Ole Marius Joergensen ha logrado reinterpretar las atmósferas entristecidas de Edward Hooper y el dolor conceptual de Arthur Miller para entregar una serie casi metafísica en su ‘Viñetas de un viajante’.

Joergensen  (Noruega. 1976) atrapa los espacios etéreos de los cielos nórdicos, el pensamiento sostenido ante la inmensidad, la ensoñación cargada de nostalgia, lo impoluto de la nieve como premonición del vacío, un camino que lleva a todos lados y ninguno, el peso de la soledad.

Este es su homenaje a la estética de los años 50, un amor manifiesto por lo que ya no volverá, algo que no termina por cumplirse, un reclamo soterrado ante la modernidad desechable, un larguísimo viaje silencioso y solitario.

*Ruleta Rusa te sugiere escuchar la belleza sonora de John Dowland  -en voz del contratenor Adreas Scholl– y la envenenada poesía de Alejandra Pizarnik.

 

A la espera de la oscuridad

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

Alejandra Pizarnik