Pavel Titovich es un misterio. Como su fotografía donde el eco del tiempo retumba poderoso en la piel. El cuerpo femenino es ‘leitmotiv’ del cielo y el infierno. Un ‘memento mori’.
Este fotógrafo de Bielorusia, con apenas 34 años, ha logrado romper las vanguardias con un estilo ‘retro’ y ecos ligeros de Saudek o Witkin, atrapando el misterio de la sensualidad en un instante irrepetible: lo femenino es lo absoluto.
Cada imagen es una provocación. No sólo por su sensualidad sino por lo que subayace en los cuerpos que se ofrecen como un deseo, un engarce, una ruptura y el recordatorio de la concepción o lo efímero de la existencia.
El epílogo de esta comisaría artística, con la foto de Karlonessa, lejos de ser una invectiva contra el cuerpo femenino que no es espigado como el trigo, es un homenaje lúdico a las diosas madres telúricas, a las Venus de Willendorf, a la mujer nutricia, a la que el maestro Juan José Arreola describe con toda su belleza y peligro en su cuento Homenaje a Johann Jacobi Bachofen.
*Ruleta Rusa mx te sugiere escuchar a Kaia Urb, la gran diva de Estonia, y leer a Anna Ajmátova para completar este viaje experimental en un tiempo suspenso.
Soneto de estío
Más que yo vivirá lo que aquí vive,
hasta los nidos de los estorninos,
y este aire migratorio que cruzó,
aire primaveral, la mar en vuelo.
La voz eternidad de allá nos llama,
del más allá con su invencible fuerza,
y por encima del cerezo en flor,
la luz lunar menguando se derrama.
Parece que blanquea sin estorbo,
a través de las verdes espesuras,
la senda que no digo adónde lleva…
Allí hay más claridad entre los troncos
y todo se asemeja a la arboleda
que circunda el estanque en Tsárkoie Seló.









