Susan Worsham utiliza lo simbólico del paisaje, los objetos y el tiempo perdido, suspendidos en la memoria, como elementos que irrumpen contra la desesperanza pues traen consigo ecos de vida.
Worsham (Richmond, Virginia.1969) enfrenta el dolor con una elegía de flores y la nostalgia. Hay en su mirada de las cosas una poética visual del encanto perdido, de la belleza rota, pero también una aceptación ante lo inevitable de la existencia agridulce y sus aires de tristeza.
“En este cuerpo de trabajo, estoy aceptando la pérdida. He perdido a mi padre y a mi madre, pero es el suicidio de mi hermano lo que se filtra en mi trabajo como una mancha de formación lenta y se ha convertido en un sustituto de los demás”, describe Worsham sobre el carácter de su obra.
Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la melancolía música de Astor Piazzolla y la poesía etérea de Ono no Komachi.
Sin título
iro miede utsurofu mono wa yo no naka no hito no kokoro no hana nizo arikeru
(Los colores se apagan, y de este mundo, del corazón de las personas las flores).
Ono no Komachi
Traducción de Marcela Chandía López









