Warren Keelan refleja con maestría la oscilación del océano y ese engarce violento de agua que se agiganta, grita, expulsa olaperlas o se convierte en espejo que refleja los misterios de la luz.

Keelan (Australia) sabe escuchar y componer visualmente los ritmos impredecibles del inmenso mar -antes que fotógrafo es músico-, en estampas que literalmente sacuden al espectador por la belleza ‘in crescendo’ de ese canto revuelto de las olas.

Me encanta la naturaleza cruda e impredecible del agua en movimiento y la forma en que la luz solar le da vida a todo, desde arriba y debajo de la superficie. Para mí, el desafío es crear una imagen que, con suerte, pueda sugerir una historia o dejar una impresión en el espectador”, ha expresado Keelan sobre esta serie.

Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la sonoridad aúrea de Alice Coltrane y la poesía intimista de León Plascencia Ñol.

Sin título

La última vez que nos vimos, la primera
sensación de lejanía, no siempre. Pienso en buscar
un bronceador, un horizonte de olas, la tarde detenida

sobre el río, el estallido, la explosión y vuelta
la distancia para encontrar algo qué decir. Un golpeteo,
un baile feroz, la faena que llega. El Atlántico suspendido

sobre nosotros, nada, el caparazón de la tortuga, el león
marino que se llama de una manera inevitable, el borde de un cuerpo, dos

manos que parten un limón. Los testigos del verano. El tiempo
atestigua incomodidad. “Qué fiaca, che”, dice alguien. Ríes
y bailas al compás de cierta música que es como una reconciliación. Allá

los cuerpos, la súbita sensación de que el mar es un espejo, una vereda

entre matorrales y nopales. El Atlántico tendrá que ser una mancha de pintura.

León Plascencia Ñol