Paul Cupido juega con la atemporalidad en un ritual visual, donde la naturaleza y lo humano son protagonistas de una sinfonía de vida derramada y esplendores.
Cupido (Terschelling,Países Bajos) ofrece una alegoría sobre lo efímero, un relato poético de la belleza, un desgarro microscópico sobre la fugacidad de la vida que paradójicamente termina por convertirse en una especie de eternidad en el instante.
“Lo interesante del ‘éphèmére’ es que, aunque es un momento fugaz, tiene un efecto duradero. Enamorarse es temporal, pero permanecerá en tu cuerpo para siempre”, ha dicho Cupido sobre el carácter simbólico de su obra.
Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la belleza sonora de Kasumi Watanabe y la poesía eterna de Matsuo Bashō.
Este camino
nadie ya lo recorre,
salvo el crepúsculo.
Matsuo Bashō









