Mario Cruz nos muestra lo que no se atreven a ver los ojos en la realidad que cerca ahora la condición de los marginados en la urbe declinada.

Cruz (Lisboa.1987)  retrata el doloroso gesto de los vencidos en una Lisboa extraviada, ensimismada en su abandono, en una especie de fado visual que da cuenta de la fragilidad y la tristeza que se cierne inevitablemente agotándolo todo, ese registro de la batalla solitaria.

Hay un duro reclamo social en su obra, un testimonio de la supervivencia, un desgarro por la búsqueda de una mañana más viva, aunque todo sea un gesto de luz inútil, pues nadie se reconoce a sí mismo entre las ruinas.

*Ruleta Rusa te sugiere escuchar la sonoridad melancólica de Madredeus y la poesía total de Fernando Pessoa.

Como si cada beso…

Como si cada beso
Fuera de despedida,
Cloé mía, besémonos, amando.
Tal vez ya nos toque
En el hombro la mano que llama
A la barca que no viene sino vacía;
Y que en el mismo haz
Ata lo que fuimos mutuamente
Y la ajena suma universal de la vida.

Fernando Pessoa