Greg Constantine nos muestra a los que sufren, a los que tienen sus derechos esenciales vulnerados, a los que van con el estigma de lo extraño, lo mismo en Nepal, Malasia, Bangladesh, Serbia, Ucrania, Kenia, Republica Dominicana o Irak. Para el odio y el racismo no hay fronteras.

Constantine (Estados Unidos) nos recuerda que en el ‘moderno’ siglo XXI, hay apátridas, migrantes, gente a la que se la ha negado todo, porque la mezquindad humana resume todo al ‘nosotros’ y ‘ellos’. Aquí está un retrato fiel de los nuevos olvidados.

Una persona puede convertirse en apátrida en diversas circunstancias. El conflicto, el cambio de fronteras, el colapso del colonialismo y la desintegración de estados como la Unión Soviética y la creación de nuevos países han provocado que millones de personas se conviertan en apátridas”, ha espetado Constantine.

*Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la música universal de Manu Chao y la poseía siempre viva de Roque Dalton.

Alta hora de la noche


Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Roque Dalton