Ioanna Sakellaraki horada en las raíces profundas de su cultura para tratar de entender el dejar de ser y sanar la perdida de un ser querido, hacer del duelo un renacimiento.

Sakellaraki (Grecia.1989) ofrece una tormenta de emociones, evocaciones del dolor que produce lo amado que ya no estará más aquí, ecos del caos de la liminidad, retratos de simbología ancestral que representan el reino de Perséfone.

Me interesa cómo tanto la muerte como la fotografía detienen el tiempo al desordenar la memoria”, describe Sakellaraki sobre el carácter simbólico de su obra.

Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la sombría belleza sonora de Dead Can Dance y la poesía inmortal de Federico García Lorca.

Muerte

¡Qué esfuerzo!
¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro!
¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!
¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!
Y el caballo,
¡qué flecha aguda exprime de la rosa!,
¡qué rosa gris levanta de su belfo!
Y la rosa,
¡qué rebaño de luces y alaridos
ata en el vivo azúcar de su tronco!
Y el azúcar,
¡qué puñalitos sueña en su vigilia!
Y los puñales dimínutos,
¡qué luna sin establos, qué desnudos,
piel eterna y rubor, andan buscando!
Y yo, por los aleros,
¡qué serafín de llamas busco y soy!
Pero el arco de yeso,
¡qué grande, qué invisible, qué diminuto!,
sin esfuerzo.

Federico García Lorca

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