Jessica Walsh utiliza la sorna para demostrarnos la futilidad de nuestras pretensiones, lo banal y sórdido que resulta apostar siempre por lo políticamente correcto.

Walsh (Nueva York, Estados Unidos) nos muestra los efectos del infantilismo actual en nuestras relaciones cotidianas, con un hilarante mensaje sin filtro, ese que demuestra la actual estupidez de lo instantáneo.

La fotografía de Walsh acuña una especie de neoproverbios del infierno para hacer frente a la hiperrealidad, la posverdad y toda la cultura efímera que hoy privilegia la estulticia.

Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la música de Morrissey y la poesía de Ángel Ortuño.

El juicio final

Todo era cierto y yo
sólo hice el ridículo.
Por supuesto que había
platillos voladores e incluso jardineros
extraterrestres que
con exquisito gusto hacían esos diseños que nosotros,
neandertales
irredentos,
llamábamos
agrogramas, con uno de los muchos y torpísimos idiomas que tenemos pero que no
merecen
ser considerados ni siquiera un estornudo
al lado de su música celeste.

Sigo.

Al fondo de ese lago escocés sí vivía un dinosaurio
que salía a pasear con Elvis por las noches, al amparo de ese
dispositivo de invisibilidad
que les regaló Margarita de Inglaterra feliz
por haberse follado a Mick Jagger cuando era joven y no ahorita, qué
asco!

(¿Podría, Señor Juez, pedirle a la reina Isabel que guarde compostura?)

Para no entretener con idioteces a Su valiosa eternidad, Señores
del Jurado,
en resumen no sé ni lo que dije y creo que sí creía pero me dediqué
a otras cosas.

Sólo espero clemencia.
Muchas gracias.

Me llega un mensaje: “Soy fulano, y quiero ser tu diputado…”.
Agoté las consultas a glosarios sadomaso (impresos y en línea) y todavía no entiendo qué
  placer obtendré haciéndole caso.

Ángel Ortuño

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