Ilse Moore es una de las mejores fotógrafas acuáticas del mundo. Su trabajo exquisito honra a la mujer fluyendo, con sus pulsiones, introspecciones, contradicciones y divinidad luminosa.
Moore (Sudáfrica) utiliza el agua como elemento conductor de sus microhistorias, todas ligadas invariablemente al movimiento, a la pasión lo mismo fuerza motriz o adicción para manifestar estallidos de gozos, lo mismo aéreos que terrenales, sueños de agua.
“Para mí, el agua es un lugar simbólico de nacimiento. Puedo intentar controlarla, pero tiene vida propia. Se convierte en otra dimensión, onírica, irreal, pero profundamente arraigada en nuestro ser. Como artista quiero explorarla, como símbolo que nutre la psique, ya sea positiva o negativamente”, ha dicho Moore sobre este serie.
Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la sonoridad crepuscular de Santa Sabina y la poesía inmortal de Jorge Luis Borges.
El mar
Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas
tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.
Jorge Luis Borges








