando los potentes faros de los coches les alumbran. El fulgor es tan fuerte que no ven venir a la máquina. Esa luz deslumbrante les paraliza. Hay métodos de pesca con esta técnica. El barco prende un potente foco sobre el agua y los peces acuden a la zona iluminada para ser capturados. Siguen la luz. Y nos los comemos.

Igual que la luz deslumbrante nos impide ver, el extendido pensamiento de “las cosas son así” nos impide reflexionar

Esta fuerza no es un orden cósmico natural, es una imposición cultural. Desde el punto de vista sociológico ha eliminado a todas las demás. No las ha integrado, las ha destruido por absorción. Las ha digerido y lo que queda de ellas es puro desperdicio.

En este armazón cultural las religiones están cómodas puesto que se han despojado de su sentido espiritual. Solo conservan los templos y los ritos que han sido reducidos a edificios y ceremoniales. El pensamiento filosófico ya ni siquiera es un peligro y está considerado como una extravagante forma de perder el tiempo.

Se ha creado el “mundo globalizado”. Un universo donde todo parte del mismo principio y fin: la propiedad privada.

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