Nathan Wirth construye con su obra una especie de metafísica visual, símbolos que ofrecen posibilidades para reinventarnos.

Wirth (San Francisco, Estados Unidos. 1967) cuestiona con cada imagen ¿Cómo nos percibimos ante la naturaleza, ante el tiempo y el espacio? La respuesta está dentro de uno mismo, sólo basta conectar nuevamente con el orden natural, romper con lo artificial, la falsa realidad de lo banal, entender la alegoría del silencio.

Intento fotografiar el silencio de la soledad, la soledad del silencio. Hay un silencio curioso que reside en los pliegues de ruido que nos rodea. Por supuesto, no se puede escuchar ese silencio. Pero uno, creo, puede sentirlo y espero fotografiarlo. O al menos lo estoy intentando, explica Wirth sobre el carácter conceptual de su obra.

Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes lees, la belleza sonora de Francesco Canova da Milano y la poesía novísima de Guillermina Sartor.

Quincunce

anclados, un pie en cada abismo,

ya no alcanzo la vigilia ni la entrega

los sueños en/tornados me amanecen

en llanuras desconocidas

el sol se posa sobre este letargo y veo,

antes que el desierto y su mal intención dorada,

la revelación sobre los párpados de su color certero

como una intrincada várice o una garganta enferma

el fuego que se extingue por nosotros

fuera de este incendio, los árboles flamean

cuernos de alce atascados en la enramada

en una condena de estanque árido,

de lacerante sed y horas de espanto

el desierto se desdobla en sus repetidos nortes

cualquier dirección es carretera de huida

y de regreso al corazón flamígero

el fuego que se extingue por nosotros

si el cuerpo pétreo se dignara a alcanzar las migraciones

o a retener sus disparos de sombra; a corromper

esta alabanza dócil al horizonte circular de pesadilla

los oasis lloverían como arena

si lograse recordar que este ardor

no existía antes del ensueño

Guillermina Sartor