A partir de la primera hora de este lunes 23 de marzo la terminal aérea de la capital colombiana ha cerrado sus operaciones durante los próximos 30 días.

En la última semana la cifra de casos positivos para Covid-19 en este país pasó de 57 a 235. Tres colombianos han muerto y tres pacientes han sido dados de alta informa el Ministerio de Salud. Ochenta por ciento de los casos importados ingresaron por el aeropuerto internacional El Dorado.

I

Domingo 22 de marzo. Bogotá, Colombia. Aeropuerto El Dorado. 9:30 a.m.

En el mostrador de una aerolínea mexicana, una cansada pasajera de origen japonés no mayor de 40 años lucha por conseguir un asiento en el vuelo apunto de cerrar hacia México, para conectar a Japón. Lleva dos pases de abordar más en itinerarios que ya han sido cancelados.

Desembolsa, en su tercer intento por salir de Colombia, en el que por fin lo logra, cerca de 800 dólares por el trayecto sencillo Bogotá-CDMX, al menos el doble del costo promedio por un pasaje redondo para esa ruta.

¡Tengo tres tickets!”, sonríe agotada “(pero) lo paga mi empresa”, dice en perfecto español y la empleada de la aerolínea pasa por la terminal una tarjeta black para hacer el cargo. Ella tiene esa posibilidad. Muchos, la mayoría, no.

Más de doscientas camas portátiles ha instalado la administración del aeropuerto internacional El Dorado para los cientos de extranjeros varados por las medidas fronterizas tomadas en Colombia ante la emergencia sanitaria, informa la agencia EFE.

Argentinos y chilenos han sido los mas afectados, pero hay gente de todo el mundo, principalmente de Europa, pasándola muy mal

En el mismo mostrador, pero en la ventanilla contigua, un italiano, exasperado, pide el reembolso de su vuelo a México que ya no podrá usar. O hacer un trato con la japonesa y que ambos paguen menos. O alguna solución que afecte a todos de la menor forma posible pero solo recibe de la empleada de la aerolínea la popular respuesta por estos días en los aeropuertos: “el sistema no nos lo permite”.

El hombre, de unos 55 años, con irónica serenidad refuta: “No puede ser que las máquinas, aún en esta emergencia nunca antes vista, ahora decidan por nosotros”, y junta las yemas de los dedos de su mano izquierda en ese gesto que une a todos los italianos del mundo.

II

El turismo le dejó de temer a Colombia. Ocho años a la alza en visitas de extranjeros lo confirman. Este año esperaban aumentar una vez más ese indicador. El Covid-19 sepulta el plan.

El Dorado, aeropuerto internacional de Bogotá, ha cerrado la llegada de vuelos internacionales durante un mes por orden presidencial

La terminal aérea se convirtió en un caos que el diario El País nombró “el aeropuerto del descontento en Colombia”. Y además, en un punto de alerta para la propagación del virus: “A través de El Dorado ha ingresado el 80 por ciento de los (entonces) 108 casos de coronavirus confirmados en Colombia”, informó el diario español.

Claudia López, alcaldesa de Bogotá, denunció la ineficiente reacción ante la contingencia de los administradores del aeropuerto capitalino. “¿Les vamos a ampliar la concesión cuando nos están demostrando que les queda grande administrar la actual?”, declaró la funcionaria.

III

Marica, parece pueblo”, expresa impactada una joven rola -gentilicio no oficial de los capitalinos-.

Un pueblo fantasma, responde de primera el interlocutor, y los dos ríen, y su carcajada es katana que rasga el abrumador silencio en el barrio de La Candelaria, sede de la fundación de la ciudad en 1538.

El diálogo ocurre al medio día de domingo entre la carrera segunda y la calle 10, recién remozada y convertida en peatonal, justo en el epicentro del turismo de la capital colombiana. Es el segundo día de lo que la alcaldía de Bogotá ha llamado Simulacro Vital de Cuarentena.

En un día común, por esa intersección repleta de antiquísimas edificaciones de tejas y adobe, un noruego preguntaría en inglés a un guía de turistas por el nombre del autor de los cuadros de personas obesas. Una española bebería té costoso en un nuevo local hipster, sin saberlo, a unas casas de donde vivió un virrey español tres siglos atrás. Dos alemanes, también sin sospecharlo siquiera, probarían la chicha por vez primera a la vuelta de la casa de Simón Vélez, uno de los arquitectos colombianos más reconocidos en el mundo. Mexicanos caminarían por ahí con cervezas nacionales en la mano hablando de cosas de México. Pero nada de eso ocurrió este domingo insólitamente callado y soleado. Y nadie sabe cuántos domingos más el silencio se dispersará por Bogotá.

Tal como en la bella metáfora de Vicente Leñero sobre la expansión de la mancha urbana de la Ciudad de México, el silencio, “como un reguero de tinta”, se ha vertido sobre Bogotá

IV

¿Y qué sigue para Colombia?

Un pronóstico con base en una “moderación simplificada de la realidad”, realizado por Diego Rosseli profesor en el departamento de epidemiología clínica y bioestadística de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, ofrece un panorama negativo pese a las medidas extremas.

El académico estima que en un mes, para el 20 de abril exactamente, habría 750 mil contagiados de no reducir el número actual de personas a las que un infectado le transmite la enfermedad (o ritmo reproductivo básico R0-, en epidemiología).

En Colombia una persona con el virus activo contagia a 2.6 personas más de acuerdo con la información difundida por Roselli a través de su canal de YouTube

Rosselli no es ningún improvisado, es posgraduado en neurología experimental en el Instituto de Psiquiatría de Londres y maestro en educación por la Universidad de Harvard.

“Ni siquiera nos imaginamos qué pasaría en este país si la epidemia sigue sin control”, lamentó el neurólogo egresado del Hospital Militar, quien además estima que el sistema de salud estaría colapsado en un mes aún reduciendo el R0 a 1.5 personas contagiadas por cada persona con diagnóstico positivo.

V

Por las mañanas irrumpe el silencio de La Candelaria uno de esos fenómenos de la naturaleza que brotaron ante la drástica disminución de decibeles humanos: es posible escuchar el canto de las aves del Cerro de Monserrate que casi siempre queda eclipsado desde muy temprano (porque en este lado del continente americano alguien, desde las 5:30 a.m, ya puede ir tarde y de prisa caminando a algún lugar. Afanado, dirían los colombianos.

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