La modelo leonesa de ‘Playboy’, de 23 años, brinda por los lectores de Ruleta Rusa con una cebadina. Su carrera es un Ferrari: de 0 a 100 en seis meses. 

Verónica pasó de una cuenta de Instagram con algunas imágenes tomadas por un fotógrafo local a aparecer en la mítica revista Playboy, la que fundó en 1953 Hugh Hefner, considerado uno de los precursores de la revolución sexual y parte trascendental de la historia pop. La revista que, dicen, influyó de manera importante en la integración racial en Estados Unidos.

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La revista Playboy le enseñó al mundo que el deseo no era motivo para ir al infierno o sentir vergüenza. Hoy suena sencillo, pero eran los cincuenta. Le explicó a las mujeres que lo erótico no era algo exclusivo de los hombres. Algunas (las feministas no) incluso aseguran que ayudó a empoderar  al sexo femenino. De hecho, en 1970, uno de cada cuatro suscriptores de Playboy era mujer.

“Está bien bonita la muchacha”, lanza el piropo una señora sentada en las jardineras próximas a la fuente. Llega a la sesión un fan de Verónica y se queda hasta el final. Sí, ahora tiene seguidores también en la vida real.

Verónica estudió diseño ambiental en La Salle y ejerció su carrera dos años. “Yo era toda una godínez, tenía un trabajo en oficina. Pero me tomaron unas fotos, las subí y fue un boom”

Lo que siguió fue un correo de las oficinas en la ciudad de México de la revista Playboy para que ella apareciera en su edición de octubre de 2016. La decisión de aceptar o no fue la parte más difícil. Lo hizo y ahora aparece en la portada de enero de 2017 en su segunda participación en la revista.

255835461_d49096b96e_zLos preceptos de Hefner aún no han ganado la batalla a la doble moral y su consejo no ha sido aún escuchado del todo: “Si estás preocupado por un impulso físico natural, algo tan básico en la naturaleza humana, como lo sexual, esa es una muy buena razón para cuestionar cosas de la vieja moral, creo que muchas de esas visiones morales hacen daño” (Entrevista con William F. Burckey J.R. / 1966).

“Fue un paso muy importante y difícil”, cuenta Verónica mientras camina por la calle Madero. “Mucha gente me quitó totalmente su apoyo y otros cuantos, muy pocos, permanecieron conmigo”. Su padre, dudoso al principio, le dio su apoyo. Y su pareja la respaldó. Si cabe un juicio innecesario, se siente que aprecia este gesto.

“Hubo gente que me dijo que no lo hiciera. Que estaba mal, que iba a ser la oveja negra de la familia. ¿Cómo vas a comercializar tu cuerpo? Eso no se hace. Pero para mí solo es un trabajo” 

La mujer como objeto y todo lo que conlleva. Pregunto sobre esto a Verónica y segura responde: “Mucha gente te ataca justo por eso. Pero yo creo que todos somos seres humanos que nacemos con una identidad que merece respeto. Definitivamente no creo que con esto ofenda. Por el contrario, me siento muy contenta, muy feliz con mi cuerpo y me siento una mujer completa, en todos los sentidos”.

Me parece un mensaje potente de libertad pero pienso en la gran disputa que existe por parte del feminismo y la ‘cosificación’ de las mujeres. En la pasada entrega de los Globos de Oro, un grupo de actrices encabezó la campaña #askhermore (pregúntale algo más) con la que pedían a los entrevistadores de la alfombra roja que cuestionaran a las actrices sobre otra cosa que no fuera el vestido que portaban o los accesorios.

Siempre ha sido difícil ser mujer. Y hoy más que nunca resulta complicado ser un hombre que no caiga en discursos que las vanalicen. Que las conviertan en objetos. “Hoy salir a la calle es un reto para las mujeres, independientemente si sales con jeans, o si sales encuerada, o con una falda, es un reto. Es triste y no solo a mi, sino a todas las mujeres les pasa”.

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Con el riesgo de hacer una analogía machista (lucho por romper mi propio estereotipo), si Verónica fuera un joven futbolista, su carrera sería como pasar de jugar los domingos en un equipo amateur a fichar por un gran club europeo. En uno muy importante. Pero como pasa en el deporte o en la vida, lo difícil es mantenerse.

“Las cosas no llegan gratis. Tal vez mi primera oportunidad se puso en el camino de una manera muy cómoda pero mantenerte es muy difícil, tienes que renovarte constantemente”

Justo ahí, frente al recato color rosa del Templo Expiatorio, tomamos las últimas fotos. Verónica es una profesional y hace que la sesión sea sencilla y rápida. Sus respuestas son articuladas. Claras. Y hace una metáfora  y una invitación al resto de las mujeres: “Somos un monolito cuando nacemos y debemos esculpirnos en todos los sentidos para llegar a ser la escultura que queremos. Nos debemos sentir orgullosas de lo que somos. En la versión en la que vengas, chaparrita, llenita, alta, como sea. Siento que está en nuestras manos”.

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Pienso en un texto de Hernán Casciari: “Existe demasiado feminismo en este mundo moderno pero pocas mujeres capaces de ser mejores que la media general del género humano”. Y pienso que Verónica, por sus respuestas y lo que ha logrado,  se está esforzando por ser mejor en lo que hace.

Nadie puede condenar a nadie por eso. Tampoco el feminismo.

  • Reportaje Gráfico: Carlos de las Piedras