Oli Kellet aborda con una estética simbólica de claroscuros el sentido de la existencia y la realidad alterada por el ego, por el consumismo voraz que nos devora y hace devorarlo todo.

Kellet (Reino Unido. 1983) nos plantea una de las preocupaciones fundamentales del ser humano: ¿Quiénes somos? Una pregunta básica que lo trastoca todo cuando nos detenemos un instante para mirar en nuestro interior, en mitad de la soledad.  

Vivimos en una era de noticias falsas, polarización política y cámaras de eco algorítmicas. Nuestra experiencia del mundo se fractura a medida que vivimos múltiples identidades dentro y fuera de línea. Pero las encrucijadas son un lugar democrático; todos tenemos que esperar”, ha dicho Kellet sobre el carácter conceptual de esta serie.

Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, los melancólicos acordes de Coldplay y la poderosa poesía de Nigar Arif.

Lluvia de humanos

He aquí la ciudad,

la gente escapa y se va…

He aquí las nieves y las lluvias,

que lavan sus huellas…

Incluso el sol brilla cada mañana,

los vientos soplan y se acicalan

a esos nada los puede remover

nada se puede cambiar…

La gente absorbe su memoria

desde su cara picada de viruela.

Se llevan sus colores con ellos

y dejan pálida a la ciudad.

Falta el brillo por todas partes,

todo se ha convertido en un cuento gris.

Llueve gente, y cae lluvia de sus ojos

todos los días.

Y quienes se mojan en el corazón de esta ciudad,

quienes no pueden huir,

los humanos, llueven a cántaros

Las ambulancias giran como sombrillas

bajo las enfermas gotas…

Ya sean las noches o los mediodías

se tambalean en sus casas.

El mundo entero se revuelve en su lugar

y cae…

Día tras día, semana tras semana

las calles se vacían

las carreteras y los cafés llegan a su final.

Los hombros de las pesadas tiendas

se doblarán…

Los inmensos edificios y las pequeñas casas

entre los brazos de la ciudad

otean asustados hacia las profundidad desnuda

que holgazanea en las aldeas, y viaja a los países.

Los árboles solitarios se aburren

y las flores, los pájaros, y las praderas,

de los pies polvorientos de esta ciudad

que han perdido al hombre

¿Quién sabe?

Tal vez en sus propios idiomas

incluso maldicen

esta maldita cuarentena tan molesta.

Ahora sabemos, mamá,

que las ciudades y los países

también se pueden contagiar de enfermedades…

¿Qué puedo decir?

No se preocupen,

todo saldrá bien.

Hay esperanzas

que se estiran hasta el cabello de esta ciudad…

Nuestros sueños le ponen las manos en la frente

para revisar la temperatura…

Tal vez encontramos el mejor tratamiento, mamá,

el amor es el mejor injerto

como siempre dijiste…

Nigar Arif

Traducción de Ricardo Gómez

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