Gabriel García Márquez llegó a los 34 años a México, en 1961, y poco después tuvo que buscar un empleo porque el plan inicial de vivir escribiendo guiones cinematográficos no resultó del todo. El Premio Nobel de Literatura tuvo que trabajar como ‘copywriter’ (escritor de textos publicitarios).
Gracias a su ingenio Gabo construyó grandes slogans que quedaron tatuados en la memoria colectiva de México y América Latina.
A cuatro años de su muerte, recordamos esta faceta del más grande escritor en lengua castellana, cuando tuvo que vender, con frases, pañuelos desechables o atún en lata.
I
El 2 de julio de 1961, justo el día en que Hemingway decidiera volarse la cabeza con un rifle de caza, García Márquez y su familia llegaban a México.
Gabo ya había publicado La Hojarasca’ y estaba muy próximo a salir El Coronel no tiene quién le escriba’ La fama y la fortuna, sin embargo, aún no llegaban y el maestro tuvo que alquilar su ingenio

Varios jóvenes que para ese entonces no figuraban en la escena intelectual del país, pero que después lo harían, también se ‘rentaron’ para trabajar en agencias publicitarias: Salvador Novo, Raúl Renán Fernando del Paso, Jomi García Ascot, Álvaro Mutis, entre muchos otros.
De esta forma Gabriel García Márquez comenzó a trabajar en la filial en México de la importante agencia de publicidad Walter Thompson a principios de los sesenta, entre 1963 y 1965.
II
En una columna publicada dos días después de la muerte de Gabo, Raúl Renán, poeta yucateco, compañero de trabajo en esta agencia de publicidad recuerda, aludiendo a la increíble imaginación de García Márquez:
“Desde el cuarto piso de un edificio en la calle Melchor Ocampo, en el número 135, en donde estaba la agencia, Gabriel García Márquez veía desde la ventana Roma. No existía el Circuito Interior entonces y se apreciaba la plaza bordeada por el Paseo de la Reforma con sus balaustradas en ambos márgenes y los árboles de la entrada del Bosque de Chapultepec, visión romana compuesta en la visión de Gabo”.
Fue en la agencia Walter Thompson en donde nació el primer slogan exitoso del escritor, grabado en la memoria colectiva de los mexicanos: Yo sin Kleenex, no puedo vivir

Eulalio Ferrer, empresario intelectual de la comunicación y publicista –además de mecenas del Museo Iconográfico del Quijote (MIQ) en Guanajuato-, recuerda en una columna para La Jornada que no todo lo que Gabo hizo en publicidad fue aceptado.
“No tuvo suerte con el anuncio que propuso a la empresa fotográfica más importante del mundo: ‘Esta puede ser la última Navidad de su vida. Perpetúe su imagen en la memoria de los suyos con la nueva Kodak Instamatic’ ”.
III
En Walter Thompson trabajaría solo unos meses para cambiarse a Stanton, otra prestigiosa agencia.
Sergio Vila-SanJuán, escritor y periodista español, recuerda en otra columna publicada por el diario español La Vanguardia, que en una comida, el propio García Márquez le confesó la autoría de otro célebre slogan de los 60: Para pan, para pan, pan Bimbo.

Frase que dio pie a un famoso jingle que todos los de mi generación tarareamos (para pan suavecito y fresco). Y así supimos ese día de una autoría que evidentemente no es la de sus grandes textos, pero que tiene también, y perdonen la obviedad, su miga.
Jorge Cardoze Gutiérrez, reconocido como el decano de la publicidad, recuerda en una entrevista para El Publicista que una de las mejores campañas que hizo tuvo un eslogan creado por Gabriel García Márquez
“Al cuestionarle cuál cree que haya sido la campaña más memorable que él haya hecho”, se lee en la entrevista, “Cardoze nos contesta de inmediato: ‘Fue para Calmex, sardinas y atún, y la hice ya en mi propia agencia. Su eslogan fue ‘Calmex, señora, Calmex…’ lo hizo Gabriel García Márquez, el mismo que después sería Premio Nobel”.
IV
Y luego, la publicidad se le rendiría a Gabito. Marcas de todo tipo usarían su imagen para vender más: bancos, aerolíneas, cigarros, marcas de café y hasta una empresa de distribución de energía eléctrica.
En una edición especial, conmemorativa del lanzamiento de sus memorias, la revista Cambio de Colombia incluyó anuncios de grandes marcas inspirados en la obra y en la personalidad de Gabriel García Márquez

En sus archivos personales que hoy pueden ser consultados en línea, albergados en el Harry Ransom Center de la Universidad de Austin, se preservan testigos de estas publicidades en las que Gabo es el ‘gancho’ central.
Para su biógrafo ‘tolerado’, Gerard Martin, trabajar en una agencia de publicidad “le ayudó a entender la fama, a pensar en la representación de uno mismo, a crear una imagen personal con sello propio y a saber gestionarla”.
Qué bueno para todos que Gabo confió en sus letras y dejó esos trabajos pese a las grandes dificultades económicas que Mercedes Barcha, su esposa, tuvo que sortear para que naciera la máxima novela en español: Cien años de soledad.
- Fotos: Especial/Harry Ramson Center
- Ilustración: Grupo Planeta México