Ragnar Axelsson es un veterano de la fotografía documental en los países árticos donde la vida transcurre hasta -48 grados bajo cero, donde aún se conservan modos de vida milenarios, y donde paradójicamente ese mundo está por desaparecer por el cambio climático.

Axelsson (Islandia) nos descubre, como el viaje de Ulises antes de su regreso a Ítaca y Penélope, maravillas, peligros y simbologías sobre lugares donde la mayoría de los humanos no han estado, en una especie de Odisea ártica.

“He viajado por todo el mundo, pero el Ártico me llama una y otra vez. Y lo que es aún más importante, el Extremo Norte será el mayor problema ambiental en los próximos años, porque está cambiando muy rápido. Sé que hay quienes no creen en el cambio climático, pero es un hecho. Tenemos que poder responder a nuestros hijos cuando nos pregunten qué hicimos al respecto”, ha expuesto Axelsson.

Ruleta Rusa te sugiere escuchar, mientras observas las imágenes y lees, la sonoridad de la diva griega del rebétiko Sótiria Béllou y la poesía sátirica de Edgard Cardoza Bravo.

Una Odiseíta: Viaje a Cuetlaxcoapan

     Cuando emprendas tu viaje rumbo a Ítaca

   Constantino Cavafis

Salió de Ítaca con su itacate

Juan Carlos García (Dr. Bolavsky)

Cuando emprendas tu viaje a ‘Cuetlaxcoapan’

–donde la sierpe muta en ala de ángel–

ruega que haya suficientes autobuses

o en Irapuato no encuentres un fardero

que tenga propensión a tus maletas

o Salamanca no huela a fiero azufre

de magno y consistente huachicol

O simplemente /

en fin /

que si conduces tu auto chocolate

con placas ‘ucedé’

no te apañe un hambriento tamarindo

o te quedes varado en el camino

presa de un hipotético ladrón.

Cuida bien de no apearte en algún puesto

de cánida chuleta al barbikiú,

que tu vejiga sea propicia al típico aguantón.

Y si encuentras mujer en la tormenta

de posaderas y ubres rebosantes

procura que el pretexto esté a tu altura

para circunvalar tamaño riesgo.

Peligros indomables encontrarás

al cruzar los Apaseos.

Allí no hay lestrigones ni sirenas

que puedan tras un grito helar tu sangre,

pero están los de ‘el marro’

(esa especie de cíclopes de rancho),

ojetes desalmados

que pueden odisearte la intención.

Si logras trascender el ‘arco norte’

con la venia de todos tus ancestros

(unos mayas mayéuticos

con la mollera puesta en el desmayo

pero con pretensiones de quetzal)

y logres divisar una ‘Oriental’

con su pan y su olor a tacos árabes,

y su mole camote en la nogada

hablando ya del suelo angelical

de Puebla con su música de harmonio

que pulsa algún gratísimo demonio,

no te explicas como es que siendo tú

viajero inmóvil / Ulises región cuatro /

circense en tanto circo de ocasión /

pariente de un lejano minotauro,

tan sin isla que Ulises te rodeó,

hayas llegado a esa Ítaca soñada

–donde transmuta en ángel la serpiente–

aunque eres claramente ‘Juan sin tierra’

según el remo estúpido de Ortega

para lo xenofóbico del mundo:

y tengas que volver y no haya forma

de reandar el camino salvo en barco

y encuentres que no hay agua alrededor.

“Así sabrás qué significa Ítaca”

y que hay momentos

cuando lo aconsejable es no viajar.

Edgard Cardoza Bravo