Bryce Watanasoponwong se vale de elementos simples donde el agua, los colores y las siluetas son determinantes para mostrar, a la manera de estampas neoimpresionistas, su cuestionamiento metafísico sobre la percepción.

Watanasoponwong (Tailandia) pone en acción la máxima de Einstein que asegura que la realidad es una ilusión, aunque permanente, y lo traslada con maestría a lo visual en una serie fotográfica hipnótica donde patentiza esas imágenes de la ilusión.

¿Qué es la realidad? ¿Cómo sabemos qué es real y qué no? Uno de los aspectos más extraños de soñar es que no somos conscientes de ello mientras ocurre. Aunque es diferente de la realidad, ambos nos permiten, como seres humanos, expresar la complejidad de las emociones”, ha dicho Watanasoponwong sobre esta serie.

Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras escuchas la música y lees, la sonoridad relajante de SwuM y la bellísima poesía de Salvador Novo.

Elegía

Los que tenemos unas manos que no nos pertenecen,
grotescas para la caricia, inútiles para el taller o la azada,
largas y fláccidas como una flor privada de simiente
o como un reptil que entrega su veneno
porque no tiene nada más que ofrecer.
Los que tenemos una mirada culpable y amarga
por donde mira la muerte no lograda del mundo
y fulge una sonrisa que se congela frente a las estatuas desnudas
porque no podrá nunca cerrarse sobre los anillos de oro
ni entregarse como una antorcha sobre los horizontes del tiempo
en una noche cuya aurora es solamente este mediodía
que nos flagela la carne por instantes arrancados a la eternidad.

Los que hemos rodado por los siglos como una roca desprendida del Génesis
sobre la hierba o entre la maleza en desenfrenada carrera
para no detenemos nunca ni volver a ser lo que fuimos
mientras los hombres van trabajosamente ascendiendo
y brotan otras manos de sus manos para torcer el rumbo de los vientos
o para tiernamente enlazarse.

Los que vestimos cuerpos como trajes envejecidos
a quienes basta el hurto o la limosna de una migaja que es
                                                                                   todo el pan y la única hostia
hemos llegado al litoral de los siglos que pesan sobre
                                                                     nuestros corazones angustiados,
y no veremos nunca con nuestros ojos limpios
otro día que este día en que toda la música del universo
se cifra en una voz que no escucha nadie entre las palabras vacías
en el sueño sin agua ni palabras en la lengua de la arcilla y del humo.

Salvador Novo