Tatiana Mishchenko se adentra en paisajes inhóspitos, solitarios, ajenos a la modernidad aplastante de la ciudad, para hacer de las caminatas solitarias un mantra espiritual, en prácticas conscientes de interacción con la naturaleza.    

Mishchenko (Uzbekistán) medita al caminar sobre lo que le rodea, sobre el simbolismo de las cosas que le significan una conexión profunda -la montaña, la nieve, los verdes prados, las hileras interminables de árboles- y lo refleja en una serie de espacios fragmentados, en una reconfiguración del paisaje.

Cada caminata cobraba sentido como un acto de contemplación y exploración de horizontes interiores, abriendo nuevas formas de comprender la existencia y la percepción sensorial. Registrar y recomponer el paisaje pasó a ser una parte fundamental de este proceso de reflexión”, ha dicho Mishchenko sobre esta serie.

Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la placidez musical de Janko Nilovic y la poesía intimista de Elías Nandino.

Con mi soledad a solas

Amorosamente mi soledad desnuda
me cubre
como sábana de tierna sombra tibia.
Confundidos somos el orbe
donde la palabra impronunciada
construye el diálogo
que el pensamiento escucha.
Su compañía es el regazo
de un amor a oscuras
que, sobre mi piel esperanzada,
inventa la resurrección de los recuerdos.
Junto a sus ojos abro mi conciencia
y leemos los biográficos pasos
que caminan hacia atrás de nuestra historia:
fuegos fatuos, diseños, rostros, ecos,
en inquemante desfile momentáneo
que brota de los olvidos insepultos.

Estoy solo,
con mi soledad a solas,
amoldado a ella
como el vino a los muros de la copa,
y viviendo la íntima galaxiagparpadeante,
de una conversación en las tinieblas.

Elías Nandino